LA HABANA, Cuba.- Este mes de septiembre fue noticia la salida de Cuba del periodista Abdiel Bermúdez, una de las voces más estridentes de la propaganda estatal. El reportero viajó a México con su esposa, también propagandista, quien cursará un posgrado; pero se fueron con su familia, detalle que para muchos constituye un claro indicio de que no piensan regresar a la Isla. Bermúdez es recordado por haber negado los arrestos de manifestantes durante y después de las protestas del 11 de julio de 2021 (11J), y por haber afirmado en un artículo que dicho estallido se produjo con el respaldo de Estados Unidos.
Antes que él, otros comunicadores oficialistas también hallaron nicho en universidades mexicanas, desde las cuales han defendido tenazmente el sistema político cubano, insistido en culpar a las sucesivas administraciones estadounidenses por la crisis que golpea a la mayor de las Antillas, y descalificar cualquier tentativa individual o colectiva que implique el desmantelamiento del orden instaurado por Fidel Castro en 1959.
La nación azteca parece ser el puerto seguro de la izquierda recalcitrante cubana, especialmente ahora que el barco se hunde. Los “fieles” se ponen a salvo como pueden, mediante un pasaporte español, matrimonios oportunos con ciudadanos de otros países o estudios de posgrado donde, paradójicamente, son admitidos maestrantes cuya trayectoria contradice los fundamentos mismos del plan académico. Tal ha sido el caso de Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa Con Filo, un espacio dedicado a exponer, desacreditar y calumniar a personas o grupos que se oponen al régimen cubano.
Gabriela acaba de matricular nada menos que la Maestría en Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, que se desarrollará entre 2026 y 2028. Resulta irónico que la conductora y productora de una emisión televisiva creada con el objetivo de desinformar al pueblo y linchar disidentes en el ámbito mediático, alcanzara un cupo dentro de un programa de estudios orientado a formar profesionales en la defensa y protección de las garantías civiles, algo que en Cuba no ocurre y Con Filo es una prueba contundente de ello.
Durante una gira propagandística por España en 2025, Gabriela negó públicamente que en la Isla existan presos políticos, una información falsa que se alinea con el discurso del gobierno de La Habana, a contrapelo de los testimonios de ciudadanos y familiares de cientos de manifestantes pacíficos que fueron detenidos y enjuiciados en procesos irregulares por haber participado en las protestas. También ha justificado la represión del Estado contra ciudadanos desarmados alegando que la Revolución tiene derecho a defenderse, pero perdiendo de vista convenientemente que ese pueblo que salió a las calles el 11 de julio de 2021 y no ha dejado de salir en los últimos tiempos para exigir derechos básicos, es el motivo fundamental por el cual se hizo la Revolución.
Con Filo fue parte de la respuesta mediática del régimen al creciente rechazo popular tras la ola represiva que sucedió al estallido. Desde la primera emisión, transmitida justo un mes después del 11J, no solo ha tergiversado cualquier iniciativa de la sociedad civil para intentar transformar la realidad del país o movilizar la conciencia de la gente, sino que ha asesinado la reputación de opositores, activistas, periodistas independientes o simples ciudadanos con criterio político, sin presentar una sola evidencia ni concederles derecho a réplica.
Por aberrante que pueda resultar la presencia de un personaje como Gabriela, que alienta y participa de estos métodos coercitivos, considerados ilegales en cualquier sistema democrático, en una Maestría en Derechos Humanos, más infame todavía es que la academia mexicana conozca perfectamente su historial y haya aceptado matricularla. Una cosa es que el gobierno de Claudia Sheinbaum sea incondicional en su apoyo a la dictadura cubana, pero otra muy distinta es que un programa universitario que se centra en un tema tan delicado tenga entre sus estudiantes a alguien que se ubica en las antípodas de los conocimientos que imparte y lo valores que promueve.
Gabriela Fernández se suma a otros casos similares, pero el suyo reviste mayor gravedad por el modo ostensible con que ha respaldado el hostigamiento y las sanciones contra quienes ejercen la libertad de expresión en Cuba. Su salida hacia México pudiera ser la recompensa del régimen por los servicios prestados, o un modo de escapar, influencias mediante, en un momento crítico para la dictadura y sus voceros, cuando el miedo cambia de bando y el pueblo comienza a tomar partido por los suyos. Los heraldos de la miseria socialista abandonan el barco, disfrazando su huida de superación profesional, poniendo la proa, invariablemente, hacia las sociedades de consumo que tanto critican, lejos del desastre que ayudaron a prolongar.








