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viernes, 18 de abril 2014

Karina aspira a jinetera de éxito

LA HABANA, Cuba, noviembre, www.cubanet.org -Karina se lamenta de haber llegado algo tarde a La Habana procedente de su natal Santiago de Cuba. Según ella, si su arribo a la capital hubiese acontecido cinco o seis años atrás, la tarea de convertirse en una prostituta de éxito le habría costado menos trabajo. Porque aquí la…

LA HABANA, Cuba, noviembre, www.cubanet.org -Karina se lamenta de haber llegado algo tarde a La Habana procedente de su natal Santiago de Cuba. Según ella, si su arribo a la capital hubiese acontecido cinco o seis años atrás, la tarea de convertirse en una prostituta de éxito le habría costado menos trabajo. Porque aquí la competencia es mucha, y los clientes cada vez prefieren a las más jovencitas. Sin embargo, a sus 25 años Karina aún conserva la esperanza de poder transitar por los vericuetos de este oficio hasta alcanzar su gran objetivo: empatarse con un yuma, como se les dice aquí a los extranjeros, y largarse de este infierno.

Allá en Santiago, Karina dejó a su madre y a una hija de cinco años. Por su condición de técnica de nivel medio en gastronomía, ocupaba una plaza de dependienta en una cafetería estatal de mala muerte, con un salario que no le alcanzaba para alimentar a la niña. Por eso Karina, y otras dos madres solteras como ella, decidieron un día tomar un tren  con destino a La Habana, aun sin conocer a nadie en esta urbe que pudiera allanarles el camino.

Los primeros días en la capital fueron difíciles para las tres muchachas, en ocasiones haciendo una sola comida al día, y durmiendo en los bancos de la terminal de trenes. Así hasta que se toparon con un hombre que las cobijó en su apartamento. Y al cabo de varias semanas, tras obtener los primeros frutos del oficio, Karina logró independizarse. Ahora vive sola, alquilada en un cuarto de la Habana Vieja por el que paga 50 CUC al mes (unos 50 dólares), y ya ha podido enviar alguna ayuda monetaria a su familia.

Y lo que es más importante: Karina ha comprendido que debe de salvar varias etapas si desea alcanzar su meta. Por estos días, desprovista todavía de los atributos materiales que le faciliten atrapar a un buen partido, Karina deambula por los sitios donde se practica la prostitución barata habanera, como los portales de las tiendas de la calle Monte, o las inmediaciones del Parque de la Fraternidad. En esos contornos casi la totalidad de los clientes son cubanos, y pagan generalmente una tarifa de cinco CUC por media hora de amor rentado. Aunque en ocasiones, si tiene suerte, se empata con tipos que le ofrecen hasta 10 ó 15 CUC. Por supuesto, en esos casos debe esmerarse en la prestación del servicio.

Pero, claro, Karina cree que esta “pobreza” será transitoria. Está renunciando a ciertas bondades en el consumo con tal de ahorrar algún dinero, y así pertrecharse de ropa elegante, buenos zapatos y caros perfumes. Después estará en condiciones de lanzarse al Paseo del Prado o la calle Obispo, la más concurrida de la Habana Vieja, donde abundan los turistas extranjeros. La buena presencia aumenta la probabilidad de que algún yuma se fije en ella— sobre todo si se trata de un “temba”, ya desahuciado sexualmente en su país de origen—, se enamore, se case y se la lleve al exterior. Además, aun de no concretarse el matrimonio, cualquier transacción que tenga su origen en Obispo o el Prado es muy lucrativa para una prostituta, pues se acostumbra que en esos lugares la tarifa no baje de 30 CUC.

Al preguntársele a Karina acerca del porqué de su traslado a  La Habana, en lugar de realizar su trabajo en la propia Santiago, máxime si consideramos la represión policial contra las prostitutas aquí en la capital, respondió que afrontaba el riesgo por motivos prácticos y familiares. Allá en Santiago hay menos posibilidades de encontrarse con un yuma, quizás únicamente en el Parque Céspedes, frente a la terraza del hotel Casa Granda. Por otra parte, no desea que su mamá y su hija se enteren de la manera en que se gana la vida aquí en La Habana. Les ha mentido, diciéndoles que trabaja de moza de limpieza en la residencia de unos extranjeros. Y concluye esta joven “luchadora”: “Que sepan la verdad después que yo esté afuera, y pueda reclamarlas para sacarlas también de esta agonía”. Karina no quiso retratarse para Cubanet. Y lo comprendemos.

Acerca del Autor

Orlando Freire Santana
Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

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