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domingo, 23 de noviembre 2014

Lágrimas de cocodrilo en octubre de 1962

La historia nunca absolverá a quienes antepusieron sus mezquinas ambiciones personales a la vida de millones de personas

Avión de reconocimiento de E.U. sobre vuela una barco soviéticoLA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -Cada vez que el calendario nos indica que arribamos al mes de octubre, es inevitable que a los cubanos nos asalte el escalofriante recuerdo de que estuvimos a punto de desaparecer del mapa en el año 1962, en el contexto de la pugna entre las dos superpotencias, pero sobre todo debido a la soberbia y la tozudez de nuestros gobernantes.

Este año, al cumplirse el aniversario 50 de la “Crisis de Octubre” o “Crisis de los Misiles”, el periódico Granma ha venido publicando semanalmente una serie de artículos de ex militares cubanos que desempeñaron un papel importante en todo el proceso de preparación, instalación y posterior retirada de la isla de los cohetes soviéticos portadores de ojivas nucleares. Es cierto que se trata de una versión cubana de los hechos; no obstante, le ha permitido al gran público conocer algunas interioridades de la crisis que hasta ahora solo eran del dominio de especialistas, historiadores y protagonistas de aquellos días difíciles.

Así nos hemos informado acerca de los contactos cubano-soviéticos que precedieron a la instalación de los cohetes; las peripecias del largo traslado marítimo de esos armamentos; su llegada a Cuba y el subrepticio recorrido a través de carreteras y ciudades de la isla, lo que incluso provocó la salida forzosa de vecinos de algunos sitios y su reubicación en otras localidades; el extenuante trabajo de preparación del terreno que desplegaron los jóvenes soldados soviéticos— en la cresta de la crisis había 40 mil militares de ese país en Cuba—, soportando nuestro inclemente clima tropical; las presiones que debió afrontar el presidente John F. Kennedy de parte de políticos y militares de línea dura que pedían un ataque aéreo sorpresivo o la invasión total de la isla; y también el juicio sereno de Nikita Jruschov y demás jerarcas del Kremlin, quienes una vez al tanto del compromiso norteamericano de no invadir a Cuba, hicieron todo lo posible por evitar la apocalíptica conflagración.

Como parte también de esas remembranzas, el semanario Trabajadores, en su edición del pasado 24 de septiembre, publica declaraciones del coronel de la reserva Osvaldo Fernández Rodríguez, quien estuvo responsabilizado, por la parte cubana, con el traslado y seguridad de los cohetes nucleares hasta los lugares de emplazamiento. El ex militar Osvaldo, que mantuvo estrechas relaciones con el general de brigada Igor Statsenko, jefe de la 51 División de Cohetes Estratégicos, nos cuenta que el día más triste para todos fue el 28 de octubre, cuando el general Statsenko recibió la orden, proveniente de Moscú, de desmantelar los cohetes y embarcarlos de regreso a la Unión Soviética. Y añade el referido coronel de la reserva: “La noticia impactó a todos. Vi llorar a jefes de alto nivel, como el teniente coronel Yuri Soloviok, jefe del regimiento de Santa Cruz de los Pinos; al general de brigada Leonid S. Garbuz, jefe de preparación combativa de la Agrupación de Tropas Soviéticas; al coronel Serguei S. Shornikov, jefe de la seguridad y traslado por la parte soviética; al propio general Statsenko…”

En momentos en que la paz en el mundo pendía de un hilo, resulta casi increíble concebir que alguien pudiera sufrir, y no dar brincos de alegría, una vez alcanzado un acuerdo entre las superpotencias que evitara el conflicto nuclear. Y no solo deben de haber llorado los trasnochados e irresponsables militares soviéticos; es muy probable que también lo hicieran las altas esferas del gobierno cubano, cuyo máximo líder mucho se molestó con la decisión adoptada por Moscú.

Es casi seguro que mucho se siga investigando acerca de la Crisis de Octubre, y que nuevas revelaciones salgan a la palestra. De momento estimamos que, mientras la humanidad les debe un Premio Nobel de la Paz post-mortem a Kennedy y Jruschov, la historia nunca podrá absolver a quienes pretendieron anteponer sus mezquinas ambiciones personales a la vida de millones de personas en el planeta.

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Acerca del Autor

Orlando Freire Santana
Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

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