Vivir en el ‘Hotel California’

Vivir en el ‘Hotel California’

Una canción fascinante en el preludio de nuestra larga caída

The Eagles (Billboard)

LA HABANA.- “But you can never leave!”, terminaba de cantar Don Henley y comenzaba entonces un solo de guitarra eléctrica de dos minutos, uno de los más largos y célebres del rock, que algunos podían repetir vocalmente nota tras nota hasta su clímax. Y es que Hotel California tenía algo de trance religioso.

Welcome to the Hotel California, such a lovely place”, cantábamos, y las imágenes invadían la mente: “sweet summer sweat,/some dance to remember, some dance to forget”, “mirrors on the ceiling, the pink champagne on ice”. Era una canción que nos hablaba de otro planeta.

Apareció desde la nada en diciembre de 1976 y en pocos días se hizo famosa. Durante todo el año siguiente sonó en las emisoras norteamericanas —que a escondidas sintonizaban los jóvenes en Cuba— y cogió el lugar 19 en el Hit Parade anual. Por ello, en 2017, The Eagles decidió sacar una edición de lujo conmemorando los 40 años del disco.

Pero mucha gente aquí recuerda 1978 como el año de Hotel California. Empezaban entonces a aparecer las grabadoras de casetes y aquella canción de ritmo seductor se escuchaba lo mismo en casa de un amigo que en una fiesta, porque ya no estaba tan perseguida la música en inglés como unos años atrás.

El rock —y no solo ese género— se difundía muy limitadamente en la radio y nada en la televisión. Pero, aparte de las fiestas particulares, en las noches recreativas de la beca se oía y se bailaba mucha música anglo, pues siempre alguien conseguía grabaciones de temas y grupos del momento.

Y la banda The Eagles se hizo en extremo popular con solo dos números, Hotel California y New kid in town, cada una con un estilo diferente. Aunque había quien prefería la segunda canción —puesto 59 del año—, la primera se convirtió en “himno nacional”, como llamaban a los hits que se repetían por doquier.

Aquel ritmo medio reggae cubierto por una brillante armonía creaba buena atmósfera en todo tipo de fiesta, lo mismo bailándola que escuchándola, y gustaba incluso a los que no eran adictos al rock. No era extraño que alguien comentara su letra aunque en general solo se especulaba sobre el significado.

Y téngase en cuenta que Hotel California tuvo que competir con grupos tan populares como Foreigner, Abba, Supertramp, Boney M o Bee Gees —por mencionar algunos—, que publicaban un éxito tras otro, y con hits como aquel The Year of the Cat de Al Stewart.

El disco Hotel California cambiaría la estética de The Eagles como grupo y heriría de muerte el pop de los setenta, convirtiéndose en uno de los álbumes más vendidos y admirados de la historia de la música popular, pero la canción del mismo nombre ganaría tanta fama que acabaría destrozando la unidad de la banda.

A Don Felder, guitarrista líder del grupo, se le ocurrió cierta música rara cuando tocaba un día su instrumento de 12 cuerdas y se la llevó a Glenn Frey y a Henley, quien puso letra a una melodía que ellos llamaron “reggae mexicano”. La versión final, contra toda norma de la industria musical, duraría seis minutos y medio.

Nacido el mito, todos querían saber qué significaba. Henley dijo que trataba “el lado oscuro del sueño americano”. Algunos lo vieron como una “visión agridulce” de esa sociedad. Otros le supusieron un mensaje satánico. Y el hotel metaforizaba el mundo de las drogas, el lado oscuro de la fama.

Glenn Frey, fundador de The Eagles, considera que ese brutal éxito destruyó al grupo. Los marcó tanto que dejaron de disfrutar el trabajo conjunto: “Ya no confiábamos en el instinto de los otros y hubo notables desacuerdos”. ¿Y de qué escribir ahora y cómo mantener la altura?

La banda se separó en 1980 y Henley siempre respondía “when hell freezes over” (Cuando el infierno se congele), si alguien le preguntaba sobre la reunificación. Cuando eso ocurrió, en 1994, para un concierto acústico, el disco resultante se llamó naturalmente Hell Freezes Over.

Desde entonces, la banda ha realizado muchas giras y la versión unplugged del tema estelar ha sido un gran suceso. Cuando en 1998 fueron incluidos en el Salón de la Fama del Rock and Roll, The Eagles interpretaron Hotel California. Luego se mantuvieron unidos hasta la muerte de Frey, hace dos años.

Para bien y para mal, esa fue la cima artística, asegura Felder en sus memorias. Incontables músicos se reconocen inspirados de algún modo por Hotel California y numerosas son las versiones de artistas tan distintos como Marc Anthony, Bob Marley, Nancy Sinatra, Gipsy Kings o Marilyn Manson. Hoy, el tema suena hasta 200 veces al mes en la radio británica.

Ian Anderson, alma de Jethro Tull, se ha referido a la semejanza con los acordes de su tema We use to know de 1969, recordando que The Eagles fue telonero de su grupo en 1970, pero el experto músico seguramente considera exagerado hablar más de plagio que de inspiración y el asunto ha quedado como curiosidad.

El año de Hotel California en Cuba pertenecía a la época en que sobrevivía la fascinación fidelista, la prostitución no era cotidiana, pocos habían visto un dólar y muchos creían vivir en la abundancia, pero también era una de las etapas más oscuras de la revolución; preludio del horror del Mariel y principio de esta larga e interminable caída.

Mirando hacia atrás, Hotel California resulta más que un reggae psicodélico y una gran canción: es un lugar al que se puede volver siempre buscando el éxtasis de la música. O la quimera.

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