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Una obsesión muy femenina

La cesta de productos para el cabello es uno de los mayores tesoros de Sahily (Foto: Ana León)

LA HABANA, Cuba.- Son tantos los problemas con que deben lidiar las mujeres cubanas a diario, que es imperativo mostrarse solidario cuando colapsan por algo aparentemente tan trivial como el hecho de no tener un champú de buena calidad para lavarse el cabello. El salario simbólico que perciben y la brega constante para proveer a los hijos son factores esenciales que abren una brecha enorme entre el deseo de cultivar ciertos placeres estéticos, y la posibilidad real de costearlos.

Sahily es cajera en el Banco Metropolitano y sabe que para trabajar con clientes es esencial mantener una presencia personal impecable. “Me dan uniforme, así que lo más importante es tener el cabello arreglado, la manicura hecha y llevar zapatos cómodos, pero que luzcan elegantes”, cuenta.

Sin embargo, lo que suena tan sencillo se convierte en un desafío cuando, luego de dar la vuelta a La Habana, descubre que no hay lo que necesita.

En el caso de Sahily, el problema principal es la irregularidad en el abastecimiento de productos de perfumería; especialmente porque no puede, aunque quiera, lavarse el cabello con cualquier champú. “He probado todas las líneas buscando la mejor opción, y solo me asienta el Pantene para cabello rizado (…) Ahora mismo solo hay en el hotel Manzana porque es nuevo; pero puede acabarse en cualquier momento”.

La joven explicó a CubaNet que durante algún tiempo la línea mantuvo cierta estabilidad en tiendas como Galerías Paseo, 3ra y 70 y dependencias hoteleras. Luego desapareció y no le quedó más remedio que depender de las “mulas” que traen mercancías desde Miami o México. Cada dos meses aproximadamente Sahily paga 30 CUC por champú, acondicionador y crema peinadora. Ello representa todo su salario mensual en moneda nacional, más la estimulación en divisa. Matemáticamente no puede permitírselo; pero al igual que casi todos los cubanos, ella “raspa” un extra y lo dedica a darse el único gusto del que puede presumir.

Escaparate con productos para el cabello en el hotel Manzana (Foto: Ana León)

Sahily es una de las pocas mujeres que posee cabello rizado-ondulado y así quiere conservarlo. Sus amigas le han sugerido que se acoja a la moda de la queratina; pero lo que le gusta a la joven es, precisamente, lucir diferente. Al igual que muchas damas profesionales y trabajadoras, no acepta tener que privarse de algo tan simple y personal como lavarse la cabeza con el champú y acondicionador que prefiere.

La necesidad y el costo de la belleza agregan una presión insoportable a la mujer cubana. Ese instante de satisfacción al mirarse al espejo, una vez concluido el arreglo matutino, y sentirse a placer consigo misma, se ha convertido en parte de la nostalgia. Las políticas económicas implementadas en Cuba conspiran abiertamente contra la autoestima femenina. Cualquier producto beneficioso para el cabello puede representar la mitad del salario que perciben las mujeres, y el precio de los servicios de peluquería son pavorosos.

No es de extrañar que en una cultura donde las féminas están adaptadas a colocar —en todo momento— las necesidades de hijos y cónyuge por encima de las propias, lo menos importante sea cubrir la canas, ir al gimnasio o comprarse algo lindo. Muchas mujeres considerarían que gastar 30 CUC en productos para el cabello es un derroche; pero cada vez que lo hace, Sahily se siente —según ella misma lo define— “con el poder de decidir algo en su vida”. En un país donde se dictan las costumbres y hasta lo que hay que comer, ello equivale a un gesto de liberación.