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Viernes, 23 de febrero 2018

Llover sobre sequía

Como otros años, la prensa oficialista no hace más que cacarear sobre la intensa sequía que azota al país

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Se habla de evitar las fugas de agua, pero los artículos de plomería están muy caros (foto de la autora)

Se habla de evitar las fugas de agua, pero los artículos de plomería están muy caros (foto de la autora)

LA HABANA, Cuba – Como otros años, la prensa oficialista no hace más que cacarear sobre la intensa sequía que azota al país. Inés María Chapman Waught, miembro del Comité Central del Partido y presidenta del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) calificó de “difícil” y “complicada” la situación que confronta el país a causa de la sequía.

La presidenta del INRH señaló como territorios más afectados a Granma, Ciego de Ávila, Sancti Spíritus, La Habana y Pinar del Río. Como en otros años, repitió la misma seguidilla: “Hay que distribuir mejor el agua”, “rehabilitar las redes hidráulicas”, “suprimir los salideros de instituciones y viviendas” así como “promover una cultura del ahorro”. (Periódico Granma, 6 de agosto de 2015)

Cuando en el año 2011 la grave situación del abasto de agua en La Habana –catalogada por las autoridades como la más crítica del último medio siglo– afectó a 1 085 000 personas, el ingeniero Jorge Calaf, vice delegado provincial de Desarrollo e Inversiones del INRH, anunció un programa de inversiones con un presupuesto millonario para mejorar el suministro en la capital.

Afirmaba el funcionario (Granma, 12 de abril de 2011) que el programa incluía 14 obras, además priorizaba la rehabilitación de la infraestructura hidráulica, así como la construcción de conductoras para llevar las reservas de agua hacia los lugares más críticos y crear condiciones para enfrentar los períodos de sequía.

Después de leer las declaraciones de la presidenta del INRH, donde señala a La Habana dentro de las provincias afectadas, cabe preguntarse adónde fueron a parar los millones destinados para aquella inversión. Es inconcebible escuchar la pasmosa tranquilidad con que estos dirigentes hablan de eliminar los salideros en el sector residencial. Pero no buscan soluciones a sus causas fundamentales, entre ellas la escasez, la mala calidad y los altos precios de los herrajes sanitarios, que obligan a muchas familias a escoger entre tratar de eliminar los salideros o comer.

Si bien es cierto que el Ministerio del Comercio Interior (MINCIN) rebajó los precios a varios artículos de plomería, estos aún no están a la altura del bolsillo. Además, en la propaganda se reconoce que no ha mejorado su calidad, y aún es casi imposible encontrarlos en los Mercados Artesanales Industriales (MAI) o en las tiendas de materiales de construcción.

Sin embargo, los cuentapropistas tienen casi todos estos artículos, aunque no contemplan las nuevas rebajas ni poseen mejor calidad. Por otra parte, los plomeros recomiendan comprarlos en divisas, aunque reconocen que la diferencia de calidad es poca. Por eso son pocas las casas que no tienen roturas en las redes hidráulicas, como también pocos quienes optan por no arreglarlas porque a la larga los gastos demuestran ser inútiles.

Así opina María, una vecina que hace poco se decidió a eliminar un viejo salidero que ya pasaba de goteo. Refiere que le compró la llave a un cuentapropista. Le costó 190 pesos –alrededor de ocho dólares–; tan cara que no dudó de su calidad. Pero a los pocos días de instalada, la mariposa, que era de calamina, se partió. Una semana después tuvo que llamar al plomero para cambiar la zapatilla. Y antes de un mes, la llave se fue de rosca y ya no cerró más.

El oficialismo soslaya reiteradamente el problema de los salideros que sí afectan de lleno la calidad del servicio. En barrios como Lawton basta con asomarse a la acera para saber si es “día de agua” –como se les llama a las tres o cuatro horas de cada 48 que dura el suministro–, pues en cada calle aparecen ríos acusadores que lo demuestran.

Como parte del proceso de implementación de los “Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución” referentes al sector, se creó un “Programa de Política Nacional de Agua” (sic), pues el panorama de los recursos hidrológicos en el país es desolador. Las obsoletas redes están destruidas, además de contaminadas con las aguas negras por la destrucción también del alcantarillado.

Y lo peor, que para llevar a cabo un programa de rehabilitación son necesarias grandes inversiones, y en ese sentido el gobierno cubano tiene dudosa capacidad, y ninguna intención.

Acerca del Autor

Gladys Linares
Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.

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