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Corridas de toros en Cuba: la historia no contada

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LA HABANA, Cuba. — En Cuba, sobre todo en La Habana, en la época colonial hubo corridas de toros. El tema está recogido en el libro Las corridas de toros en La Habana, una enconada polémica republicana (1902-1959), publicado en el año 2018 por Ediciones Boloña.

El volumen refleja las pugnas que existieron entre 1902 y 1959 entre los partidarios de dicho espectáculo y sus opositores. Su autor, Santiago Prado Pérez de Peñamil, es licenciado en Historia del Arte, documentalista de la Televisión Cubana, miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Unión de Historiadores de Cuba.

Cabe señalar que los eventos taurinos fueron abolidos en 1899 durante la primera intervención norteamericana. Con posterioridad, diferentes gobiernos republicanos dictaron leyes ratificando la prohibición.

Mientras algunos creían que la emoción y el colorido de la fiesta brava serviría para atraer el turismo e incrementar los ingresos a la nación, muchos cubanos consideraban que era un acto de barbarie, sangriento y cruel con los animales y que era un retroceso al volver a las formas coloniales.

Hubo controversias a través de la prensa nacional. Personalidades y sociedades solicitaban la derogación de las leyes prohibitorias y la parte contraria, como el Bando de Piedad, dirigido por Janet Ryder y otros grupos, hacían oposición completa y frontal a las corridas de toros.

Cuba, Corridas de toros
Portada del libro “Las corridas de toro en la habana una enconada polémica republicana 1902-1959” (Foto: Cortesía del autor)

El largo pleito se mantuvo hasta inicios de 1959. El periódico Revolución, órgano oficial del Movimiento 26 de Julio, osciló al principio entre la aceptación y el rechazo a las corridas.

El periodista Fausto Miranda hizo una apología de las corridas en apoyo a criterios del Club Taurino de La Habana con un artículo titulado: “A propósito de la fiesta brava”, en la sección Polvo de Estrellas (Revolución, La Habana, 14 de marzo de 1959, año 2, n°. 84, p. 19).

Eduardo Pagés, otro de los partidarios, también escribió un trabajo en este periódico que tituló: “Más de cien millones dejará la fiesta brava” (Revolución, La Habana, 19 de marzo de 1959, año 2, n° 88, p. 10).

Las apologías al toreo encontraron pronto oposiciones patrióticas. Carlos Irigoyen Sierra respondió al señalar las pérdidas económicas que traería al país (Revolución, La Habana, 17 de marzo de 1959, año 2, n°86, pp. 1 y 14).

Hubo dos escritos contrarios más, uno de Ángel Cuiña: “Las corridas de toros, espectáculo deprimente” (Revolución, La Habana, 23 de marzo de 1959, año 2, n° 91, p. 5) y otro de Carlos Irigoyen: “Toros, cuentas y cuentos” (Revolución, La Habana 24 de marzo de 1959, año 2, n° 92, pp. 1 y 14).

Por aquellos días, el historiador Emilio Roig de Leuchsenring envió una carta al entonces primer ministro Fidel Castro, de la cual recibió acuse de recibo, donde, basándose  en “el honor nacional”, expresaba su vehemente oposición a las corridas de toros.

El que puso el punto final al problema, desautorizando la tauromaquia, fue el periodista José Luis Galbe, con su artículo: “Los toros: una escuela contrarrevolucionaria” (Revolución, La Habana, 28 de marzo de 1959, año 2, n° 96, página 2). El reportero señalaba que en los nuevos tiempos las corridas eran “una actividad contrarrevolucionaria”. También analizaba varios aspectos de la crueldad del espectáculo, los elementos negativos a la economía y la incitación al latifundio por la cría de reses bravas.

Uno podía preguntarse quién era por fin contrarrevolucionario: ¿el toro, el torero, el ganadero, el empresario taurino o todos a la vez?

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