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Lunes, 18 de diciembre 2017

Día Nacional del Platanal de Bartolo

Las formas de atentar contra la dignidad en Cuba

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(Archivo)

LA HABANA, Cuba.- Según Naciones Unidas, aproximadamente 2500 millones de seres humanos no tienen acceso a instalaciones sanitarias apropiadas, ya sea inodoros o letrinas. La defecación al aire libre contamina el medio ambiente y retrasa el desarrollo social y económico. Tiene consecuencias nefastas para la salud humana, pues propicia la transmisión de enfermedades mortales, como el cólera. Asimismo, repercute muy negativamente en nuestra dignidad y seguridad.

Precisamente por estos días, el 8 de noviembre, llamó mi atención una noticia publicada en la sección Acuse de Recibo, en el periódico Juventud Rebelde. La remitente, vecina de La Lisa, comunica que en la escuela primaria Protesta de Baraguá, de ese municipio —en la cual estudia su hijo— gran parte de los estudiantes se ven obligados a hacer sus necesidades fisiológicas a la intemperie.

Resulta que las instalaciones sanitarias para los niños están fuera de servicio; solo funciona un inodoro para los más pequeños, las niñas y los trabajadores del lugar. Los demás escolares están haciendo sus necesidades al aire libre. Según ella, la maestra y la directora de la escuela han hecho gestiones por solucionar el grave problema, aunque “no han contado con todo el apoyo, interés, preocupación y cooperación por parte de las entidades competentes”. Esta madre cubana teme por la salud y las condiciones higiénico-sanitarias de los niños, pero, sobre todo, por su formación moral y ética.

Al comentar el tema con algunos conocidos, se quedaron entre asombrados y burlones, pues ninguno sabía del Día Mundial del Retrete ni habían reflexionado sobre la importancia que tiene este vilipendiado artefacto. Uno de mis interlocutores me contó que el mes pasado le dio un dolor de estómago en pleno 23 y 12, y en todos los establecimientos a los que acudió, o le decían que no había baños, o que estaban rotos, o que estaban cerrados. En medio de su desespero, su mirada se topó con la entrada del cementerio de Colón, territorio que él conocía perfectamente pues había hecho algunos trabajos allí. Recordó el sinnúmero de tumbas abandonadas y semidestruidas que reúnen las condiciones idóneas para evacuar los intestinos. Apurado y sudoroso dirigió sus pasos hacia el lugar, buscó la tumba que ya tenía en mente, solitaria, a la sombra y espaciosa y ahí logró aliviar su pena.

Otro de los presentes contó que un día iba montado en un ómnibus de la ruta P1 y que al salir de Infanta para incorporarse a 23 el estómago se le retorció. Estaba en pleno Vedado, donde no hay ni un pequeño matorral. Pero de pronto se acordó de los baños públicos de la heladería Coppelia, que era la siguiente parada. Se abrió camino a codazos en aquel ómnibus atiborrado, logró bajarse y salió disparado hacia los baños.

Al llegar, se encontró con la cara de pocos amigos de la anciana que cuida los retretes. Con un esfuerzo sobrehumano para parecer calmado, le dijo en voz muy baja que necesitaba papel, pero la señora le respondió a voz en cuello: “¿En qué país tú vives, mi chino? Ni hay papel, ni tenemos agua pa’ echarle a la taza, y yo estoy muy vieja pa’ estar cargando agua. Hoy aquí na’ ma’ se puede orinar, papito”.

Me contó que sintió deseos de estrangular ahí mismo a la vigilante, pero no lo hizo porque tuvo que pensar rápido a dónde ir. Entonces se acordó de los baños del cine Yara y allí, después de pagar la entrada, al fin pudo salir del apuro en un baño que no se limpiaba desde la guerra de independencia.

Esta situación de emergencia fisiológica imprevista es más común de lo que alguien pudiera imaginar. En la Cuba de la dictadura del proletariado, la falta de baños públicos es otro de los tantos males endémicos, y si alguien lo duda, baste recorrer los portales de la calle Monte desde la esquina de Cuatro Caminos hasta Egido, que son en total 17 cuadras de “baños públicos alternativos”.

Para solucionar el problema, mi primer interlocutor, quien me pidió llamarlo Bartolo, aseguró que haría la siguiente propuesta a la Asamblea Nacional del Poder Popular: que cuando se derrumbe un edificio, en vez de hacer el acostumbrado parque, se siembren platanales bien tupidos y se declare el Día Nacional del Platanal. De esta forma se burlaría el bloqueo y los planes secretos de la CIA, que se ha propuesto impedir que en la dictadura del proletariado cubano el pueblo pueda defecar con dignidad.

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Acerca del Autor

Gladys Linares
Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.

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