“No me gusta ni un tantico así”

A Kiki, oficial retirado, le duele que “nos estemos quedando sin enemigos”

Un manifestante con banderas de EE.UU. y Cuba durante la inauguración de la embajada de esta última en Washington (Getty Images)
Un manifestante con banderas de EE.UU. y Cuba durante la inauguración de la embajada de esta última en Washington (Getty Images)

LA HABANA, Cuba.- Un retirado de las fuerzas especiales del Ministerio del Interior, a quien llamaremos Kiki, reflexiona sobre lo que ha sido su vida y en lo que ha desembocado, a las puertas de la visita de Barack Obama a Cuba, primer presidente estadounidense que visita la mayor de las Antillas después que en 1959 Fidel Castro tomara el poder por las armas.

Aunque a veces se manifiesta en contra del gobierno por la ineficiencia del sistema productivo y lo caduco del socialismo heredado de la extinta Unión Soviética, Kiki sigue fiel a la causa, por convicción o por miedo. Su temor no lo disimula al hablar de política, mira hacia arriba y señala con el dedo el tendido eléctrico o cualquier acceso tecnológico. Tantos años como oficial de Radiofonía le sugieren que no se puede hablar allí.

Cumplió varias misiones internacionalistas en África y una vez se comió un mono, junto a otros tres soldados que quedaron varados en la selva cuando su escuadra fue diezmada en los alrededores de Matala. Kiki ha arriesgado la vida muchas veces en nombre de la causa revolucionaria, y lo haría otra vez sin pensarlo, si se lo pidieran.

Es un ferviente lector de los libros prohibidos. Una vez nuestra amistad casi se rompe, cuando le presté un volumen de “Dulces guerreros cubanos”, del escritor cubano Norberto Fuentes, y pasé mucho trabajo para recuperarlo. Kiki se lo había prestado a otros oficiales retirados residentes en Jaimanitas, que aparecían en la historia que contaba el autor.

No escarmenté y volví a prestarle otro libro: “Historia de un soldado revolucionario”, escrito por el guerrillero Benigno, que menciona a Kiki una vez, cuando Benigno fungía como Jefe del Batallón de Seguridad Personal del Comandante en Jefe. Ese libro sí lo perdí. Kiki se disculpó con un cuento de haberlo extraviado al enviar la agencia de viajes su equipaje equivocado en otro ómnibus a otra provincia.

Mi amigo escucha todos los días Radio Martí y está al tanto de las noticias. Cuando le digo, para cuquearlo, que “el mal momento ya pasó”, me contesta como un rayo sobre el gobierno: “Aquí no serán buenos para producir malanga y plátanos, pero para la inteligencia sí que están engrasados y al cien”.

Le pregunto sobre el próximo viaje de Barack Obama a la Isla y sonríe. “Ya nos dieron la banderita americana. Estaremos en el primer bloque, así que lo veré de cerca. Es un buen tipo. Nos han instruido que nada de ‘Cuba sí, yanqui no’, ni ‘abajo el imperialismo’. Ahora la consiga es ‘unidad’”.

El oficial retirado es un consumidor de cada película o serial que salga en el paquete semanal sobre acciones de comando o inteligencia. Tantos años en unidades de operaciones le marcaron el carácter. Tras estudiar las nueve temporadas de la serie “24 horas”, a la que le rinde culto, confiesa que Sutherland es una especie de oráculo de la estrategia eleccionaria norteamericana: “Primero fue un presidente negro, Palmer; luego una mujer presidente, Alison”.

Kiki dice que “con Hillary Clinton continuaría la política de unidad, que es nuestra nueva táctica, porque se nos cayó Venezuela y queda poca gente en el mundo dispuesta a subvencionar una revolución que es historia. Lo que más me duele de todo esto es que nos estemos quedando sin enemigos. Es un extraño vacío que siento. Muchos de mis compañeros retirados piensan como yo, nos vemos relegados en el primer bloque con las banderitas americanas que debemos ondear y no gritarle insultos. Es muy grande el cambio y si lo hacemos es por pura disciplina, pero no nos gusta ni un tantico así”.

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