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viernes, 21 de noviembre 2014

Cuando todas las puertas se cierran

Un enfermo de SIDA se siente abandonado y discriminado por las autoridades y la sociedad

LA HABANA, Cuba, octubre, 173.203.82.38 -Solo tres años tenía René Duran Dimet cuando su madre conoció a Carlos Sarduy, estableciéndose una relación conyugal que ha perdurado treinta y dos años. El matrimonio tuvo otro hijo, constituyendo una familia como tantas.

René no siente nostalgia por su infancia, dura y rápida, según su propia definición. En las calles de Centro Habana vendió aguacates para sufragar sus propias necesidades. No terminó el octavo grado, y a los dieciséis años inició su vida laboral después de pasar un curso intensivo como operario panadero.

Su adolescencia coincidió con la etapa mas descarnada del periodo especial,-cuando Cuba perdió abruptamente el subsidio soviético y la más absoluta miseria se apoderó de la Isla- pero René no desmayó en su anhelo de comprarse un carro, y ahorrando con ese fin llegó a poseer una cuenta bancaria de diez mil pesos. Pero esta cifra era menos de la mitad del costo de un vehículo norteamericano de las décadas del 40 y 50, por lo que decidió invertir sus ahorros en prendas; la operación especulativa resultó un fiasco, dejándolo en la inopia.

Su vida tomó un giro desordenado cuando, a los 25 años, el VIH tocó a su puerta; tres años después, un tropiezo con la justicia lo envió a prisión con una condena de ocho. Las condiciones del régimen carcelario precipitó  la enfermedad, convirtiéndose en enfermo de SIDA.

El Sistema de Re educación contempla la libertad condicional al cumplir el reo la mitad de la pena, pero René pasó cinco años y cuatro meses tras las rejas, en la Unidad Especial del SIDA, en San José de las Lajas, en la actual provincia Mayabeque. A René le concedieron el beneficio que la ley estipula –libertad condicional- bajo el criterio de que de todas formas se va a morir.

René Duran Dimet lleva diez años viviendo con SIDA; en estos momentos, sobrevive de manera precaria, pues las relaciones con su padrastro se encuentran en el nivel mas bajo, el estado cubano no le provee ningún tipo de ayuda, salvo la asignación mensual de treinta huevos, dos latas de carne en conserva, una bolsa de leche en polvo y un kilogramo de carne de vacuno.

Cuando ha conseguido algún trabajo eventual en alguna panadería, ha sido cesanteado por ser un enfermo. Barrió calles por un salario de hambre, pero las condiciones laborales le resultaron intolerables.

Con treinta y cinco años, a René le parece que su vida no ha tenido ningún sentido; vive convencido de que las puertas se inventaron solo para cerrarle el paso, no para allanar ni proteger. Cree que las oportunidades, el bienestar y el progreso solo pueden estar al alcance de otros; no tiene dinero, pasa hambre, deambula en la calle todo el día para no estar en su casa; su única meta es pasar el día, llegar a mañana.

-“En Cuba hay mucha discriminación con los enfermos de SIDA”, concluye René, quien siente que para él todas las puertas están cerradas.

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Acerca del Autor

Jose Alberto Alvarez
Jose Alberto Alvarez

José Alberto Álvarez, Sancti Spíritus, 1951. Pasó uno de los cursos para periodistas, organizado por Florida International University, se desempena como Relaciones Públicas en la Asociación Jurídica Cubana. Es colaborador de varios periódicos digitales.

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