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jueves, 31 de julio 2014

Carta abierta a mi madre

Un joven periodista independiente expone sus razones a su madre, que lo acusa de ser “mercenario”

LA HABANA, Cuba, septiembre, 173.203.82.38 -Sé que hubieras preferido que mi destino fuese como el de los Cinco Héroes (pero quizás con mejor suerte), que me declarase un devoto fidelista –ni siquiera un adepto al socialismo–, y que la brújula de mi vida fuese el antimperialismo. En su lugar, me consideras un mercenario, porque me dedico a hacer un periodismo independiente a la prensa del Estado. Y dices que soy mercenario también, porque estoy “al servicio de una potencia extranjera.”

Vamos por partes. Un mercenario es un militar extranjero que va a la guerra por dinero o por botín. Yo, ni soy militar, ni soy extranjero en Cuba, ni estoy en una guerra, y mucho menos he matado a cambio de riquezas, o a cambio de poder. Me dirás entonces que ésta es una “guerra ideológica”, entre dos visiones del mundo y de la sociedad: el humanismo contra el imperialismo militar, la solidaridad contra el egoísmo, la frugalidad contra el consumismo. Pero si hubiera que reducir el conflicto a términos maniqueos, yo diría que la guerra es entre la tiranía y la democracia, entre la servidumbre y la libertad.

No existe un sólo sema de la palabra “mercenario”, que se le pueda aplicar a los activistas de la sociedad civil cubana. Sólo quienes son incapaces de pensar fuera de los límites cerrados del militarismo, pueden llamar “mercenarios” a los civiles que defienden sus derechos, y han renunciado a su papel de soldados y autómatas. El juicio de esa lógica militar es muy simple: si no eres “mi” soldado, eres el mercenario de otro. Y quiere ser un insulto, porque el mercenario es un soldado amoral, que no lucha por “ideales”. O sea, los que están conmigo luchan por ideales, y los que no están conmigo –que automáticamente son del “otro bando” – luchan por dinero. Ellos no entienden de ciudadanos, de civiles, ni de burgueses –que es una forma antigua, de origen medieval, para decir lo mismo.

Lo que hago es un trabajo honesto, a diferencia de los Castro, que han vivido toda su vida de robar lo ajeno: comenzaron robando las propiedades de las compañías extranjeras, continuaron con las propiedades de los cubanos, y han terminado por robarnos una parte de la vida (nuestro tiempo, nuestros derechos), y la esperanza de un futuro mejor en este pedazo de tierra. La prueba más convincente, es que se van los jóvenes con talento; y se quedan los viejos mediocres, los necios, y oportunistas –aferrados, siempre aferrados.

Dices que estoy al servicio de una potencia extranjera (los Estados Unidos) que ha querido siempre destruir a la Revolución.

1) La Revolución se acabó hace muchos años, y lo que queda es un gobierno retrógrado y extraordinariamente codicioso. Ricardo Lagos le preguntó a Augusto Pinochet: “¿cómo puede haber un chileno, con tanta ambición de poder?” Y yo te pregunto mami: ¿cómo pudimos dejar que hubiese un cubano, con tanta ambición de poder?

2) El gobierno de Estados Unidos no quería destruir a la Revolución. Quería mantener sus propiedades, y luego, que no se consolidara una dictadura comunista. Lamentablemente, fracasó en ambos proyectos. Lamentablemente para ellos, nacionalizaron sus propiedades; y lamentablemente para nosotros, se instauró una dictadura comunista. Intentar asesinar a Fidel Castro fue un modo de hacer abortar la Revolución; pero un líder no hace solo una revolución, como un director de orquesta no puede tocar una sinfonía.

3) Me pagan por ejercitarme en el derecho humano de la libertad de expresión, no por hacer trabajo de espionaje, ni por poner bombas, como las que puso el Movimiento 26 de Julio, que tuvo entre sus “heroicidades” más sonadas la famosa “noche de las cien bombas” de 1957, y cuyas banderas flamean orondas en las oficinas del Estado, como si sus acciones no hubieran costado la vida de inocentes.

4) Yo no estoy al servicio de nadie, ni siquiera de mis lectores. Yo estoy al servicio de mis ideas, de la verdad, y en lo posible, de mi corazón. Pero si estuviera al servicio de algo, significaría que mi vida es útil, que sirve para algo. Y si por fuerza hubiera que ponerse en un eje marxista de relaciones de clases, yo no serviría como un esclavo a su amo –a diferencia de la mayoría de los cubanos, a quienes se les ha inculcado que le deben “todo” a la Revolución– sino como un trabajador… a otro trabajador. Yo trabajo a cambio de dinero, y ellos trabajan a cambio de más. Pero sólo quienes han vivido despreocupados del dinero, porque les ha sobrado para hacer todos sus antojos, pueden condenarlo hipócritamente, y de paso, condenar (moral y materialmente) a quienes con tanto esfuerzo lo ganan. La satanización del dinero ha sido la mayor de todas las hipocresías comunistas, pues los que fingen estar más allá del dinero, en realidad lo están, porque han vivido robando el de los otros, y así, se han ocupado más del poder.

Acusan a los periodistas independientes de mercenarios porque dicen que trabajan por dinero. Pero eso es lo justo, y lo moderno. Trabajar por miedo, y por comida… solamente los esclavos. Y algo más: los periodistas honestos se deben a la verdad. El dinero viene después.

5) ¿Te sentirías mejor si trabajara, en vez de para una “potencia extranjera”, para un diario de El Salvador, o de Jamaica? Seguramente no; pero es que a los salvadoreños y a los jamaicanos no les importa Cuba. La razón de que sean los Estados Unidos se debe a que allí reside la primera comunidad cubana fuera de la Isla. Si esos cubanos hubieran emigrado para Centroamérica u Oceanía, hoy la terrible potencia extranjera sería Costa Rica o Nueva Zelandia. Cada cual grita por lo que le duele, y a muchos cubanos emigrados les duele lo que pasa aquí –aunque a menudo se vean irritados.

Por otro lado, si estar financiado implica estar al servicio de un patrocinador –y según tu criterio, estar al servicio implica necesariamente una dependencia humillante–, ¿cómo explicarías la independencia de Cuba, cuando estuvo financiada por la Unión Soviética, y ahora por Venezuela?

Desde que transito por este valle de asamblea cívica, he conocido a personas íntegras, que serían capaces de morir, con plena convicción (y no fanatismo), por defender su derecho a la libertad, y de paso, la de sus prójimos. Difícilmente tú puedas decir lo mismo. Tú conoces a quienes se dejarían matar por salvar la vida de un hombre, no por salvar su libertad. Y mientras tú defiendes el derecho espurio de unos tiranuelos a jugar con los bienes, la vida, y el destino de todos los cubanos (incluso de los que viven fuera de la Isla), los que yo conozco defienden su derecho inalienable y dignísimo a ser respetados por su criterio, y a ser libres.

Lamento que te causen tantas molestias las injusticias que se cometen en la Base Naval de Guantánamo –deplorables sin dudas–, y que presentan los documentales y noticias de la televisión como “prisión secreta” y “centro de tortura”; y sin embargo, veas con beneplácito la desbordada proliferación­ de bases militares del otro lado de la cerca (al parecer, en espera de un “glorioso” y definitivo holocausto), o que veas como necesarias tantas “prisiones públicas”, en donde son detenidos arbitrariamente cientos de personas cada mes, simplemente por no acatar el guión político, o rebelarse pacíficamente. Sientes indignación ajena por lo que pasa en Guantánamo, ¿y no te da indignación propia lo que pasa en La Habana, en la cual has vivido la mayor parte de tu vida, y cuya destrucción te han hecho percibir los martillazos de la ideología como “obra del imperialismo”, a través del bloqueo?

Quieres que me vaya de Cuba cuanto antes, porque tienes miedo a que sea devorado por el monstruo que has ayudado a engordar, y porque me ves huraño e infeliz. Cualquiera de las dos razones, disipa tu sueño de haber consumado una Patria libre, y venturosa.

Acerca del Autor

David Canela Piña
David Canela Piña

David Canela Piña. Nació el 27 de abril de 1981 en Ciudad de La Habana. Estudió en la escuela primaria Fabricio Ojeda y en la secundaria Otto Barroso, ambas en el municipio Habana del Este. Obtuvo la beca para el Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas V. I. Lenin, donde se graduó en 1999. En 2006 se gradua de la carrera de Letras en la Universidad de La Habana, con una tesis sobre la cosmovisión poética del escritor cubano Raúl Hernández Novás. Ha trabajado como editor, profesor de gramática, especialista literario, y ahora como periodista de medios digitales. Durante siete años vivó en Diez de Octubre, ahora vive en el Municipio Playa.

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