Los padres cubanos “entregan sus derechos y los de sus hijos”

Los padres cubanos “entregan sus derechos y los de sus hijos”

Conversamos con Dora Leonor Mesa, activista por los derechos de niños y adolescentes

Dora Leonor Mesa Crespo (Foto: María Matienzo)

LA HABANA.- La semana pasada ocurrió el 167 período de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y los activistas invitados de la sociedad civil independiente cubana no pudieron asistir. Sin embargo, la relatoría sobre la situación de los niños, las niñas y los adolescentes cubanos “se realizó de forma privada”, según se pronunció en un comunicado la CIDH, a causa de la violación a los derechos de libre circulación y de libertad de expresión de que han sido objeto estos activistas.

Dora Leonor Mesa Crespo, de la Asociación Cubana para Derecho Educación Infantil, ha compartido vía telefónica con CubaNet de qué trató su relatoría con la CIDH. Habla además de los casos que han llegado a la organización y de cómo se vulneran los derechos de la infancia sin que el resto de los ciudadanos nos demos por enterado o, inclusive, nos convirtamos en cómplices.

“Uno de esos derechos es la libertad de expresión y la libertad a la libre asociación”, comienza Dora. “¿Por qué no hay en Cuba una organización creada por niños sin vínculo ninguno con adultos? Porque los pioneros son una organización creada por el Gobierno… ¿Con qué derecho no se pueden inscribir, por ejemplo, las redes que muchas veces las crean niños de 16 o 17 años?”.

De ahí salta para otro derecho vulnerado, el de “la propiedad que supuestamente tienen los niños cubanos”, que “permite que sean dueños de una casa si la heredan, pero no de una empresa si la crean” porque, según su propia apreciación, “ningún derecho es independiente al otro”.

En esta situación, la primera responsabilidad la tiene el Gobierno que “no ve al niño como un sujeto de derechos”. La segunda la tienen los padres, que se dan cuenta de que sus hijos no siempre deben seguir los intereses de sus mayores ni sufrir “una vida acuciada por qué comemos o qué vestimos”.

“En un país con la población envejecida, el niño sufre más”, a lo que agrega que “aquí existe lo que llaman ‘adultocentrismo’, lo que significa que los adultos le imponen cosas al niño por sus intereses”.

Por ese prisma pasan las frustraciones del adulto, pero también los miedos y la desidia.

“Los padres no se dan cuenta pero están continuamente amedrentando a sus propios hijos”, y lo dice por las frases ya corrientes en la cotidianeidad cubana como “ten cuidado con lo que dices”, “vamos a tener problemas”; o en el ámbito económico cuando les dicen: “No lo rompas que me salió caro” o “tú no cuidas nada”.

“Esa es su forma de proteger a que no sea atacado. El precio de los padres defiendan a sus hijos es la estigmatización”. Dora lo dice basada en la experiencia personal también, mientras asegura que “tanto el padre y como la madre, en función de su propio miedo, entregan sus derechos y los de sus hijos desde que nacen”.

“El Gobierno cubano ha sido muy hábil en mostrar los derechos económicos y los derechos sociales”, como parte de los grandes mitos de la revolución cubana, “¿Cuáles son? Que el niño tiene una escuela, que tiene una comida diaria y la gente ha creído que eso es suficiente, pero la clave está en la Constitución de la República”.

Mientras la Convención de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia dice “que toda legislación que se dicte en el país tiene que hacerse en beneficio del niño, en Cuba la Constitución, en su artículo 62, afirma que ningún derecho puede estar por encima del carácter socialista”.

“Es decir, que incluso la ‘particular protección’ que supuestamente gozan la juventud y la niñez en Cuba están supeditados a los derechos del estado socialista”. Esto contradice, según Crespo, la firma y ratificación de la Convención por Cuba. “La carta magna es un paradigma de nuestra limitación de derechos, y es imposible formar buenos ciudadanos si no tienen garantizados sus derechos”.

Otro derecho vulnerado de los niños, niñas y adolescentes cubanos en el derecho a la ciudadanía, que es otro artículo de la Convención.

“Los hijos de las personas que migran tienen que pedir el derecho a ser ciudadano”, lo que se concatena con el derecho a la no discriminación. “Si me dices que el niño nacido en, del padre tal, no puede ser cubano, lo estás discriminado. El niño tiene el derecho de decir ‘yo quiero ser cubano’. Lo mismo sucede con los niños apátridas”, refiriéndose a los que no tienen ciudadanía y viven dentro de la isla.

“En la relatoría no nos centramos tanto en este tema”, cuenta la creadora de la organización, “pero sí en los niños en situación de vulnerabilidad, en los padres opositores y están siendo amenazados con quitarles la custodia de sus hijos cuando es Cuba solo un tribunal tiene esa potestad y es casi imposible por la responsabilidad que conlleva”, como es el caso de la opositora Yamilka Abascal en Pinar del Río.

“También hablamos de los niños sin amparo filial y los niños infractores de la ley”, recuerda Crespo. “Los mismos diputados en el 2014 dijeron en la Asamblea Nacional que esos niños vivían en un entorno carente de protección, que no tenían dinero para sus gastos, que la alimentación no era buena, que el claustro de profesores era muy inestable. Y de eso no se supo nada más”.

Cuenta también de un artículo publicado en el periódico Granma, que daba datos muy generales. “Y el problema es, ¿qué se ha hecho después? Estamos en la obligación de saber cuántos niños hay en Cuba sin amparo filial, cuántos centros hay y dónde están; porque el ciudadano, según dice la UNICEF, tiene responsabilidades porque los niños son de todos, no solamente del Estado. Tanto es así que un ciudadano cualquiera puede y debe denunciar cualquier abuso contra un menor de edad”.

Sin embargo, en estos casos la posición de la fiscalía suele ser “un poco ambivalente porque se preocupa más en saber quién tú eres que el abuso sobre el niño. Es que el Estado cubano quiere que intervengamos a su conveniencia”.

Otro grupo vulnerable y completamente invisible en las estadísticas oficiales son los niños, las niñas y los adolescentes víctimas de abuso sexual, prostituidos, o incluso los que han tenido problemas por pertenecer a la comunidad LGTBI.

“Tenemos niños que han sido expulsados de sus hogares por problemas de género, los propios padres cuando notan que sus hijos no son tan masculinos o tan femeninas como ellos quisieran, en el mejor de los casos los llevan al psiquiatra”, y habla de ejemplos específicos aunque, por supuesto, sin revelar identidad alguna.

Por último, en la audiencia también tocó la ausencia de una legislación que ampare a los niños contra las desapariciones forzosas y contra la apropiación de niños, uno de los delitos más frecuentes durante las dictaduras latinoamericanas del siglo pasado.

Y afirma con respecto a la prohibición de salida del país que pesa sobre ella y otros activistas que intentaron ir a la sesión de la CIDH: “Nosotros estamos definitivamente en el grupo de los ‘contrarrevolucionarios’, porque somos protectores de los niños y no socialistas, ni católicos, ni protestantes, ni comunistas. No hacemos nada ilegal y el Gobierno lo sabe”.

Por su parte, Cuba ha firmado y ratificado la Convención tres veces: “La Convención de Derechos del niño, el Protocolo opcional contra conflictos armados y lo niños, y el protocolo contra los niños en la pornografía, venta de niños, trasplante de órganos” y con estos argumentos sella cualquier polémica sobre el tema y su derecho a defender la causa que crea necesaria como ciudadana.

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