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El castrismo “toma” los Juegos Paralímpicos

Juegos Paralímpicos Tokio 2020

LA HABANA, Cuba. — Los recientes Juegos Olímpicos de Tokio 2020 alcanzaron un triunfo inesperado. A pesar de la presencia de la pandemia y de hasta una amenaza de tifón, los japoneses demostraron ser capaces de sortear todas las dificultades y conducir ese complejo encuentro deportivo a su exitosa culminación. Y en tan gran medida, que uno no puede evitar preguntarse si, para empezar, había alguna verdadera necesidad de posponerlo hasta el presente año.

Como resulta habitual, a ese choque cimero han sucedido los Juegos Paralímpicos. Como sugiere su denominación, este otro evento está reservado para las personas aquejadas por alguna minusvalía. Se trata de aquellos desdichados que no podemos denominar “minusválidos” si deseamos atenernos a las reglas de la “corrección política”. La forma adecuada de referirnos a ellos es únicamente empleando la frase “personas con discapacidad”.

Algún cínico podrá pensar quizás que, al celebrar estos juegos poco después de concluida la cita cuatrienal del deporte mundial, se está dando la razón a quienes plantean que la historia se repite, primero como drama y después como comedia. Debemos rechazar con decisión los enfoques de ese tipo; aunque los aquejados de una minusvalía —como es lógico— no pueden alcanzar resultados deportivos análogos a los de quienes no tienen esa desgracia, el admirable ejemplo de tenacidad que dan al sobreponerse a su infortunio constituye un acicate para todos.

Al momento de redactar estas líneas, la delegación de la Gran Antilla exhibía dos medallas de oro, una de plata y otra de bronce. Las dos preseas áureas correspondieron a Robiel Yankiel Sol Cervantes, en el salto de longitud T46, y la multimedallista olímpica Omara Durand en los 400 metros T12.

La miseria económica en la que, “gracias al socialismo”, ha caído Cuba, desaconseja que recursos escasísimos como los empleados para enviar a los deportistas del paralimpismo a la capital nipona, sean destinados a una actividad que no arrojará ganancias propagandísticas, que son las únicas que interesan al régimen de La Habana.

En vista de los resultados obtenidos en Tokio, los agitadores castristas no pueden alardear de resonantes victorias; tampoco pueden presentarlas como supuestas demostraciones de las grandes bondades del sistema antinatural que implantaron y han mantenido a sangre y fuego en la Isla durante la friolera de seis decenios.

El régimen siempre presenta como realidades supuestos logros económicos que sólo existen en los cerebros enfermos de los burócratas que atiborran de falsedades a sus superiores y subordinados, y en los titulares mentirosos de la prensa castrista.

En resumidas cuentas, es lo mismo que pasó con la “Zafra de los Diez Millones”, un espasmo carente de sentido que hipotecó al país entero durante más de un año y que se saldó con una consigna falsa, facilona y manipuladora: “Convertir el revés en victoria”.

También ahora se intenta suplir la ausencia de resultados deportivos palpables con la insulsa palabrería carente de un contenido real. Es lo que hizo el periodiquito Granma el pasado sábado. Aparece allí un trabajo del escribidor castrista Oscar Sánchez Serra de título truculento, si los hay: Yunier Fernández no venció, pero ganó la medalla de oro del honor.

No obstante, en la competencia entre la cursilería y la ridiculez, las palmas corresponden —creo— a Alfonso Nacianceno en el Granma del viernes, con un titular que reza: “Músculos que arropan la voluntad y la vergüenza”. O quizás a Juan Carlos Teuma, quien, refiriéndose a una tiradora y repitiendo en parte al anterior, escribe en el Tribuna de La Habana de este domingo: “Cada diana que logre allí (…) será una lección de vergüenza, sacrificio y éxito”.

Veremos si, en los días de competencia que faltan, los atletas paralímpicos cubanos logran cosechar más triunfos en Tokyo. Y no por sus jefes, que manipularán de cualquier modo todo logro que tengan. Sino por ellos mismos, para que vean recompensados los enormes esfuerzos y sacrificios personales que han hecho.

Y espero que los que triunfen se libren de ser objeto del ridículo, como sucedió con sus homólogos de los Juegos Olímpicos. Eso de recibir a un atleta de excelencia con un poco de viandas, pomos de refresco o un pescado, es algo que sólo se le ocurre a un comunista. Y conste que no lo digo por la pobreza del regalo, pues bien dice el refrán que cada uno puede dar lo que tiene. Y en medio de la miseria entronizada en Cuba por el castrismo, la única opción que queda a los mayimbes es hacer obsequios miserables.

De lo que se han burlado muchos en las redes sociales, lo que irrita, no es tanto la pobreza del regalo, sino el hecho de tomar fotos y publicarlas como si se tratara de algo loable. “Ahora se burlan de la sencillez con que reciben a algunos atletas en sus localidades”, se quejó en el Granma del pasado 23 de agosto Ventura de Jesús.

Esperemos que, con los paralímpicos, los castristas muestren un poco de vergüenza y no repitan esos actos bochornosos. Si así llegara a suceder, bien pueden darles las gracias a los periodistas independientes y los usuarios de las redes, que ahora quieren acallar con el condenable Decreto Ley 35.

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Política y deportes en Cuba: un gancho al mentón del régimen

LA HABANA, Cuba. ─ En días recientes hemos sido testigos de actuaciones de compatriotas nuestros que han tenido un excelente desempeño en el exigente mundo del deporte. Esto tuvo lugar durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, finalizados hace un par de semanas. Y se ratificó este sábado con la formidable victoria del gran campeón Yordenis Ugás sobre la leyenda filipina Manny Pacquiao.

La excelencia de los cubanos en el terreno deportivo es bien conocida desde hace años. La propaganda comunista trata de presentar los buenos resultados de estos últimos decenios como un gran aporte hecho por lo que ellos se empeñan en seguir llamando “la Revolución”. Pero los que tenemos un poco de memoria sabemos que eso es sólo una fabulosa mentira —¡otra más!— de los cotorrones del régimen.

Ahí están, para demostrarlo, nombres como los de Ramón Fonst, José Raúl Capablanca, Kid Chocolate y Kid Gavilán, por sólo mencionar unos pocos. ¿Qué tuvieron que ver esos distinguidos compatriotas con los desembarcos y asaltos dirigidos por Fidel Castro, con las bombas detonadas (en nombre de esa misma “Revolución”) en las calles, los cines o los cabarets de la Isla!

A nadie que estuviera en su sano juicio se le habría ocurrido vincular los nombres de esos grandes atletas del pasado con el de los mandamases de turno (sin importar que estos se llamaran Menocal, Machado o Batista). Después de 1959 no. La actuación de los deportistas cubanos destacados en los últimos seis decenios sí ha sido enlazada de modo sistemático con el nombre del fundador de la dinastía castrista.

Durante muchos años fue una constante que los autores de cualquier triunfo nacional en el deporte dedicaran su éxito al “Máximo Líder”. A veces lo hacían de manera espontánea. Otras no tanto, pues tenían que ser los cronistas con vocación de cotorrones los que, cuando algún atleta consagraba su triunfo a seres queridos o entrenadores, insistían: “¿Y a quién más!”. Y no quedaban satisfechos hasta que el aludido pronunciaba el nombre, apellido o título del dictador.

Esa vinculación con “la Revolución” ha sido una constante durante la era actual. El apoyo a las políticas del régimen ha tenido un carácter no sólo ideológico o verbal. En ocasiones ha tenido expresiones físicas. Como aquella vez que un jugador del equipo Cuba de béisbol se consideró en el deber de emprenderla a puñetazos contra un compatriota que se había lanzado al terreno con un letrero anticastrista.

Aunque en el plano personal no despiertan mis simpatías los deportistas oficialistas que explicitan su respaldo —real o fingido— al régimen imperante, constato que, felizmente, el porcentaje de los que así actúan tiende a reducirse de año en año. Aunque hasta el momento echo de menos la existencia, entre ellos, de ciudadanos conscientes que critiquen —digamos—  la represión brutal contra manifestantes pacíficos, como la del 11 de julio.

Eso fue lo que sucedió en la popular barriada habanera de La Güinera, que tuvo el triste privilegio de aportar el único occiso oficialmente reconocido de aquella jornada gloriosa. Afirman las autoridades castristas que el disparo que recibió por la espalda el joven Diubis Laurencio fue propinado “en legítima defensa”. Y ahora tratan de hacer olvidar su crimen asfaltando calles y dotándolas de aceras.

Es justamente en ese barrio que reside el campeón olímpico Luis Alberto Orta. El mandón de turno, Miguel Díaz-Canel, se consideró en el deber de saludarlo durante su reciente visita, así como congratularlo por su cumpleaños. Ha trascendido el texto de su trino: “Felicitaciones campeón”. Así, sin coma vocativa; que un Jefe de Estado que “hace revolución” no está para esas exquisiteces.

Los órganos castristas de agitación exaltan los éxitos deportivos del propio Orta —primer cubano que obtuvo el oro olímpico en Tokio-2020— o Mijaín López —autor de la hazaña de alcanzar igual galardón en cuatro olimpiadas consecutivas—. Pero silencian el de otro compatriota nuestro: Pedro Pablo Pichardo, que ganó esa misma presea en el triple salto.

Pudiera pensarse que esto último se debe a que, a raíz de su triunfo, el santiaguero enarboló no la bandera de la estrella solitaria, sino el pabellón portugués. Pero nada parecido pueden decir del autor de otra gran proeza deportiva: me refiero a Yordenis Ugás, quien este sábado alcanzó un triunfo unánime ante la leyenda filipina Manny Pacquiao.

Tras su victoria, Yordenis se cubrió con la bandera de Narciso López. Pero igual los cronistas deportivos del castrismo prefirieron cubrir de silencio su gran hazaña. Resulta evidente, entonces, que lo determinante, para esos plumíferos y cotorrones del oficialismo cubano, no es la identidad nacional del atleta, sino su tendencia política.

Y forzoso es reconocer que Ugás ha dejado bien clara las preferencias que abriga en este último terreno. Como que, en la pelea contra Pacquiao, esgrimió de modo destacado el lema “Patria y Vida”, que se ha convertido en emblema de todos los cubanos que nos enfrentamos al macabro “Patria o Muerte” del castrismo.

Ese otro santiaguero despreció las posibilidades económicas que —supongo— le habrían brindado marcas de productos deportivos si él las hubiese exhibido en las ropas que vistió en el combate. En lugar de ello colocó en su short y zapatillas lemas a los que el régimen de La Habana es refractario, tales como “SOSCuba” y el mismo “Patria y Vida”.

El formidable atleta, tras su resonante triunfo, trinó en su cuenta de Twitter: “Esta pelea la ha visto medio mundo y Yordenis Ugás la ha dedicado a la causa por la libertad de Cuba. Este es otro golpe mediático a la dictadura”. Como él vive en un país libre, pudo perfectamente haberse mantenido alejado de los temas políticos. Pero no, optó por involucrarse de ese modo en la lucha contra el continuismo comunista. Por eso creo que todos debemos agradecerle (al menos yo lo hago) su valiente decisión.

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Krystsina y Mijaín: gloria o libertad

Krystsina Tsimanouskaya (izq) y Mijaín López

LA HABANA, Cuba. – Como amo la libertad y he pasado toda la vida bajo una dictadura no me oculto para decir que me alegra más la fuga de la corredora bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya que las proezas en los Juegos Olímpicos de Tokio de mi compatriota el luchador Mijaín López.

Krystsina logró asilarse para escapar a Polonia, burlando a los esbirros del dictador Alexander Lukashenko, que la tenían prácticamente secuestrada en la delegación de su país al evento.

Mijaín López dedicó su hazaña a Fidel Castro y afirmó que fue el difunto dictador quien trajo el deporte a Cuba, como si mucho antes de su régimen no hubiesen existido Capablanca, Ramón Fonst, Martín Dihigo, Orestes Miñoso, Kid Chocolate, el Niño Valdés y otros campeones.

Se valora muy poco el fornido gladiador cuando, sofocado y sudoroso, atribuye todo lo que es como deportista a Fidel Castro –como si el Comandante fuese el mismísimo Dios– en vez de a su esfuerzo y dedicación personal.

Las medallas dedicadas a la dictadura por Mijaín López y el “Patria o muerte” del boxeador Julio César la Cruz más que alegrarnos deberían abochornarnos. Eso, si no somos masoquistas.

Es muy triste no poder alegrarnos por los triunfos de nuestro país en un certamen deportivo. Puede crearte cargos de conciencia si te reprochan lo que se puede interpretar como falta de patriotismo. Pero me consuela recordar a un argentino que conocí hace muchos años, que vivía asilado en Cuba, en Alamar, y que me confesó que se alegraba cada vez que el equipo de su país perdía en el fútbol, porque “esos jugadores no representaban a Argentina, sino a la dictadura militar asesina que se robaría el mérito”.

Esos deportistas que dedican sus medallas a Fidel y la Revolución, más que a Cuba, representan al régimen.

No se debería politizar el deporte, pero precisamente eso es lo que ha hecho siempre el régimen castrista, que presenta el deporte como “un logro de la Revolución”.

Los triunfos del deporte cubano, ampliamente propagandizados, pretenden un mensaje ideológico: la superioridad del sistema social cubano. Las proezas de los deportistas cubanos deben hacer suponer que el comunismo castrista produce seres fuertes y sanos, con mejores puños, músculos de acero, capaces de saltar, correr, nadar, lanzar y batear más que sus competidores. Si perdían, se culpaba a los árbitros, decían que se les había robado el triunfo, que el fallo había sido injusto.

Especialmente se politizó el deporte en los tiempos de Fidel Castro, y muy en particular el beisbol, que era su deporte preferido.

Durante décadas, los peloteros que salían a competir al exterior eran despedidos por Castro y otros altos dirigentes como si partieran rumbo a la guerra. Sus triunfos, que devotamente dedicaban a “Fidel y la Revolución”, eran celebrados con bombos y platillos, y premiados con un carro, una casa o simplemente –¡que más honor!- una cariñosa palmadita del Máximo Líder en el hombro.

A los que se escapaban al menor descuido de los “segurosos” de la delegación y pedían asilo, los tachaba el Comandante, con su habitual jerga bélica, de “traidores, desertores, vendidos al enemigo”, y los borraban de la historia del deporte cubano como si nunca hubieran existido. Una vez, cual dueño de las llaves del país, sentenció el Comandante: “No permitamos jamás que los traidores visiten después el país para exhibir los lujos obtenidos con la infamia”.

Poco ha cambiado con los sucesores de la continuidad post-fidelista. Solo que el desempeño de los deportistas en los últimos años deja mucho que desear. De ahí el ahínco –que llega a ser acoso– por obtener de los atletas que logran resultados meritorios, dedicatorias y declaraciones favorables al régimen. Como las de Mijaín López y Julio César la Cruz, que les vinieron como anillo al dedo a los mandamases, en este momento de dramática crisis y descrédito.

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Cuba llevará 69 atletas a los Juegos Olímpicos, la delegación más pequeña desde 1968

Cuba, Delegación, Tokio 2020

MIAMI, Estados Unidos. – El Instituto Cubano de Deportes Educación y Recreación (INDER) confirmó este miércoles a 69 atletas para los Juegos Olímpicos de Tokio, a disputarse del 23 de julio al 8 de agosto próximos.

Según dio a conocer el portal deportivo Jit, la delegación cubana quedó finalmente integrada por 36 hombres y 33 mujeres que competirán en 15 deportes.

José Antonio Miranda, director de Alto Rendimiento del INDER, organismo que posee rango de ministerio, señaló que la Isla será representada en las disciplinas de atletismo (18), lucha libre y grecorromana (12), boxeo (7), judo (6), canotaje (5), tiro (5), levantamiento de pesas (4), tenis de mesa (2), voleibol de playa (2), natación (2), pentatlón moderno (2), taekwondo (1), gimnasia artística (1), ciclismo (1) y remo (1).

Se trata de la delegación más reducida que lleve la mayor de las Antillas en una cita olímpica desde México 1968. Desde aquella edición, la Isla siempre fue representada por más de 100 deportistas.

Cabe señalar que Cuba asistió a Río 2016 con 123 atletas, casi el doble de los que verán acción en Tokio.

Al igual que en las tres últimas ediciones, la armada cubana estará encabezada por el triple campeón olímpico de la lucha grecorromana Mijaín López, quien aspira a convertirse en el único gladiador en obtener cuatro medallas doradas.

De acuerdo con el propio José Antonio Miranda, Cuba aspira a sumar tres o más títulos y a mantenerse entre las 20 primeras naciones del mundo bajo el escenario de los cinco aros.

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Gobierno cubano apela a sus deportistas “estratégicos” para Tokio 2020

Delegación cubana a los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro (Cubadebate/Archivo)

LA HABANA, Cuba.- Cuba tiene el propósito de mantener la condición de “potencia olímpica” en los próximos juegos de Tokio 2020, donde se propone la meta de situarse entre los 16 mejores países participantes en ese evento, informó hoy un directivo del deporte de la isla.

De cara a ese objetivo y otros importantes eventos deportivos internacionales, 1500 competidores reciben seguimiento en las Escuelas Superiores de Formación de Atletas Cerro Pelado y Giraldo Córdova Cardín, explicó el director de Alto Rendimiento del Instituto de Deportes (Inder), José Antonio Miranda.

Entre esos deportistas hay 272 que son “estratégicos” de cara a los mejores resultados, y 29 están llamados a garantizar los propósitos en Tokio, declaró el directivo al portal deportivo Jit.

Asimismo indicó que para lograr esos resultados se conformó una fuerza técnica de 263 entrenadores y una reserva inmediata de 1163 talentos.

Miranda ratificó el objetivo “invariable” de los cubanos de retener el primer lugar en los Juegos Centroamericanos que se disputarán en el verano de 2018 en la ciudad colombiana de Barranquilla y consideró que se celebrarán en un contexto “más agresivo” que en los anteriores celebrados en Veracruz, México.

“Se trata del evento más importante del cuatrienio, en un escenario que ha cambiado en el área. Colombia es un ejemplo de ello. En el ciclo anterior fue el país que más avanzó. Sus resultados en los Juegos Panamericanos de Toronto y los Olímpicos de Río ejemplifican lo que vamos a enfrentar”, recalcó.

Otra de las proyecciones del movimiento deportivo de la isla se enfoca en los Juegos Panamericanos que se disputarán en Lima (Perú) en el año 2019, cita en la que los cubanos aspiran a reconquistar el segundo puesto perdido en Toronto 2015, según expuso el directivo.

Cuba participó en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 con una delegación de 123 atletas en 19 disciplinas deportivas y sus atletas ganaron 11 medallas, de ellas, 5 fueron de oro, 2 de plata y 4 de bronce.

(EFE)