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La escasez de cemento afecta la calidad de las viviendas en Cuba

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LA HABANA, Cuba.- Casi existe consenso en el sentido de reconocer la mala calidad de las viviendas que se están construyendo en Cuba. Las dan por terminadas sin la totalidad de las instalaciones hidrosanitarias, a veces sin puertas en los cuartos, con deficiente pintura, y con filtraciones en las paredes cuando llueve.

Con independencia de la impericia de muchos de los obreros que laboran en las brigadas constructivas del país, hay un elemento innegable que impide el confort de las obras que se ejecutan, y en especial de las viviendas. Se trata de la escasez de algunos materiales de la construcción, entre ellos el cemento, el acero y la madera.

El caso más crítico es sin dudas el cemento, un producto vital para la fortaleza e integridad de las construcciones, y cuya producción ha caído en picada en los últimos años.

De acuerdo con cifras emitidas por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en el año 2018 el país produjo un millón 590 mil toneladas de cemento; en el 2019 la cifra bajó hasta un millón 334 mil toneladas; y ya en el 2020 la producción se redujo a un millón 15 mil toneladas. La crisis tocó fondo el pasado 2021 cuando solo se alcanzaron 700 mil toneladas de cemento.

Semejante situación ha llevado a que se busquen materiales alternativos al cemento, sobre todo para aquellas viviendas que se construyen a expensas de la producción local de los materiales de construcción. Una experiencia que, obviamente, no siempre aporta los resultados positivos que esperan las autoridades.

No hace mucho, por ejemplo, el Comandante de la Revolución, Ramiro Valdés Menéndez -devenido en máxima autoridad gubernamental para la minería, la energía eléctrica y las construcciones, después de pasar casi toda su vida reprimiendo y encarcelando a opositores- sugirió en la provincia de Villa Clara “la conveniencia de fomentar la construcción de techos de bóveda a partir de la utilización de ladrillos”. De esa forma se pretende minimizar las afectaciones que ocasiona la falta de cemento.

En una entrevista concedida al diario Granma, el ministro de la Construcción, René Mesa Villafaña, al preguntársele sobre las acciones de su organismo para mejorar la calidad de las construcciones, respondió que “La calidad de las construcciones, en particular en las viviendas, se inicia con el proyecto, que debe ajustarse a los recursos materiales y financieros  con los que cuenta cada territorio, que es donde se implementa la política de la vivienda y donde se materializa la calidad de la ejecución”.

Es decir, que el ministro reconoce, y al parecer lo da por inevitable, que en un territorio donde escaseen los materiales -en especial el cemento-, los proyectos que se ejecuten ya condenan las viviendas a ser de mala calidad.

Y la carencia de cemento también ha golpeado su distribución a través del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN), en cuyos puntos de venta adquieren el producto las personas que construyen sus viviendas por esfuerzo propio.

Ha trascendido que en el pasado 2021 un total de ocho provincias, más de la mitad del país, ofertaron una cantidad de cemento muy por debajo de lo esperado.

¿Las causas del incumplimiento?, pues problemas organizativos, falta de coordinación con comercio para incrementar las ventas, limitaciones en la capacidad de almacenamiento en las tiendas de materiales, así como indefiniciones en los precios a aplicar, tanto al producto como a la transportación.

Como vemos, una vez más los tentáculos de la burocracia y la centralización de las decisiones continúan arruinándole la vida al cubano de a pie.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Trabajador cubano de la Construcción: “Si hablas te come el león, y si no, también”

Juan Rodolfo Mariño Gregorich, trabajador de la Construcción

LA HABANA, Cuba. – Buscando una mejora salarial, el cubano Juan Rodolfo Mariño Gregorich abandonó su empleo estatal y se fue a trabajar al sector privado, donde generalmente hay mejor remuneración económica. Sin embargo, nunca esperó ser víctima de explotación laboral.

Mariño Gregorich fue contratado como operario por una Cooperativa de la Construcción radicada en el barrio La Corea, en el municipio capitalino de San Miguel del Padrón. La primera encomienda que recibió fue la reparación de cuatro garitas de una empresa estatal.

“Me dijeron que reparar cada garita valía 20 000 pesos, pero que debía compartir esa cantidad con el otro operario. Cuando la reparación ya iba al 50%, el jefe del grupo de esa cooperativa nos traslada [a otra obra] para hacer un baño desde cero”, explica el entrevistado. 

“Nos redujo el salario y cuando yo le reclamé nos dijo que él pagaba por el PRECONS II (Sistema de Precios de la Construcción), que es una explotación al trabajador. Por el baño nos pagó 1 600 CUP para los dos”, dijo.

Tras finalizar esa obra, cuenta Mariño Gregorich, el jefe les encargó la ejecución de una base para un tanque de agua. Sin embargo, ese dinero aún no lo han cobrado, denuncia.

De acuerdo con el constructor, en su área los pagos están invertidos: “El mayor porciento es para los que no están directamente en la producción”, explica. Además, lamenta que detrás de todo el proceso se encuentre el régimen. “Las cooperativas le rinden cuentas al Gobierno”, dice.

Asimismo, Mariño Gregorich refiere que su cooperativa dejó de pagarle unos 30 000 pesos cubanos por los trabajos realizados. Asimismo, considera que los cubanos están totalmente desamparados en materia de derechos laborales. “El trabajador cubano es como si estuviera en el Coliseo de Roma: si hablas te come el león, y si no, también”, termina. 

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Siguen los incumplimientos en la construcción de viviendas

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LA HABANA, Cuba.- A pesar de todos los problemas que ha afrontado la economía cubana en los últimos años, de los que no escapa el sector de la construcción, la creación de nuevas habitaciones en los hoteles que utiliza generalmente el turismo internacional ha ido en aumento.

Si analizamos el sexenio 2014-2019, de acuerdo con cifras emitidas por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), notamos que año tras año el número de habitaciones se ha incrementado. Por solo citar los extremos vemos que en el 2014 había 53 290 habitaciones; mientras que en el 2019 la cifra ya alcanzaba las 76 687 unidades.

Sin embargo, los planes de construcción de viviendas no han corrido la misma suerte. El año 2020, por ejemplo, reportó incumplimientos en el programa estatal de construcción de viviendas, y en la edificación de estas por subsidio a la población; este último de suma importancia al tratarse de las denominadas células básicas habitacionales, destinadas a las personas más vulnerables de la sociedad.

El programa estatal se cumplió al 92%, y el de las células básicas al 61%. Al cierre del 2020 se acumulaba un atraso de 12 201 células básicas, las cuales, paradójicamente, tenían su financiamiento asignado desde el 2012.

Trascendió igualmente que el país presentaba un déficit de viviendas ascendente a 862 879 unidades.

En días pasados apareció en el periódico Granma (“¿Cómo marchan las construcciones en medio de la pandemia y la intensificación del bloqueo?”, edición del 23 de agosto) una entrevista con el ministro de la Construcción, René Mesa Villafaña, en la que se dieron a conocer los incumplimientos durante el primer semestre del actual 2021. De un plan general de 44 652 viviendas a ser concluidas, solo se habían terminado 9 323, para un escaso 21%. El programa estatal alcanzó el 26%, mientras el de las células básicas se quedó solo en el 11%.

La calidad de las viviendas construidas en los últimos tiempos, por lo general, deja mucho que desear. En ocasiones las brigadas constructoras entregan las viviendas sin la totalidad de las instalaciones sanitarias, con filtraciones en las paredes, y sin la cantidad requerida de puertas y ventanas debido a la escasez de madera.

Muy vinculado con este asunto de la calidad de las viviendas, se supo por boca del ministro que el programa de rehabilitación -que comprende las reparaciones de viviendas y la eliminación gradual de las cuarterías- únicamente llegó en el semestre al 17%.

Otras fuentes han indicado que de un fondo habitacional de 3 946 742 viviendas con que cuenta el país, 1 452 852 se hallan en regular o mal estado constructivo.

En este sentido causó impacto un reportaje aparecido en el periódico Juventud Rebelde, con fecha 25 de julio de 2019, en el que se informaba que solo en la provincia de Granma había alrededor de mil viviendas con piso de tierra. Y todo eso sucedía cuando el mandatario Miguel Díaz-Canel Bermúdez anunciaba en ese propio año 2019 la creación de una Nueva Política de la Vivienda, que, según él, resolvería a mediano plazo el problema habitacional del país.

Desde hace tiempo las autoridades de la nación esgrimen una serie de factores que inciden en los incumplimientos de los planes de construcción de viviendas. Entre ellos, el éxodo de constructores estatales hacia el trabajo por cuenta propia, el déficit de los materiales de construcción, problemas organizativos, así como las dificultades con el traslado del cemento hacia las provincias orientales del país.

Mas, al constatar cómo avanzan las obras destinadas al turismo, cualquiera podría imaginar que también existe falta de voluntad para lograr el despegue de un asunto tan sensible para la población.

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La eterna falacia de la construcción de viviendas en Cuba

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LA HABANA, Cuba.- Los comunistas cubanos llevan más de sesenta años con sus gastadas promesas de un porvenir mejor, y achacándole al bloqueo su fracaso y desvergüenza. Y aunque en los últimos tiempos han pasado del discurso avieso a las frases rebuscadas con un barniz de patriotismo, disfrazados de demócratas con la finalidad de perpetuarse en el poder, ya son pocos los ilusos —esto es, personas dignas— que creen en ellos. Y es que las penurias del pueblo cada vez son peores y abarcan todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, mientras los dirigentes exhiben impúdicamente su obesidad en los medios.

En los últimos meses la situación económica del país se ha agravado con la mal llamada Tarea Ordenamiento y su extorsión monetaria, además de las nuevas medidas aplicadas en algunos viejos problemas. Tal es el caso de la escasez de viviendas, que el gobierno “revolucionario” nunca ha podido resolver, especialmente en la capital, donde hay una enorme cantidad de casas habitadas en muy mal estado, cuyos frecuentes derrumbes tienen consecuencias fatales para algunos de sus moradores. Las cifras oficiales sobre el déficit habitacional dadas en los primeros meses de 2019 eran de 929 695 inmuebles, de los que era necesario construir más de medio millón y emprender la reparación de los restantes.

Las redes sociales no cesan de informar la precaria situación de viviendas en que vive la población, los frecuentes derrumbes, las difíciles condiciones que soportan en los albergues las familias damnificadas, las trabas y dificultades que obstruyen los trámites requeridos para reparar o construir una vivienda. Para contrarrestar esas denuncias, los comunistas en el poder, que durante años han estado ajenos e indolentes ante el problema, ahora se muestran muy preocupados y han montado un gran teatro: un plan general para la construcción de viviendas, “una de las prioridades de Cuba”, en medio de una crisis económica y con una escasez total y absoluta de materiales de la construcción para el pueblo, pues estos son destinados en primer lugar a remodelar las residencias de la cúpula, y luego a construir o reparar hoteles y demás instalaciones turísticas, o cualquier otro rubro que les reporte dólares para sus arcas.

Sin embargo, en las reuniones realizadas por dirigentes del ramo y el gobernante Miguel Díaz-Canel al respecto, no falta el discurso triunfalista como el de Vivian Rodríguez Salazar, directora general de la vivienda: “El programa se cumple al 90 % e incluye los planes estatales, subsidios y por esfuerzo propio, este último con los mayores sobrecumplimientos”.

El 26 de noviembre de 2020, en videoconferencia realizada con los gobernadores, Miguel Díaz-Canel destacó el propósito de “ir avanzando en la creación de habitables agradables y funcionales, sobre todo en las comunidades agrícolas, que nos permitan tener mejores condiciones de vida para lograr atraer y motivar la afluencia de fuerza de trabajo hacia la producción de alimentos, que es hoy la tarea que en la economía decide”.

El señor gobernante se refiere a las casas de tabla de palma con cubierta ligera de zinc galvanizado o teja de asbesto cemento, que son las que se están construyendo en las comunidades agrícolas y para los damnificados de eventos meteorológicos, y que con las altas temperaturas que tenemos casi todo el año acumulan demasiado calor, además de ser las candidatas ideales para perder el techo al llegar el próximo meteoro. Una solución más práctica serían los tradicionales bohíos, con sus frescos techos de pencas de palma, pero ya se sabe que el bienestar de los ciudadanos nunca ha sido prioridad para el Estado castrista.

En la ciudad, el inconveniente es otro. “No es sólo lo caros que están los materiales: es que no se encuentran”, asevera Jesús, que anda buscando cemento para reparar los techos de su casa. “Todo empezó por una mancha amarilla. El albañil me aconsejó arreglarlos pronto, pero, aunque entonces había materiales, yo los encontraba muy caros”. Ahora se le han caído varios trozos de techo y las cabillas han quedado al descubierto, pero la situación se ha complicado y un saco de cemento, si lo encuentra, puede costarle 1 700 pesos, lo que le hace exclamar: “¡Se le ha perdido el respeto al dinero!”, una frase que se ha hecho muy común en estos días con la subida de precios provocada por el ordenamiento monetario.

A nivel mundial, los avances tecnológicos posibilitan que la construcción de viviendas sea cada vez más rápida y costeable, a la vez que las viviendas más confortables. También en la isla hay innovadores, como Johan Romero, que fabrica paneles para agilizar la construcción de viviendas y ahorrar materiales. Pero como siempre sucede, el gobierno cubano vio el filón cuando un empresario de Panamá se interesó por los paneles, y actualmente se están exportando a través de la Empresa de Producciones Varias de Yaguajay (en la provincia de Sancti Spíritus), a pesar de la propaganda gubernamental de que la construcción de viviendas es una prioridad en el país.

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El precio real de construir una casa en Cuba

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Construir una vivienda en Cuba implica grandes riesgo más que sacrificios (Foto P. Chang)

LA HABANA, Cuba. – “Si yo vendo esta casa en lo que me ha costado, nadie la compraría”, afirma el viejo Arturo al responder a mis preguntas sobre cuánto ha invertido en levantar con sus propias manos los 32 metros cuadrados de área habitable que aparecen registrados en el documento de propiedad, por el que además debió pagar un “extra” considerable —el equivalente a unos 500 dólares— para evitar enredarse casi eternamente en esa red de trabas y burocratismo que deberá enfrentar quien no pueda o no quiera ofrecer sobornos.

Arturo asegura haber puesto el primer bloque de su casa a mediados del año 2004, cuando un hermano que residía en los Estados Unidos le regaló 2 mil dólares para que comprara un terreno en Las Guásimas, casi en los límites de La Habana, y levantara, como él mismo dijera, “una choza de cuatro tablas con baño y cocina”, en un proceso constructivo que aún en el 2020 no ha podido concluir, a pesar de haber invertido unos 8 mil dólares ya en la compra de materiales, ya en los “arreglos por la izquierda” con la Empresa Eléctrica y con Acueducto para electrificar y llevar el agua potable hasta el lugar, o en la confección de los planos y su aprobación, en fin, en la legalización y ejecución de la obra.

No obstante, calcula Arturo que le faltarían al menos mil dólares más para terminar de desmontar y rellenar una parte del terreno donde aún existen los restos de otra construcción en mal estado, impermeabilizar techos, cercar, repellar los exteriores y pintar, con lo cual ya pudiera aproximarse al hogar que soñó algún día, humilde, pequeño, pero digno de ser llamado como tal. Una verdadera proeza en un país como Cuba donde cualquier cosa suele ser considerada por el régimen como un privilegio, de modo que llegar a tener una vivienda nueva y propia, pero sobre todo legal, es de seguro imposible incluso para un trabajador profesional que dependa exclusivamente de lo que ingresa como salario estatal.

Según Alain, hijo menor de Arturo, su infancia y adolescencia las ha pasado oyendo  a sus padres hablar de bloques, cemento, arena, cabillas (acero), del calvario para conseguirlos y del abuso de ir pagándolos cada día más caros en el mercado informal y con ello exponiéndose, como la mayoría de los cubanos, al decomiso de los materiales, incluso de la vivienda, y a otras sanciones que pudieran incluir la cárcel.

“Creo que la primera palabra que dije cuando empecé a hablar fue cemento (…), a veces tengo hasta pesadillas con la construcción (…), de que viene un inspector, locuras así (…), mi papá ha echado la vida en esta cosa que todavía no ha podido terminar porque también hay que tener dinero para comer, uno se enferma, yo mismo que soy asmático (…) quizás por esto mismo de crecer bajo el polvo (…), y cada día que pasa tardaremos más en terminar porque antes los bloques estaban a 5 pesos (CUP), a 3 los recuperados, y ahora ya van por 10 y hasta 15 (CUP) (…), el saco de cemento que estuvo por 3 y 4 fulas (dólares) hoy cuesta 12, 16, y esta casa, así chiquita y maluca se ha tragado unos cuantos sacos”, nos cuenta Alain quien además se lamenta porque, en vez de invertirlo en una casa que no ha podido terminar, su padre hubiera podido usar el dinero en “escapar de Cuba”.

La experiencia de esta familia es similar a la de muchas otras en la isla que han tenido que levantar desde cero la casa donde habitan, acudiendo a sacrificios personales, sin más ayuda que la que han podido agenciarse las más de las veces delinquiendo, es decir, sumergiéndose en ese laberinto de corrupción que marca el día a día de cualquier cubano.

No importa cuán apegado a la legalidad uno desee actuar, lo cierto es que resulta  prácticamente imposible comprar en los establecimientos estatales (rastros), donde al parecer no ha dejado de funcionar lo que algunos describen como “una verdadera mafia” que, por su persistencia y fortalecimiento a través de los años, todo indica que mantiene conexión con el entramado de corrupción que existe en las empresas estatales y en las instituciones del Gobierno desde donde serían controladas y protegidas, tanto así que solo de vez en cuando se escucha de un “explote”, es decir, de una redada policial o de una acción de la Fiscalía para terminar de una vez y para siempre con el contrabando en esos lugares.

“Después del tornado (que azotó La Habana el 28 de enero de 2019) hicieron un par de redadas en algunos rastros, no en todos, sacaron algunas imágenes en la televisión, vendieron materiales durante unos días, un poco de cemento, arena y bloques pero ya al mes todo volvió a como estaba antes (…), el bloque a 10 pesos (CUP), el saco de arena a 10 dólares (CUC) y así, todo fue paripé, puro paripé”, denuncia Fabiola, una mujer que dice llevar cerca de ocho años intentado concluir la reparación de la vieja casa que heredara de la madre pero, al no contar con ingresos además de su salario como ayudante de cocina en un hospital de la capital, depende absolutamente de los materiales que alcance a comprar en el rastro, algo que no sucede con frecuencia.

“Si compré tres o cuatro veces en los últimos cinco años creo que es mucho (…). Mi marido se la pasa persiguiendo a ver dónde hay un derrumbe por ahí para entonces ir y sacar ladrillos, polvo de piedra, trozos de cabilla, lozas (…), hay gente que se dedica a eso, y después cobra por los escombros, a ese punto se ha llegado en este país, a vivir como buitres (…), es un descaro total porque todo te lo venden en la misma puerta del rastro a sobreprecio y por ahí la policía ni se asoma (…), ahora todo es los coleros y los revendedores pero de la mafia de los rastros no dicen nada”, agrega Fabiola, e insiste en hacernos notar que en internet, en páginas como revolico.com y hasta en las redes sociales, se anuncian los vendedores de materiales de construcción pero ni la policía ni la prensa oficialista los menciona en medio de la actual cruzada contra “revendedores” y “acaparadores”.

Precisamente es el mercado informal de materiales para la construcción uno de los que poco o nada ha sufrido como consecuencia de los más recientes operativos policiales contra las “ilegalidades”. Con la salvedad de un par de decomisos en viviendas particulares y la detención de igual cantidad de choferes que transportaban algún tipo de árido y acero, los rastros no han vuelto a ser investigados ni cuestionados, como si lo que sucede allí fuese asunto resuelto o como si la cadena de “ilegalidades” apenas rodeara a las personas en la calle y no abarcara al sector estatal y a los organismos del Gobierno encargados de la producción, trasiego y comercialización.

Mientras revendedores de electrodomésticos y de alimentos disminuyen visiblemente  o enmascaran con diversas estrategias su presencia en plataformas digitales de promoción como revolico.com, quienes comercializan materiales de construcción se mantienen anunciándose sin tomar demasiadas precauciones, incluso han doblado los precios hasta en diez veces el valor que tenían a finales de 2019 y principios del 2020, sin que esta “curiosidad” suscite comentarios en los medios oficialistas.

Luego de indagar vía WhassApp con varios de los revendedores de materiales de construcción que operan en La Habana, hemos podido comprobar que una buena parte de ellos se siente confiada, asombrosamente segura, de que no sufrirán decomisos, incluso algunos ofrecen garantías de sus mercancías, y hasta proporcionan documentación “legal” donde certifican que han sido adquiridas en un establecimiento estatal donde quedará además registrada la compra, por si algún policía demasiado “entusiasta” decidiera salir a comprobar.

“Te lo ponemos en la puerta de la casa y te damos papales. Todo es legal (…), ¿qué policía ni policía?, esto es más legal que en el mismo rastro”, nos asegura uno de los vendedores, que además afirma ser “primera mano” y contar con los mejores precios del mercado.

“Nosotros tenemos de todo. Pide, que nosotros lo tenemos. Cualquier cantidad”, nos ha dicho otro de los anunciantes, achacando los precios excesivos a la alta demanda.

Pero todo parece indicar que no es exactamente así y que un factor más importante pudiera ser el hecho de que en las empresas productoras estatales, de modo informal, es donde se han establecido los altos precios de “primera mano”, aún cuando nunca se ha detenido la producción, pero la contingencia del tornado y las redadas policiales que le siguieron, posiblemente sirvieron de oportunidad  para un reordenamiento de precios del mercado informal, así como de sus principales gestores.

“Ya después que pasó el tornado y dejaron de prestarle atención a los damnificados, la situación en los rastros volvió a ser la misma de antes, aquí dejó de entrar materiales, a pesar de que se continuaba produciendo (…), lo que pasa es que de la misma fábrica sale para otros lugares, ellos han puesto el precio que les da la gana y hay cooperativas y particulares que los compran, porque las mismas empresas (estatales) los pagan a ese precio y es ganancia que queda entre ellos mismos, y a los rastros llega lo que sirve para justificar una parte del plan, son producciones de muy mala calidad”, afirma Yaumara, vendedora en un rastro de la capital.

“Parece que le han cogido el gusto a ganar bastante dinero de esa forma. Lo que hicieron fue quitar a los intermediarios que había en la calle y se pusieron ellos mismos a vender (…), primera mano con precios de tercera y cuarta, es un negocio redondo (…) y a los rastros mandan lo que nadie quiere, es un relajo, ya nadie se preocupa por lo que pasa aquí (en los rastros), el negocio ahora está bien arriba, esto es miseria”, afirma Héctor, también trabajador de un rastro.

Esta semana el saco de cemento en La Habana, tanto del gris como del blanco, había alcanzado precios exorbitantes. 16 dólares alguien ofrecía en revolico.com por una bolsa, mientras que una meseta de granito para fregadero de alta calidad, que antes era posible adquirir por entre 30 y 40 dólares, ahora sobrepasa los 150 y hasta 200 dólares, la de calidad mediana, así como los bloques se comercializan “clandestinamente”, cada unidad, nunca por debajo de los 60 centavos de dólar, de modo que una célula básica de cualquier vivienda, calculada para un mínimo de mil bloques, costaría la suma de 600 dólares, una verdadera fortuna para un trabajador estatal que apenas devenga entre uno y dos dólares diarios como salario.

Así las cosas, Arturo, ese pobre hombre que después de dieciséis años aún no ha logrado terminar de construir su casa, tal como están los precios de hoy y habiendo dejado de recibir la ayuda de su hermano después de que este falleciera en 2018, ya ha perdido toda esperanza de terminar la casa de sus sueños.

“Cuando me pongo a pensar en eso me da rabia conmigo mismo. Incluso he pensado en vender así como está y largarme de aquí”, es lo que Arturo respondió en voz baja, casi susurrando, cuando escuchó lo que dijo su hijo sobre el dinero malgastado, sin que para el joven significara ningún tipo de reproche contra su padre.

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Régimen cubano elimina subsidio a viviendas por “racionalidad y justeza”

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Estado cubano elimina subsidio a viviendas por “racionalidad y justeza”

MIAMI, Estados Unidos.- Pues bien, ahora el gobierno cubano eliminará los subsidios a las viviendas construidas por el Estado, según una nota publicada por Granma, como parte del “ordenamiento al que está abocado el país”, y en consecuencia con el Acuerdo del Consejo de Ministros 8641/2019, hecho público el pasado 29 de agosto en la Gaceta Oficial Ordinaria No. 62.

El artículo oficial, titulado “Racionalidad económica y justeza”, informa que “el precio de transferencia de las viviendas que el Estado construya y asigne a personas jurídicas y naturales es el costo presupuestado de la construcción, calculado a partir del sistema presupuestario de la construcción vigente”.

Santiago Herrera Linares, director de Asuntos legales de la vivienda del Ministerio de la Construcción, dijo a Granma que esto se trata de un tema de racionalidad y justeza, por lo cual los ciudadanos cubanos deben asumir el 100% de la construcción, conservación o reparación de sus hogares.

El régimen cubano cubría, desde 1985 y hasta este 29 de septiembre, día en que entra en vigor la nueva resolución, entre el 76 y 82% de las viviendas construidas por ellos, dijo el órgano oficial del Partido Comunista.

“Una vivienda media, de unos 60 metros puede costar entre 6 000 y 8 000 pesos cubanos, lo cual no es ni lejanamente el valor de lo que se ha invertido en ella. El Estado gasta una cantidad de dinero, pero ese no era el monto que abonaba luego la persona beneficiada, por tanto, se trata de buscar el justo medio, para que el Estado emplee todo lo que pueda en función de la conservación de la vivienda, de la solución del problema habitacional del país, pero que sea sobre bases racionales que permitan una sostenibilidad en el tiempo”, dijo a Granma Herrera Linares.

A esto se suma otra perla de Granma, quien asegura que “partir de lo previsto en el Acuerdo 8641/2019, una vez que el Consejo de la Administración apruebe la asignación de una nueva vivienda, conforme a la legislación vigente, se debe incluir el precio que ha de pagar la persona natural o jurídica por el inmueble, y las cuotas y mensualidades a abonar, las cuales se calculan tomando en cuenta los ingresos per cápita del núcleo familiar”.

En Cuba el salario medio es alrededor de 30 dólares al mes, casi 800 pesos en moneda nacional, sin embargo, en la Isla ese dinero apenas le da de comer a las familias cubanas.

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Viviendas en Cuba: plan anual de construcción se cumple solo al 8%

Viviendas en construcción

LA HABANA, Cuba.- De acuerdo con el discurso oficial, el Estado cubano le asigna una gran prioridad a la construcción de viviendas para la población. En ese contexto, la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó en diciembre pasado una Política Nacional de la Vivienda, calificada por el mandatario Miguel Díaz-Canel como integral, pues “tendría todo lo necesario para la recuperación del déficit habitacional en un período de diez años”. Un déficit que se calcula en 929 mil 695 viviendas.

Con el objetivo de chequear el cumplimiento de la referida Política, Díaz Canel orientó que su desenvolvimiento se analizara mensualmente en los Consejos de Ministros, y además que cada tres meses se brindara en los medios de prensa una información al respecto. Así, en su edición del viernes 3 de mayo, el periódico Granma publicó el trabajo titulado ¿Qué ocurre con la edificación de viviendas?, el cual analiza lo realizado hasta el primer trimestre del año.

El plan anual de terminación de viviendas, tomando en cuenta las construidas por fuerzas estatales como las edificadas por subsidios a la población, solo se cumple al 8%, cuando lo adecuado hubiese sido un cumplimiento de alrededor del 25%. Por otra parte, en el citado lapso se terminaron 293 viviendas menos que en igual período del año anterior.

Para colmo de males, la burocracia estatal alarga los trámites para otorgar la condición de habitable a las viviendas que se van terminando, con el consiguiente perjuicio para las familias que necesitan mudarse con prontitud, muchas de ellas afectadas por eventos meteorológicos, y viviendo actualmente en albergues colectivos sin las debidas condiciones de habitabilidad.

A lo que no se refiere Granma es a las causas que habrían motivado el mencionado incumplimiento. En primer término hay que destacar el elevado éxodo de fuerza de trabajo calificada  ̶ albañiles, plomeros, carpinteros y otros especialistas ̶  que afecta a las brigadas estatales de la construcción. Una estampida motivada en lo fundamental por los salarios poco estimulantes que reciben dichos constructores, buena parte de ellos encaminados hacia el trabajo por cuenta propia.

Es preciso considerar también la corrupción e ilegalidades en torno a la entrega de materiales de construcción a las personas que edifican o reparan sus viviendas por esfuerzo propio.

Por último, pero no menos importante, sobresale el déficit productivo de algunos materiales imprescindibles para acometer cualquier labor constructiva. Ha trascendido que, también al cierre del primer trimestre del actual 2019, la producción de cemento solo se cumplía al 78% del plan, el plástico reciclable al 66%, la madera al 44%, y el acero al 19%.

En el caso del cemento se han presentado problemas adicionales para su transportación hacia las provincias orientales del país. Razón por la cual, por ejemplo, territorios como Holguín y Santiago de Cuba clasifican entre los de peores resultados en la terminación de viviendas.

Todo hace indicar que el benjamín Miguel Díaz-Canel Bermúdez inscribirá también su nombre entre los dirigentes de la isla que prometieron metas a la postre incumplidas. No hay que olvidar que el Che Guevara, a inicios de los años sesenta, vaticinó que Cuba alcanzaría un desarrollo industrial que asombraría al mundo. Y después Fidel Castro predijo una producción de 10 millones de toneladas de azúcar en 1970, con lo cual la isla pagaría todas sus deudas.

Los pésimos resultados constructivos de este primer trimestre parecen darle la razón a los que siempre dudaron del transcurso de un decenio como lapso para solucionar la escasez de viviendas que afronta el país.




Fábricas municipales en Cuba: ¿Otra locura más?

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(radioangulo.cu)

LA HABANA, Cuba. – En días recientes, las trompetas de la propaganda castrista han difundido de manera insistente los más recientes pronunciamientos que sobre el álgido tema de la construcción de viviendas ha hecho el flamante presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Un mismo reportaje, que de manera cansona se repite a distintas horas en uno y otro noticiero nacional, se hace eco de una idea expresada por el Jefe de Estado en una reunión de burócratas de alto y mediano nivel: que cada municipio del país produzca, de manera cotidiana, los materiales de construcción necesarios para erigir una vivienda.

Las concepciones de este tipo no son nuevas en la prolongada y perniciosa existencia del socialismo caníbal en disímiles partes del mundo. En lo esencial, esta nueva idea publicitada por el señor Díaz-Canel no difiere de las que, en sus tiempos, enarboló en China Mao Dze-dong, todopoderoso dictador comunista de aquella tierra milenaria.

Recordemos la era macabra del “Gran Salto hacia Adelante” y, después, de la “Revolución Cultural” en el gigante asiático. Ese dilatado proceso se distinguió no sólo por purgas despiadadas y por arbitrariedades y sistemáticas violaciones masivas de los derechos humanos; también se caracterizó por medidas demenciales del más puro aventurerismo económico.

Una de las ocurrencias locas del “Gran Timonel” fue la de duplicar la fabricación de acero. ¿Cómo lograrlo? ¿Aumentando de manera dramática el número de plantas siderúrgicas? No; la idea era desarrollar en cada comuna producciones artesanales de ese metal. Conforme a esa concepción, los hambreados campesinos, cuando no estuviesen labrando la tierra, procesarían hierro en hornos caseros.

La peor característica del estatismo socialista son los efectos nacionales masivos que tiene cualquier desatino del mandón de turno. En países libres, si un inversor sufre un despiste, los efectos del error los padecerán él mismo y su compañía. Pero allí donde la economía es gerenciada por el ineficiente gobierno, cualquier locura es pagada por el conjunto de los ciudadanos. Y de manera catastrófica, según nos enseña la experiencia.

Es así que la ocurrencia de fabricar acero artesanal en China, se saldó con una monumental pérdida de tiempo y recursos. De paso, los mismos agricultores estabulados en las fatídicas comunas, donde se veían obligados a trabajar para el inoperante Estado, dejaron caer en picada la producción de alimentos, y la hambruna se enseñoreó del gran país.

Pero volvamos a Cuba: El concepto de fabricar materiales de construcción, pero hacerlo no en grandes plantas diseñadas y equipadas con ese fin, sino en pequeña escala, de manera artesanal, produciendo en cada uno de los 168 municipios del país lo necesario para erigir una casa, nos recuerda demasiado el “Gran Salto hacia Adelante”.

El reportaje de marras no nos informa sobre las reacciones que, en el público de burócratas que escuchaba a Díaz-Canel, tuvo esa iniciativa. Pero, sin haber estado allí, me atrevo a afirmar que se habrá levantado un coro en aprobación a lo dicho por el mandante de turno. No se trata de adivinar; es que eso es lo que, para desgracia de todos, sucede siempre en nuestra desdichada Cuba.

No parece descabellado suponer que los resultados de esta nueva intentona del régimen castrista sean contraproducentes. La idea de que existan 168 chinchales que produzcan materiales de la construcción apunta hacia un nuevo descalabro que, para no variar, sufrirán las costillas del obediente y tolerante —¡en demasía! — Liborio Pérez, personificación del pueblo cubano.

La idea de hallar de ese modo los medios para edificar 61,320 casas al año no pasará de ser una falsa esperanza. Ésta se unirá, en el recuerdo de los que tienen buena memoria, a la promesa mendaz que por primera vez formulara el fundador de la dinastía castrista en los lejanos sesenta: la de fabricar cien mil viviendas por año.

Así deberían valorarla los millones de compatriotas que carecen de un techo propio o que, cada vez que se acuestan a dormir, ignoran si podrán levantarse con normalidad o terminarán la noche ensartados en una cabilla o sepultados bajo toneladas de piedras, como el desdichado habitante del Cerro que hace pocos días se convirtió en la más reciente víctima de los derrumbes escenificados en esta capital que se cae a pedazos.




Subsidios y licencias de construcción: en el mar de la indolencia

(Foto cortesía del autor)

SANTA CLARA, Cuba.- Cualquier cubano que viva hoy en la Isla puede estar de acuerdo con la sentencia anterior. Pero cuando se trata del techo que da abrigo, entonces las connotaciones son mayores, y el gobierno actúa como perro de hortelano: no come, pero tampoco deja comer.

Con todo y que el sacrosanto Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba (con mayúsculas incluidas) publicó que al cierre de 2017 se terminaron 21 827 viviendas, ese número no sorprende a Ana Gloria, que ha desgastado sus zapatos en el engorroso trámite de obtener todos los materiales de construcción necesarios.

“Tanto trabajo he pasado que parece lo hicieran para ver si yo desisto. El problema es que mi casa es un derrumbe parcial, desde el huracán Matthew yo ando en este corre corre.  En tales trajines he conocido incluso a personas que se les han vencido los papeles esperando que aparezcan los dichosos materiales.”

El subsidio preestablece que una parte del dinero es como la libreta de cheques, pero es dinero que no ven los solicitantes. Apenas ven el que el estado entrega para que paguen al albañil. Se explica entonces que mi siguiente entrevistado me pida cambiar su nombre.

“Nosotros hicimos lo siguiente: mi esposa solicitó que yo fuera su albañil, pero en realidad fui el ayudante del que contratamos, y así no tuvimos que pagarle los 21 mil pesos que autorizan, lo que nos permitió echarnos algún dinerito en el bolsillo.”

Si resulta tan complicado el tema de los materiales de construcción y a algunos el dinero les alcanza a medias ¿por qué no esperar por las viviendas que ha prometido el gobierno cubano para los damnificados?

(Foto cortesía del autor)

Según el ingeniero Roberto Vázquez, director de Inversiones y Conservación de la Dirección General la Vivienda del Ministerio de la Construcción (Micons) el país necesita trabajar en el crecimiento interno de las ciudades, por la vía estatal o mediante un proceso combinado.

Pero él y también Hilario, con un mes apenas viviendo en su nueva casa, coinciden en la mala calidad de las viviendas que ha construido el gobierno.

“No es porque sea malagradecido, pero en mi juventud trabajé en la construcción, y ahora hacen muchas casas sin respetar las normas técnicas. Eso sin contar que como el estado paga tan mal a los obreros, ya no hay mano de obra especializada.”

El director de Inversiones y Conservación explicaba a una periodista de la prensa oficial que se han dado casos de edificaciones de cinco niveles a las cuales se les ha detectado desde el inicio problemas técnicos, pero siguen levantando pisos y el resultado es que se entregan con defectos.

Casi en la misma cuerda floja de Hilario, caminan Malena, “Meca” y los hijos de ambos.

“Nos otorgaron el subsidio para construir. El permiso es para construir una casa de dos dormitorios y hay que levantarla donde ellos (el gobierno) diga. A nosotros nos tocó subiendo el río, en las casitas cercanas al preuniversitario.”

La subida del río supone un problema, y quedó demostrado recientemente con las aguas que trajo consigo la tormenta subtropical Alberto. Malena resolverá en parte su problema de vivienda, pero con cada organismo meteorológico, tormenta o huracán, tendrán que salir huyendo. Eso sin tomar en consideración que dos dormitorios son insuficientes para su amplísima familia.

“Si queremos seguir construyendo tenemos que hacer lo demás con dinero propio, o mejor dicho, esfuerzo propio que es como le llaman los funcionarios de la oficina de Vivienda.”

Le muestro entonces el periódico oficialista Juventud Rebelde correspondiente al día de las madres de este año. En las páginas centrales un reportaje desde varias provincias orientales da cuenta del agradecimiento de algunas madres múltiples que han recibido viviendas por parte del Estado.

Malena sonríe y levanta del suelo al más pequeño de sus hijos.

“Eso será en el periódico Juventud Rebelde. Aquí no he sabido de nadie a quien le hayan entregado una casa hecha por tener más de un hijo.

Sin embargo, en el dominical, como se le conoce en Cuba a ese periódico de gobierno, las “agradecidas” se retratan junto a sus dos y algunas hasta tres hijos. Malena, que no sale en la foto, tiene cinco.




Construcción de viviendas en Cuba sigue en caída

Dos hombres recogen bloques de un rastro estatal (foto: cubadebate.cu)

LA HABANA.- Por onceno año consecutivo disminuye la cifra de viviendas construidas en Cuba. Según recoge la más reciente actualización estadística ofrecida por el gobierno de la isla, el pasado año se terminaron en Cuba un total de 21827 viviendas, lo cual equivale a 279 menos que el año anterior.

Según informa la Oficina Nacional de Estadísticas, única fuente autorizada a publicar datos de esta índole, del total de viviendas terminadas, 11 172 fueron realizadas por el estado mientras que 10 655 fueron las construidas por la población. Cabe destacar que en estas cifras no se recogen las viviendas que no cuentan con la documentación requerida o que se consideran rústicas.

Según el informe estadístico del 2016, en los últimos 20 años, el 2006 tiene el record de mayor cantidad de casas construidas con un total de 111 373 unidades. Sin embargo, de esa fecha en adelante la cifra ha ido en picada.

¿A qué se debe esto?

En una entrevista que este medio realizara a un administrador de un rastro (punto de venta de materiales de construcción en moneda nacional) quedó en evidencia que el “desabastecimiento y la irregularidad en el surtido de materiales es una de las principales barreras a la hora de poder construir”.

“Yo tengo más de diez años trabajando en el sector de la construcción” comenta el administrador, “y no puedo negar que en los últimos años es cuando más surtidos han estados los rastros; sin embargo, cuando no falta una cosa falta la otra, nunca está todo completo”, asegura el joven refiriéndose a que los materiales de construcción no son suministrados regularmente. “Lo mismo mandan hoy cemento y no vuelven a mandar hasta dos meses después, o entra una losa de piso de un color y el mes que viene entra otra de otro color, así que si te faltó alguna por poner ya no vuelves a encontrarla en el rastro”.

Esta irregularidad provoca, inequívocamente, el desespero entre la población que intenta construir sus viviendas, por lo que en muchas ocasiones acuden al soborno de administrativos y trabajadores de los ratros para que, una vez entren los materiales, sean separados y no puestos en venta.

“Aquí se ve de todo, desde la abuelita que solo quiere comprar unas cabillas para que le terminen una construcción, hasta el negociante que quiere separar una carga completa para el después revender”, asegura el administrador, del cual no publicaremos su nombre por motivos de seguridad.

Nosotros no contamos

“Mi hija, que vive en España, me ha enviado el dinero para poder hacer mi casita en un terreno que he comprado aquí en La Habana, pero conseguir los materiales es imposible”, dice Marisol Marcos, una santiaguera que lleva más de dos años intentando terminar una casa en el municipio Arroyo Naranjo.

“Comprarlos en las tiendas en CUC es imposible, los precios son astronómicos, por eso vengo al rastro para comprarlos, sin embargo, aquí nunca hay nada, o no mandan suficiente para la venta o los mismos trabajadores del rastro lo venden todo por fuera”, asegura Marisol.

La misma opinión tiene Antonio, un bodeguero retirado: “En los rastros todo lo que venden es criollo, casi todo de mala calidad o de terminados feos, y casi siempre están vacíos los rastros, sin embargo, los delincuentes siempre tienen materiales, claro está, a un precio mayor, que casualidad. Aquí cuentas los que tienen dinero, y mucho, eso de que esta revolución es del pueblo y para el pueblo es una mentira, aquí nosotros no contamos”.

Construir se ha vuelto una odisea para el cubano. Las pésimas condiciones de la industria en la isla, la mala calidad de los productos que suministra el Estado para el ciudadano promedio, y el vandalismo que provoca la escasez son frenos indiscutibles en el sector.