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jueves, 21 de agosto 2014

Sin chivo ni riquimbili

Durante los años más duros del periodo especial, las bicicletas fueron parte inseparable de la rutina del cubano

Cuba - BicicletasLA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -Hace mucho tiempo que apenas transitan bicicletas por nuestras calles. Tampoco se ven ya en las salas de las casas, donde formaban parte del mobiliario. Sin embargo, hace algunos años la situación era bien diferente.

Las bicicletas llegaron a ser parte inseparable de la rutina del cubano. Esto se debió, en gran medida, a que en los años más difíciles del llamado “período especial” fueron distribuidos miles de ellas, primero, entre los trabajadores y estudiantes más destacados, y después, entre los que no lo eran tanto.

El objetivo, supuestamente, era aliviar en cierta medida la caótica situación en la que se encontraba el transporte. Dada la escasa cultura de respeto vial existente en Cuba, hasta se adoptaron medidas para proteger a los ciclistas en la vía pública, como aquella de preservar -con mejor o peor señalización- un carril de algunas avenidas solo para ciclos.

En bicicleta se iba al trabajo, al mercado, de paseo o a forrajear al campo. Ahí los cubanos dieron una prueba más de aguante y resistencia –y no fueron pocos los desmayados- pues, aunque un ciclo no necesita combustible, quien lo maneja sí, y la mayoría de los ciclistas –como el resto de nosotros- no estaban muy familiarizados con el desayuno.

Fue por aquel entonces cuando empecé a escuchar que jocosamente se les llamaba “chivos”. También estaban los riquimbilis, o “chivichanas”, que eran a las que de forma artesanal se les adaptaba un motorcito.

Pero estas últimas fueron prohibidas y la policía empezó a confiscarlas. Los únicos ciclos con motor que podían circular por nuestras calles llenas de baches eran estatales, y los manejaban funcionarios de poca monta, porque los carros, con gasolina pagada por Liborio, son para los dirigentes.

Las bicicletas llegaron a ser tan populares que René de la Nuez les dedicó ciento dos páginas de otras tantas caricaturas en su libro Cuba bici, en el cual reflejó la ingeniosidad del cubano y las muchas formas en que eran utilizadas.

Las bicicletas rusas, que eran muy pesadas, despertaban comentarios adversos. “Son toscas, como todo lo que hacen los ‘bolos’.” Pero a pesar de esto, como no había otra alternativa, algunos les colocaban sobre la parrilla un cajón plástico, en el que cargaban de todo, y que por cierto eran un blanco perfecto de la policía, que constantemente las paraba para registrarlas.

Con el alza del precio de la divisa, las bicicletas adquirieron un valor incalculable, y muchos trabajadores y estudiantes fueron víctimas del bandidaje. Tener una bicicleta se convirtió en un peligro. Los delincuentes cazaban a los ciclistas en la oscuridad. Muchas veces la táctica era colocar una soga o un alambre de acera a acera.

Más de uno perdió la vida por una bicicleta, aunque esta realidad no era reflejada en la prensa. Por eso algunos ataban un machete, una cabilla o un destornillador al caballo de la bicicleta, con la esperanza de poder defenderse de un posible ataque. A no pocos, incluso, hasta se las arrebataron de sus propias manos. En los parqueos, a veces no valían ni las cadenas ni los candados, pues los malhechores las levantaban en peso y corrían con ellas.

Después de disuelta la URSS, las piezas de repuesto se acabaron, y las bicicletas rusas también. Luego, comenzaron a invadir las calles las bicicletas chinas. Pero otra vez la escasez de piezas de repuesto, como gomas y cámaras, o su venta en CUC, a precios inalcanzables para un trabajador o un estudiante, provocó que muchos no pudieran reparar sus ciclos, hasta que poco a poco dejaron de verse en la vía pública.

En la revista Bohemia del 2 de diciembre de 2011, aparece un reportaje sobre la única fábrica de bicicletas que existe en Cuba: Minerva, fundada hace más de quince años en Villa Clara, en la cual laboran más de quinientos trabajadores. Según la revista, la instalación produce para todo el país un surtido variado de bicicletas. Con todo, estas solamente son vendidas en la cadena de Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD).

Sin embargo, en otras cadenas de tiendas no conocen esa marca. En algunos centros comerciales, como Galerías de Paseo o Plaza Carlos III, cuando aparecen las bicicletas, no son cubanas. Y aunque lo fueran, los más de 160 CUC (180 dólares) que cuestan impiden que sean una alternativa para el pueblo.

Acerca del Autor

Gladys Linares
Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.

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