Torturas y vejaciones: testimonios desde una prisión cubana

Torturas y vejaciones: testimonios desde una prisión cubana

‘El mundo tiene que saber la realidad que se vive’

BAYAMO, Cuba.- Primero seis, luego dos, y otras tres cartas más engrosan el mazo epistolar, remitido desde Las Mangas, (prisiones municipal y provincial de Granma), conocidas respectivamente como la vieja y la nueva, e informan sobre abusos cometidos por las autoridades en ambas instituciones carcelarias. Algunas citan incluso nombres y cargos de sus protagonistas.

Los remitentes serán protegidos con el anonimato. Arriesgarse a descorrer el grueso velo de corrupción que impera en prisión les puede acarrear severas consecuencias. Las críticas condiciones en que se desenvuelven, los hacen vulnerables a la violencia.

Más allá de la mala calidad de los alimentos que reciben, requisas constantes, deficiente entrega de aseo y vestimenta, el hacinamiento y las pésimas condiciones de vida, declaraciones espeluznantes refieren sobre habituales castigos, golpizas y torturas para los “desobedientes”. “Casi siempre hay alguien en las celdas de castigo y algunos encadenados a las rejas”, refiere una misiva.

También relatan sobre la reclusión junto a personas con enfermedades contagiosas, vendas para fomento en los mismos jarros donde reciben alimentos, falta de higiene en general, ácaros y chinches, comidas en mal estado, brotes diarreicos desatendidos, negación de medicamentos y requisa de los propios.

Los reclusos viven a diario un clima de presiones y agresiones. Amenazas y manipulación de procesos penales y cambios de medida, negación de “pabellón” y visitas, justificadas por cambio de celdas o ausencia en listado, son medios utilizados diariamente por las autoridades penales, buscando colaboración, sumisión o “favores”. Los discordantes son chantajeados, castigados por negarse, o victimas de otro “favor”.

Los “favores” solicitados, pueden variar: desde espiar a otro recluso, hasta propinarle una golpiza de escarmiento, incluyendo robo de pertenencias, plantarles evidencia incriminatoria o armas blancas, difamación, falso testimonio, o cualquier otro tipo de intimidación, abuso o daño personal.

La negación de asistencia médica a reclusos es práctica extendida. Las solicitudes son atendidas de mala gana o negadas por completo. Las dietas médicas también son dadas o negadas a conveniencia.

Relata una carta que un recluso, llamad Miguel Ponce Guerra, requiere una dieta especializada por síndrome de mala absorción intestinal. Pero esta le fue suspendida por un oficial, como castigo a su negativa a golpear a un recluso.

Una entrevista posterior a Niurquis Aleaga Velásquez, esposa de Miguel, aclara la inutilidad de sus reclamaciones. “A él no le han repuesto la dieta, y a mí ni en Atención a Ciudadanía me han hecho caso”, dice, mientras narra su historial reclamatorio ante varias instancias.

“Dondequiera que he reclamado me atiende algún militar, dice que van a solucionarlo, pero nada…, acusar un militar es por gusto. Ellos se tapan sus errores unos a otros”, sentencia Niurquis.

Otra carta narra la desesperada solución de Eddy Llorente Téllez, quien el pasado 9 de octubre fue informado por familiares que su padre se encontraba ingresado en estado crítico, por cáncer terminal. Al serle negado un conduce solicitado para visitarle en el hospital, Eddy se tragó una aguja de coser.

Camión utilizado para trasladar reclusos (Foto: Roberto Rodríguez)

Las autoagresiones son habituales en prisión y ocasionalmente causan víctimas fatales.

Varios escritos refieren las extrañas circunstancias que rodean la muerte del recluso santiaguero Ibrahim Doromán Planas el pasado 28 de septiembre en la prisión provincial. Según las fuentes, Ibrahim presentaba problemas de salud y el día anterior había solicitado ir al puesto médico de la prisión. Horas después le regresaron a la celda, magullado y sangrante.

A la mañana siguiente Ibrahim amaneció muerto. Inmediatamente les fue suspendido el uso del teléfono al resto del destacamento. Días después, comenzó a fluir la información.

Un recluso cercano al fallecido alega en su carta que Doromán le refirió haber sido salvajemente golpeado y pateado por varios guardias que cuestionaron la veracidad de su dolencia. La magnitud de los golpes le hizo defecarse y orinarse en la vestimenta.

La causa de la muerte quedó en la especulación.

Las autoridades penitenciarias ejercen un enorme control de la información interna del penal y ofrecen información a cuentagotas para la imagen pública e investigaciones informales, mucho más cuando la autoridad puede estar vinculada a posibles hechos de corrupción y violaciones.

Quienes no aceptan la versión oficial de los hechos, y cuestionan o reclaman por ser conocedores de otras acciones o hechos violatorios que esas versiones enmascaran, han sido acusados por atreverse a contradecir datos oficiales y difamar sobre la implicación directa de algunas autoridades.

Al ambiente de inseguridad e incertidumbre se suma el control totalitario impuesto por las autoridades, que reprimen y censuran selectivamente, en medio de la más completa impunidad, intentando silenciar a quienes están tocando fibras sensibles; y de paso amedrentar al resto, obligándoles a vestir la camisa de fuerza del silencio y la autocensura.

A opinión de los remitentes, el mundo tiene que saber la realidad que se vive en las prisiones cubanas y el Gobierno debe emprender alguna acción verdaderamente enérgica para ponerle fin a las tantas violaciones de derechos y abuso de poder que les caracterizan.

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