La primera mujer desnuda del cine cubano

La primera mujer desnuda del cine cubano

A Yolanda Farr parece inquietarle que la recuerden sólo desnuda. Y tiene razón, porque antes y después de su actuación en Memorias del Subdesarrollo, desplegó una exitosa carrera como actriz de teatro y vedette en La Habana y Madrid

Yolanda-Farr683 LA HABANA, Cuba -A Yolanda Mariño Pfarr, o Yolanda Farr para la historia, parece inquietarle que la recuerden sólo como la primera mujer desnuda del cine cubano. Y tiene razón, porque antes y después de su actuación en la película Memorias del Subdesarrollo, desplegó una sustancial carrera como actriz de teatro, televisión, cine y espectáculos de cabaret. Sin embargo, no deben ser pocas las grandes actrices que le envidian el privilegio de haber sido la escogida por nuestro más famoso director en tiempos de búsquedas y aciertos para el cine de la Isla.

Si hoy los cubanos no le hacemos la debida justicia, teniendo presente su participación en aquel suceso histórico, no es porque a ella, o a quien la dirigió, le faltasen talento y profesionalidad para merecerlo, sino por obra y gracia de la censura.

Sobre este y otros pormenores relacionados con su quehacer artístico, Yolanda Farr tuvo a bien dispensarnos algunas respuestas para los lectores de Cubanet:

¿Podría hablarnos sobre las circunstancias que la condujeron a convertirse en la primera mujer desnuda del cine cubano?

Tres-Sombreros-321, con Jordi Soler
En la comedia Tres Sombreros con Jordi Soler

A finales del 66, Tomás Gutiérrez Alea (Titón) me propuso hacer su próxima película, basada en una novela de Edmundo Desnoes. El argumento era interesante y mi papel, sin ser protagónico, era importante y apetecible ya que personificaba algo que desde hacía algún tiempo me rondaba por la cabeza: abandonar Cuba y enfrentarme a los problemas que eso conllevaba. Tenía tres largas y dramáticas escenas que me hicieron sudar sangre durante el rodaje. Titón sabía bien lo que quería y me indicó que ignorara el dialogo escrito para crear una situación más real y humana. Aquellas improvisaciones de horas y horas fueron un masoquista placer y el resultado, que tan solo pude ver en la moviola, resultó tan bueno que el equipo y el mismo director irrumpieron en aplausos. Al acabar la que supuestamente iba a ser mi última sesión en la película, Gutiérrez Alea me dijo que quería tener una conversación conmigo a solas. Partimos juntos del set y nos dirigimos a la cafetería del Hotel Capri, en cuyo cabaret, dentro de pocas horas, yo tendría que sumarme al reparto de “Los tiempos de papá y mamá”, aquel fantástico show que llevaba más de un año en cartel. Y esta fue su proposición. Se le había ocurrido integrar en la película el primer desnudo del cine cubano. Por supuesto sería algo plástico y breve. Quería que atravesase el cuarto de baño desnuda y de espaldas y entrara en la ducha para terminar el plano con mi silueta tras la cortina. De momento no supe qué decir. A pesar de ser desde hace años “una cabaretera”, el desnudo integral era algo que me avergonzaba muchísimo. Pero si alguien tenía la labia suficiente para convencer a una jovencita entusiasta del cine, era aquel hombre serio y profesional cuya labor yo admiraba. Y la prueba de su poder es mi fugaz pero absurdo desnudo, una de las pocas constancias que quedan de mi trabajo en la película. Lo doloroso es que, de un dramático e importante trabajo en Memorias, a consecuencia de los cortes que sufrió mi papel, tan solo se recuerde ese efímero e intrascendente momento.

La censura se cebó con su actuación en la película Memorias del Subdesarrollo. Casi todas las escenas en que participaba fueron eliminadas. ¿Sería por mojigatería, prejuicios machistas o alguna otra razón adicional?

Hasta el día de hoy ese hecho sigue siendo una incógnita para mí. Se baraja la posibilidad de que, al abandonar yo el país tras el rodaje, Titón se viera presionado por el ICAIC para borrar en todo lo posible mi participación en la película. También es de considerar la opción de que, en último minuto, el director decidiera centrar toda la atención en los personajes que permanecían en Cuba, difuminando al máximo el de aquella torturada mujer que abandonaba el país. Pero todo esto son meras suposiciones. Por supuesto no creo que la mojigatería o el machismo tuvieran algo que ver en las amputaciones que sufrió mi papel.

¿Recuerda con particular nostalgia alguna de aquellas escenas que nunca vimos en la película? ¿Sabe si se conservan copias de tales escenas?

La escena de mi pelea con Sergio Corrieri, que en la actualidad consiste en primeros planos del actor con mi voz en off, era larga y potente y me valió, al finalizar su filmación, el aplauso de Titón y de todo el equipo técnico. Un emocionante momento. No puedo estar segura pero lo lógico es que en las entrañas del ICAIC se conserven esos cortes.

Yolanda Farr con la reina Sofia, a su lado Pepe Sanz y Carlos Urrutia, El Negro Buby

Tengo entendido que usted es nieta de quien fuera el propietario del Teatro Shanghai, muy famoso, por sus espectáculos nudistas, en La Habana de los años 50. ¿Habrá influido eso en su disposición para hacer el primer desnudo del cine cubano? ¿Cómo asumía su familia la ocupación del abuelo en aquella época de prejuicios? ¿Le ocasionó a usted dificultades familiares o sociales su desnudo?

Efectivamente, el segundo marido de mi abuela alemana, Orozco, fue propietario del Shanghai. Al ser yo una niña por aquellos tiempos no puedo decir que tuviese constancia de ninguna reacción familiar. De cualquier modo hay que tener en cuenta que Cuba fue siempre cuna y abrigo de librepensadores.

 Casi inmediatamente después de su desnudo en Memorias…, usted se marchó de Cuba, ¿por qué? ¿Ha regresado de visita? ¿Mantiene vínculos con el mundo artístico de la Isla?

Siendo yo española, aunque criada en Cuba, solicité permiso para salir y recoger un premio que mi primera película, Desarraigo, de Fausto Canel, había ganado en el festival de San Sebastián. El ICAIC me denegó el permiso. A causa de la indignación que esa incomprensible decisión me causó, decidí abandonar la que yo consideraré siempre mi patria de adopción y reiniciar mi carrera en mi patria de nacimiento. Tan solo conservo contacto con amigos muy queridos a los cuales una vez, a finales de los 80, volví a ver durante un viaje a la isla. El único y tremendamente conmovedor.

¿Continuó su carrera cinematográfica en el exterior? ¿Hizo otros desnudos? ¿Gravita aún en su experiencia emocional aquella actuación en Memorias…?

Yolanda-Farr680
Una mujer aun bellísima

Por fortuna, mi carrera en España ha sido fructífera, especialmente en el campo del teatro. También en cine, televisión y musicales he tenido abundante trabajo. En cuanto al desnudo, he de decirle que, cuando el guión lo ha exigido y el tema ha sido tratado con respeto, no he tenido reparos al respecto. Confieso que nunca es agradable permanecer desnuda ante un equipo de filmación, pero esas escenas se suelen tratar con mucho respeto por parte del equipo. Lamento decir que de Memorias del Subdesarrollo tan solo conservo la dolorosa sensación que experimenté al ver mi trabajo en la película minimizado, destrozado.

Usted ha sido y aún es una mujer particularmente bella, ¿se atrevería a actuar hoy desnuda ante una cámara?

A estas alturas de mi vida, siendo una devota de la estética más pura y sintiendo un gran respeto por mi público, sería muy difícil, por no decir que imposible, que alguien me ofreciera un guión en el cual yo sintiera justificada la presencia de un cuerpo desnudo inevitablemente deformado por la ancianidad. No olvide, amigo, que soy una setentona.

*Las fotos que ilustran esta entrevista fueron tomadas, previa autorización, del blog de Yolanda Farr, http://yolandafarr.blogspot.com
Nota: Los libros de este autor pueden ser adquiridos en las siguientes direcciones: http://www.amazon.com/-/e/B003DYC1R0 y www.plazacontemporaneos.com Su blog en: http://elvagonamarillo.blogspot.com.es/
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