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Cuba: mucho invento y poca ciencia

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LA HABANA, Cuba. — El 15 de enero, según la mística castrista, se celebra el “Día de la Ciencia Cubana” para conmemorar el discurso de ese día del año 1960 en que Fidel Castro dijo: “Cuba debe ser en el futuro un país de hombres de ciencia y pensamiento”.

El grandilocuente y megalómano Comandante inauguró universidades y centros científicos que, según él, ubicarían a Cuba al más alto nivel. Seríamos, dijo, capaces de producir tanta leche que llenaría la Bahía de La Habana, más mantequilla que Holanda, y ganaríamos más de 3 000 dólares de salario mensual.

Hoy, los niños mayores de siete años no pueden tomar leche, no hay mantequilla en el mercado, y el salario promedio mensual no supera los 50 dólares mensuales.

Recientemente, el gobernante designado, Miguel Díaz-Canel, en una reunión con científicos se preguntaba: “¿Cómo logramos construir esa conciencia de que hay que ir a la investigación científica, a la innovación que es el objetivo del sistema de ciencia e innovación como pilar de la gestión del gobierno?”

La respuesta a esa pregunta está en el refranero popular: “Una cosa piensa el bodeguero y otra el cliente”.

¿Qué pasa con los centros de investigación científica, como el de la caña de azúcar, el del ganado vacuno, pastos y forraje, por solo citar algunos?

El Centro de Gestión de Información y Desarrollo de la Energía (CUBAENERGÍA), enfocado en los sistemas electro energéticos de la Unión Eléctrica e investigaciones básicas y aplicadas, no evitó que no se le diera  mantenimiento a la “malla Faraday”, protectora de la base de supertanqueros en Matanzas, y todos sabemos el final del cuento de la caída del super-rayo y el incendio consiguiente en el mes de agosto del pasado año.

El Instituto de Ciencia Animal, fundado en 1965, se dedica al desarrollo de la ganadería cubana. Pero, ¿de qué desarrollo de la ganadería se puede hablar si no hay vacas ni toros y hasta los mugidos están racionados?

¿Qué quedó del plan genético Niña Bonita? ¿Y de las vacas F-1, F-2 y F-3 (la F por Fidel), ese cruce de las razas Holstein y Cebú, que daría una vaca superior, representada en Ubre Blanca, aquella  líder de la asociación de vacas amigas de Mozart, Schubert y Carrier (por lo del aire acondicionado)? Ahora no hay ni un vasito de leche, ni una lasquita de carne.

El Instituto de Investigaciones de la Caña de Azúcar (INICA), creado en 1964, estudiaba las tecnologías, equipos y servicios para las necesidades del cultivo de la caña de azúcar.

¿Y de que sirvieron los consejos de Mongo Castro de cortar la caña a tres trozos si ahora solo hay caguazo?

En la zafra de 1952, a mocha y con carretas tiradas por bueyes, se produjeron ocho millones de toneladas. En las zafras de los últimos años a duras penas se sobrepasa el millón de toneladas, y a veces ni eso.

Hemos pasado de primer productor de azúcar a importar azúcar para poder dar tres libritas al mes  a cada cubano por la libreta de racionamiento.

Hace doce años,  cuando Díaz-Canel, el presidente designado, era Ministro de Educación Superior,  anunció que se habían graduado un millón de estudiantes universitarios.

¿Cuántos graduados hay ahora? ¿Dónde están? ¿A donde fueron esos graduados universitarios, Máster y Doctores en Ciencia? La mayoría fueron víctimas del “robo de cerebros” de los países capitalistas desarrollados; o más bien fueron actores de una gozosa fuga de cerebros que ahora enriquece a Miami, Montreal, o Londres, con ingenieros, paramédicos, físicos y agrónomos.

De los miles de graduados del Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de Bayamo solo quedan tres en Bayamo.  Uno es vigilante nocturno y los otros dos ahogan sus penas en la barra del Bar Saltapatrás, añorando lo que pudieron ser y no fueron.

Estoy a favor de la innovación y la ciencia. Sugiero al presidente designado que en vez de repartirse doctorados entre él y su esposa (nada más oportunista, dada su posición), dé espacio a los científicos empíricos, esos que generan lo que el pueblo necesita.

¿Como es posible que un talabartero, un ponchero o un alquimista sin libro provean de queso a los más distinguidos restaurantes privados de La Habana desde su escondrijo en un marabuzal usando una lavadora doméstica, sostengan el sistema privado de transporte público con los almendrones, o fabriquen pintura contra la corrosión, mientras que los científicos no logran cumplir sus cometidos ganaderos y lácteos, de organización y planificación del transporte, o de soluciones químicas para mejorar el acabado exterior de nuestras edificaciones?

Los científicos e innovadores son importantes, y los felicitamos este 15 de enero. Pero más importante es la libertad económica, la libertad de pensamiento, y sobre todo, la libertad para poder crear un país diferente, mejor.

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Esperanza Aguirre: el castrismo ha sido “una catástrofe política, moral y humana”

Esperanza Aguirre, Cuba, Castrismo

MIAMI, Estados Unidos. — La jurista y política española Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid entre 2003 y 2012, realizó duras críticas contra la dictadura castrista, que este primero de enero cumplirá 64 años.

En un artículo publicado en el diario independiente español The Objective, Aguirre analizó el recorrido del régimen cubano en las últimas décadas, así como el nefasto legado de Fidel Castro a las nuevas generaciones de cubanos.

“El próximo día 1 los comunistas cubanos celebrarán que ya llevan 64 años en el poder, en un poder absoluto y dictatorial que tiene sojuzgados y sometidos a los más de 11 millones de cubanos y que ha obligado a exiliarse a cerca de dos millones, lo que supone que un 20% de los cubanos han sido obligados a vivir fuera de su país por esa dictadura que no tiene parangón en el mundo. Una cifra que por sí sola ya valdría para descalificar rotundamente al comunismo que allí implantó Fidel Castro”, señaló la exfuncionaria en su columna.

Aguirre, quien ejerció como presidenta del Partido Popular de la Comunidad de Madrid entre 2004 y 2016 destacó que el castrismo ha dejado a Cuba en una “una catástrofe política, moral y humana sin paliativos”.

La exfuncionaria sostuvo que los cubanos no solo carecen de bienestar económica producto de la mala gestión del régimen de la Isla, sino que también continúan privados de libertades básicas fundamentales.

“Aparte del fracaso absoluto en lo económico, la peor consecuencia de la dictadura castrista es la represión absoluta de las libertades”, sentenció Aguirre.

Según la jurista, los números muestran a las claras el fracaso del régimen cubano, incapaz de mejorar la situación en que vivían los cubanos antes de 1959.

“Cuando el 1 de enero de 1959 Fidel Castro y su gente se hacen con el poder, el PIB per cápita cubano era similar al español. Hoy el español es más de tres veces mayor que el cubano, y eso que, como hemos visto, el 20% de los cubanos están fuera de la isla. Demostración indiscutible del fracaso del socialismo real”.

En ese sentido, Aguirre añadió que “la diferencia de resultados económicos es tan abismal que no merece la pena perder el tiempo en glosar esos datos tan fríos como elocuentes”.

Además de sus responsabilidades en la Comunidad de Madrid durante las últimas décadas, Esperanza Aguirre fue también ministra de Educación y Cultura entre 1996 y 1999 y presidenta del Senado entre 1999 y 2002, por lo que es considerada una de las figuras políticas con mayor peso en la historia reciente de España.

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La Revolución se extingue y Raúl Castro reaparece

Raúl Castro

LA HABANA, Cuba. – Al cierre de uno de los peores años que ha sufrido Cuba, en la segunda jornada del X periodo ordinario de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), donde se ventilarán asuntos y tomarán decisiones sin contar con el criterio directo de los ciudadanos cubanos, ha reaparecido Raúl Castro entre los aplausos de quienes levantan la mano por unanimidad para refrendar el continuismo ruinoso que promete un caótico 2023, pese a los vaticinios del comediante, perdón, gobernante, Miguel Díaz-Canel.

El anciano dictador, a sus 91 años, se encuentra retirado de la vida política. No ostenta ningún cargo que amerite su presencia en las reuniones del Parlamento, ni tiene información relevante que aportar; pero una vez más, como en mayo pasado, se deja ver por los diputados. El último símbolo de la Revolución fallida, y de la familia que ha gobernado la Isla a base de represión, hambre y nepotismo, cree que su presencia en los cónclaves donde se debate el futuro del país puede funcionar todavía como un recordatorio de que hay que mantenerse anclados al estalinismo. 

Los herederos del castrismo, sin embargo, tienen otros planes. Todos anhelan vivir como millonarios sin tener que esconderse como lo hacían sus padres y abuelos; pero sin renunciar a utilizar la carga semántica de la “Revolución Cubana” para sus propios fines, o un fuerte despliegue represivo cuando las circunstancias así lo requieran. 

Raúl Castro es un bluff para que esa parte de la población que aún cree que los “históricos” sirven para algo, se mantenga bajo el influjo hipnótico del proceso, en un estado de muertos vivientes a la espera del menor estímulo, ya sea un paquete de pollo, tres libras extras de arroz, un magro costillar de lo que sea, o una botella de ron.

Mientras la Revolución renquea al compás del hermano menor del caudillo, la Asamblea Nacional está lista para aprobar, entre otras, una “Ley de Expropiación por razones de utilidad pública o interés social”, en virtud de la cual podrán despojar de su patrimonio a ciudadanos incómodos para el régimen, o a inversionistas extranjeros que, llegado el caso ―y siempre llega―, se muestren reluctantes a dejarse extorsionar en nombre del socialismo.  

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Un país en ruinas y un éxodo sin precedentes: el “legado” de Fidel Castro a seis años de su muerte

Fidel Castro, Cuba, La Habana

MIAMI, Estados Unidos. — A seis años de la muerte de Fidel Castro, Cuba, país que convirtió en su gran feudo, se encuentra sumida en una crisis sin precedentes, marcada, además, por el mayor éxodo masivo en décadas.

El fracaso del sistema instaurado por Castro en 1959 es la respuesta a la situación que se vive hoy en la Isla: represión, escasez de alimentos, ruina productiva, merma cualitativa de los sistemas de salud y educación, declive del deporte, entre otras.

Cabe señalar que Cuba pasó de ser uno de los países más avanzados de América Latina a convertirse en un reducto comunista carcomido por décadas de estancamiento. De hecho, buena parte  de la infraestructura que hoy exhibe en la Isla fue construida previo a la llegada del castrismo al poder.

Atardecer en La Habana
La Habana no es ni la sombra de la ciudad que recibió a Fidel Castro en 1959 (Foto: Wikimedia Commons)

Seis décadas después del triunfo barbudo, los cubanos no tienen alimentos para garantizar una alimentación decente, a pesar de que en la década de los sesenta del pasado siglo el mandamás prometió a sus compatriotas leche, carne y granos en abundancia.

En los 47 años de mandato de Fidel Castro, fracasaron en la Isla todos los planes para producir alimentos, al punto que todavía en la actualidad el régimen admite que debe acudir a las importaciones para satisfacer las necesidades del país.

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Comprar alimentos en La Habana suele significar hacer largas colas que los ciudadanos suelen organizar (Foto: Werner Holt)

La Salud Pública y la Educación, dos de los frentes priorizados por el Comandante, muestran a las claras la decadencia e inoperancia del sistema. Los hospitales de la Isla exhiben un avanzado grado de deterioro; escasean también en Cuba los medicamentos y otros insumos necesarios para quienes precisan de atención médica.

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Hospital en Santiago de Cuba (Foto: CubaNet)

En el caso de la Educación, Cuba sigue formando profesionales competentes, pero en las aulas escasean los maestros y las escuelas carecen de las condiciones para garantizar la enseñanza. La llamada escuela en el campo, otra de las creaciones del laboratorio fidelista, demostró ser insostenible y fue cancelada por su hermano Raúl hace varios años.

Fidel Castro, Cuba
Fidel Castro en la inauguración de una escuela en el campo (Foto: Fidel, soldado de las ideas)

El Deporte tampoco escapa a la decadencia del castrismo. En los últimos años, cientos de atletas han abandonado la Isla en busca del profesionalismo, ese que Fidel Castro siempre quiso desterrar de Cuba y que denominó “deporte mercachifle”.

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Yordan Álvarez, Yuli Gurriel y Aledmis Díaz (Foto: La Vida Baseball)

A nivel de infraestructura, Cuba es un país “arrasado” que exhibe un elevado déficit de viviendas y un pobre estado del fondo habitacional. Solo en la capital se han registrado cientos de derrumbes (parciales o totales) en los últimos años. Eso sí, se han construido decenas de hoteles en costosas inversiones llevadas a cabo por todo el país.

derrumbe Cuba La Habana
Derrumbe en La Habana (Foto de archivo/CubaNet)

La industria azucarera “no existe” y buena culpa de ello la tuvo el mandamás castrista cuando, en un evidente error de cálculo, de esos que no reconoce la prensa oficial, mandó a desmantelar la mayoría de los centrales de la Isla desconociendo, de golpe, las utilidades de esas industrias no solo en la producción de azúcar, sino en el vida y desarrollo de comunidades enteras.

Vista del Central Hershey en 2012 (Foto: Polina Martínez)

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¿Todavía se reverencia el nombre de Fidel?  

Fidel Castro, Eduardo García Delgado

LA HABANA, Cuba. – ¿Cuántos escribirían hasta hoy el nombre de Fidel? ¿Quién puede decir que no lo escribió jamás? ¿Cuántos no trazaron en una blanca cuartilla el nombre de Fidel Castro? ¿Quién no emborronó papeles con esas cinco letras en los últimos 60 años? Creo que ningún cubano podría decir que no lo hizo; lo mismo en La Habana que en Madrid o en Miami, incluso más allá. El nombre de Fidel se pronuncia en cualquier parte; unas veces acompañado de alabanzas y otras de diatribas. El nombre de Fidel es parte de la iconografía mundial, pero algunos trazados de ese nombre son más “simbólicos” que otros.

Algunas de esas escrituras del nombre de Fidel resultan patéticas, y otras dan la impresión de estar bien cerca de la farsa, y están también esas que no van más allá del sainete. ¿Quién no recuerda aún aquellos “icónicos” trazos en una pared del barrio? ¿Quién no recuerda la escritura y ponderación de esos rasgos en las paredes de cualquier ciudad cubana? Y es que el nombre de Fidel se ha escrito en todas partes, en los lugares más sorprendentes; en una muy visible pared aparece como alabanza, pero también en la pared de un baño público, donde huele mal y se tornan más insanos los adjetivos que cualifican.

El nombre de Fidel aparece en las más sorprendentes geografías, pero hay una escritura de su nombre que el discurso oficial privilegia por encima de todas las demás y desde hace mucho; y es esa a la que Nicolás Guillén dedicara unos versos exaltados, reverenciosos. Son dedicados los versos de Guillén a esos trazos escritos con sangre, y en una pared, que hiciera un moribundo, esos que tantas veces mencionan los ideólogos de la tal “Revolución”. Un hombre moribundo que se llamó Eduardo García Delgado escribió con su sangre el nombre de Fidel, después de ser abatido por las balas. 

Y siempre me pregunto si quienes miraron ese nombre escrito con sangre en una pared, notaron también el equilibrio en sus trazos, la ecuanimidad de la caligrafía que consiguiera ese hombre a punto de morir. Yo nunca he muerto, pero tengo la certeza de que no conseguiría una noble caligrafía mientras entro, definitivamente, a la muerte. ¿Cómo puede alguien escribir con sosiego y cuidadosa caligrafía el nombre de Fidel Castro tras recibir un tiro?  

Yo no podría escribir, ni siquiera hoy y después del paso del tiempo, el nombre de mis padres y abuelos sin que me acose ese sobresalto que acompaña a la muerte que se va concretando y que se hace cierta, irrefutable, irrevertible, definitiva. Me pregunto con qué pulso, con qué ecuanimidad, puede escribir un nombre el moribundo. ¿Cómo untar de sangre el dedo para escribir luego, y conseguir un trazo amable, casi remedando la caligrafía Palmer? 

Sin dudas existen situaciones en las que resulta ridícula esa fatua grandilocuencia, esa supuesta “exaltación del espíritu”. No tengo noticias de que un cristiano escribiera con su sangre el nombre de Jesús, antes de entrar a la muerte, con trazos que hicieran reconocible el nombre del hijo de María; sobre todo si somos capaces de reconocer que la antesala de la muerte es siempre ominosa, aciaga, aunque al parecer, y para los comunistas, es otra cosa.

¿Qué nombre escribiré yo? ¿Qué nombres me vendrán a la cabeza en ese instante crucial? ¿Tendré tino, equilibrio, para conseguir un trazo sereno? No consigo entender que el hijo de alguien escriba el nombre de Fidel en ese instante, y no el nombre de su madre, sobre todo si se trata de una buena madre. ¿Acaso no le vino a la cabeza el nombre de la Patria? Cuba tiene dos vocales, dos consonantes, y es más fácil de escribir que Fidel. Escribir Fidel lleva más sacrificio, ¿es más sacrificial? Mirando este asunto no consigo dejar de pensar en un sacrificio-ritual, y que se nos presentó a una víctima con la esperanza de legitimar un nuevo periodo de venganzas.

Con esa escritura sobre la pared intentan convertir al sacrificio en una especie de martirio nuevo, aun cuando los comunistas encarnen el Anticristo. Y después que el joven escribiera “Fidel” en una pared, y con su propia sangre, llegaría Guillén con unos versos para fijar en el martirologio nacional el nombre de ese moribundo que escribió el nombre de Fidel. Pero lo trascendente aquí no es el muerto, lo trascendental aquí es lo que escribió el moribundo, y el moribundo, mientras desandaba el camino hacia la muerte, escribió “Fidel”, y con exquisita caligrafía, con recio pulso, y muy ecuánime. 

Habría que buscar en el martirologio cristiano, que es de allí de donde debieron copiar, cuantos escribieron “Jesús” antes de cerrar los ojos para siempre. Y no dudaría que en breve se repita la historia. Podría escribirse otra vez el mismo nombre, pero en circunstancias diferentes, quizás inventadas, teatralizadas, para “reafirmar” que hay un pueblo fidelista, para legitimar las represiones, y otra vez Fidel será el culpable, el nombre escrito en algún sitio del cuerpo.

La animosidad de la casta castrista será entonces la culpable de los muertos, y otros serán los que escriban el nombre de Fidel. Y creo que no serán los alabarderos del poder quienes escriban entonces el nombre de Fidel. Si se traza, letra a letra, el nombre de Fidel, esta vez podría ser en el cuerpo de sus muertos, en el de sus víctimas, para culparlo por las muertes, esas que podrían llegar pronto y en su nombre, porque sin dudas el poder está dispuesto a todo para mantener sus “potestades”. 

El poder no se cansa de amenazar y, advierten sus adláteres, que no se quedarán de brazos cruzados. Estos muertos de la Patria, que podríamos ser muchos de nosotros, serán fruto de la represión de un poder infausto. Cualquiera de nosotros podría ser una de las víctimas, podríamos ser los muertos. Lo más probable es que se vuelva a trazar con sangre el nombre de Fidel, pero creo que no será un muro el que exhibirá ese nombre. Lo más probable será que cada muerto de la Patria exhiba el nombre de Fidel; quizá en la frente, en un brazo, probablemente en el pecho, o tal vez en el mármol de sus tumbas.

Cada muerto podría lucir el nombre de Fidel, pero no como homenaje. El nombre de Fidel fijado en la piel del que murió en la cárcel, y en la del que quedó inválido después de una paliza horripilante. El nombre de Fidel en los cuerpos que las aguas del Atlántico se tragaron tras aquel intento de llegar al Norte. El nombre de Fidel en la maldita circunstancia del agua por todas partes, de esa, la circunstancia de Virgilio Piñera. El nombre de Fidel sobre cada una de las muestras del horror y de la muerte. El nombre de Fidel en cada uno de sus estropicios.  

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Cuba y la colonización cultural castrocomunista

Alpidio Alonso Cuba cultura

LAS TUNAS, Cuba. — Este jueves, cuando debía permanecer de luto, la cultura cubana está de fiesta en la isla; cual payasada histórica, maximizada por un espejo burlesco, mostrándonos uno de sus colmillos de caníbal. Otra vez, como cada año, aparece el decreto del difunto Fidel Castro declarando “Día de la Cultura Nacional” el 20 de octubre. Así fue como un régimen totalitario que desde bien temprano prohibió todas las manifestaciones libertarias, pretendió rendir homenaje al himno nacional y a su autor, Pedro “Perucho” Figueredo, fusilado por el colonialismo español del mismo modo que desde el año 1959, y hasta el día de hoy, la dictadura castrense asesina, encarcela o destierra a sus opositores.

Y no es casualidad que este 20 de octubre coincida con una proclama que desde hace varios días artistas, intelectuales, periodistas y una variopinta fauna de amanuenses han firmado, negando que en Cuba se reprimen las libertades individuales y los derechos civiles todos. Sobre esos rubricantes del totalitarismo castrocomunista nada tengo que decir cuando respecto a ellos José Martí ya dijo: “Todas las tiranías tienen a mano uno de esos cultos, para que piense y escriba, para que justifique, atenúe y disfrace: o muchos de ellos, porque con la literatura suele ir de pareja el apetito del lujo, y con este, viene el afán de venderse a quien pueda satisfacerlo. Por casa con coche y bolsa para queridas vende la lengua o la pluma mucho bribón inteligente”.

La colonización de la cultura cubana —entiéndase la conversión del folclor de un país libre en el carácter dependiente, y la sumisión de una nación a un régimen totalitario— data desde el mismo año 1959, cuando el castrismo tomó el poder. Unas veces de forma encubierta y otras públicamente, el régimen vulneró las libertades de los ciudadanos; pero no fue hasta el 30 de junio de 1961 que el entonces primer ministro, Fidel Castro, definió su “política cultural” en la Biblioteca Nacional diciendo a un grupo de escritores y artistas allí reunidos: “Dentro de la revolución, todo; contra la revolución, ningún derecho. Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y los escritores. Este es un principio general para todos los ciudadanos”.

Llevará años investigar, cuantificar y calificar los daños causados a la nación cubana por esa sentencia castrista, que prosigue cumpliéndose rigurosamente hasta el día de hoy. Para comprender esos delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura castrocomunista por más de 60 años, es imperioso conocer que, desde el punto de vista antropológico, el término “cultura” tiene dos significados:

1) La capacidad humana, evolucionada, para clasificar y representar la experiencia a través de símbolos y actuar de forma creativa, imaginativa.

2) Las diferentes maneras en que las personas viven en distintos lugares del mundo, representando sus experiencias desde puntos de vistas creativos, estéticos.

La Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural de la UNESCO expresa que la cultura “debe ser considerada como el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.

Luego, la cultura de una nación no son sólo la literatura y las bellas artes (danza, escultura, pintura, música, poesía, arquitectura, oratoria). La cultura de una nación no la hacen sólo sus escritores, pintores o músicos; sino que un pueblo lleva la cultura de ser en sí mismo para definirse como nación.

Cuba es el Himno de Bayamo, la bandera de Narciso López y el escudo de la llave del golfo; pero también es lechón asado, congrí y yuca con mojo; es música de cámara y tambor; es la elocuencia de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, y es el verbo encendido de José Martí. Cuba es choteo y dicharacho, y vista así la cultura cubana, plural, es que podemos entender cómo y por qué fue destruida por gente antinatural, empingorotada como son los mandamases castrocomunistas, reconocibles aun en la más absoluta oscuridad por sus palabras tiesas, como salidas de un troquel. Ojalá más temprano que tarde, sin hipocresía, podamos rendir homenaje a Perucho Figueredo y a todos los que dieron la vida por una Cuba libre que sigue colonizada. Ojalá.

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El castrismo no puede con la historia

Castrismo, Cuba, Cubanos, Martí

LA HABANA, Cuba. — Siempre que el almanaque indique que se transita por los primeros días del mes de octubre, la propaganda castrista se apresta a resaltar a su manera dos fechas que marcan hitos en nuestra historia. Nos referimos a la presentación del Comité Central del Partido Comunista en 1965 y al lejano 10 de octubre de 1868, cuando Carlos Manuel de Céspedes dio inicio a las luchas por la independencia nacional.

Veamos, mediante un reciente trabajo periodístico aparecido en el diario Granma, cómo el discurso castrista interpreta ambos acontecimientos: “Así como la Revolución en Cuba es una sola desde el 10 de octubre de 1868, cuando Carlos Manuel de Céspedes encendió la llama independentista en La Demajagua, el Partido Comunista de Cuba es heredero del Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí en abril de 1892, para guiar el mismo anhelo del Padre de la Patria” (“En el corazón de Cuba vive su Partido”, edición del 3 de octubre).

Se trata, evidentemente, de otra muestra de la manida estrategia castrista por presentar el pasado de forma tal que legitime el actual estado de cosas en la Isla. Son argumentos que los gobernantes se afanan en recalcar en las mentes de sus incondicionales, pero sobre todo en la conciencia de las nuevas generaciones. Son argumentos que se desmienten con facilidad por cualquiera que posea conocimientos elementales de nuestra historia y que realice un análisis desapasionado de los hechos.

No es posible equiparar una gesta permeada de la ideología liberal, que entre otras características se alzó sobre una Constitución que estableció una clara y saludable separación entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial —de ahí la deposición del propio presidente Céspedes en un momento dado—, y que, además, reconocía las libertades individuales, con otra revolución que anuló esas libertades y donde el poder real recaía en una sola persona.

Por tal motivo es absolutamente falso que la Revolución en Cuba haya sido una sola. Hubo una Revolución de corte liberal comenzada en 1868 y después una dictadura marxista-leninista a partir de 1959, alejada por completo de los preceptos liberales de personalidades ilustres de la talla de John Locke o el Barón de Montesquieu.

No menos desafortunada es la idea de emparentar el Partido fundado por Martí en 1892 con el actual Partido que gobierna y oprime a los cubanos. Comencemos por ver lo que dice el Artículo cinco de la actual Constitución de la República: “El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista, marxista y leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”.

Y ahora examinemos las Bases del Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí. Específicamente apreciemos lo que expresa su Artículo 5: “El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere la Isla como su presa y dominio, sino preparar, con cuantos medios eficaces le permita la libertad del extranjero, la guerra que se ha de hacer para el decoro y bien de todos los cubanos, y entregar a todo el país la patria libre”.

La diferencia es clara y raigal. Mientras que los actuales gobernantes de la Isla mantienen un Partido — falsamente autocalificado como democrático— de manera permanente para dominar a toda la sociedad, el Apóstol de nuestra independencia fundó un Partido únicamente para organizar la contienda contra los colonialistas españoles. Una vez concluida esa gesta no hacía falta el Partido, pues la patria sería de y para todos.

Está claro entonces que, aunque le pese al castrismo, jamás habrá conexión hereditaria entre ambas agrupaciones políticas.

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A 154 años del “Grito de Yara”, Cuba sigue siendo esclava

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LAS TUNAS, Cuba. — Hoy se cumplen 154 años del “Grito de Yara”, el alzamiento en que el abogado y hacendado Carlos Manuel de Céspedes liberó a sus esclavos en el ingenio La Demajagua, el 10 de octubre de 1868, dando inicio, con la primera acción bélica en el poblado de Yara, a las tres guerras que los cubanos libraron por su independencia contra el colonialismo español; pero que sólo concluirían 30 años después, en 1898, con la participación de Estados Unidos en la guerra hispano-cubano-americana, que llevaría a la instauración de la República de Cuba el 20 de mayo de 1902.

Al asumir la presidencia de la República en Armas tras proclamarse nuestra primera Constitución en la ciudad de Guáimaro, el 11 de abril de 1869, Carlos Manuel de Céspedes dijo: “Cubanos, con vuestro heroísmo cuento para consumar la independencia, con vuestra virtud para consolidar la república. Contad vosotros con mi abnegación”.

Sabias palabras del Padre de la Patria, así llamado porque yendo más allá de la abnegación prometida, en sacrificio supremo soportó el fusilamiento de su hijo Oscar, capturado por las fuerzas coloniales, antes que cejar en su empeño libertario. Y ciertamente, pese a su llamado temprano, salvo honrosas excepciones no abundó el “heroísmo” de los cubanos para consumar la independencia, como tampoco la “virtud” para consolidar una “república” llegada con una fuerza expedicionaria estadounidense, y luego sentada sobre las esteras de los tanques y los cañones rusos por obra del totalitarismo castrocomunista.

Destruida la economía cubana por treinta años de guerra y con independencia de legislaciones controversiales dictadas por el gobierno interventor, no caben dudas de que tras la firma del Tratado de París la administración militar de Estados Unidos ejecutó políticas públicas avanzadas, entre ellas las de salubridad, que trascienden hasta el día de hoy; como tampoco puede decirse que de 1902 a 1958 Cuba fue una “pseudo república”, según el vilipendio castrista. Durante esos años, ciertamente, el pueblo cubano sufrió las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista, habiendo sido el primero general del Ejército Libertador. Luego, puede que entre los entorchados de algunos libertadores no brillara la virtud.

Virtudes sí hubo, por ejemplo, en el pueblo que derrocó a Machado cuando pretendió perpetuarse como dictador en los años 30 del pasado siglo. ¿Pero qué integridad, honradez o moralidad hay en los cubanos que con su voto en 2019 dieron un espaldarazo a la dictadura castrocomunista, aprobando una Constitución que sería continuidad de la “dictadura del proletariado”? ¿Por qué dijeron “Sí”, cuando debieron decir “No”? Ahora los cubanos huyen, o se lamentan.

“Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva”, reza el Artículo 1 de esa ficción que el castrismo insiste en llamar Constitución. Pero, ¿cómo hablar de república fundada en el trabajo cuando en Cuba se desestimula la producción con salarios de miseria y es el Estado un empleador omnipotente, monopolista, aun cuando se habla de “trabajo por cuenta propia”, que dejará de serlo cuando así lo estime el régimen?

No nos engañemos. Como fueron los laboristas ingleses, como son los socialistas en Europa, incluso como ya los vemos en Estados Unidos con sus monsergas, los castristas no son socialistas. Son rancios conservadores, pero no en la acepción política clásica; sino conservadores de un régimen militar que, asentado en su totalitarismo, transmutó en todopoderosa empresa acaparadora de la riqueza nacional y destruyó los valores de la nación en los ámbitos político y económico. Aniquiló, sobre todo, los valores morales; esos a los que en 1869 se refirió el Padre de la Patria cuando dijo: “con vuestro heroísmo cuento para consumar la independencia, con vuestra virtud para consolidar la república”.

En Cuba falta virtud en demasiadas personas con poder de decisión, y por consiguiente, no hay Estado de Derecho. En esta isla los acusados carecen de garantías en asuntos penales, y litigar con el Estado en cuestiones administrativas es como ir sobre cosa juzgada. El debido proceso en Cuba es una categoría etérea mientras la oposición política, absoluta e irremediablemente proscripta, y la población toda, son segregadas de los procesos sociales, administrativos y jurídicos, incluido el constitucional, mediante la simulación premeditada.

La criminalización en el estadio previo a la lesión del bien jurídico ciudadano y privado es de uso corriente, es la herramienta de marginación no sólo de la oposición política, sino de la sociedad cubana, incluso de los militantes del Partido Comunista que no integran el sistema superior de dirección castrista. Cuando Céspedes se levantó en armas el 10 de octubre de 1868, cualquier poseedor de bienes contaba con más seguridad jurídica que un legatario de hoy bajo el supuesto amparo de las leyes castrocomunistas.

¿Qué justicia social puede haber en un Estado practicante de la servidumbre? ¿Qué justicia social puede tener un Estado monopolista, que desampara a su fuerza de trabajo envejecida? Los jubilados no son tal, pues cumplidos largos años de trabajo en el sector estatal, deben seguir trabajando en el profuso y muchas veces inicuo catálogo de empleos de la economía “por cuenta propia” para no morir de hambre.

¿Qué dignidad, humanismo y ética pueden mantener los cubanos que huyen de un régimen que prohíbe al ganadero sacrificar una de sus reses, ordenando cuándo y cómo tener carne a quien la produce; que prohíbe al cafetero disponer de su cosecha, para que sea el Estado quien la exporte o venda en dólares dentro de Cuba, haciendo que los cubanos que no tienen monedas extranjeras beban cualquier bazofia bajo el rótulo de “café”? ¿Qué dignidad, ética o decoro puede abrigar un régimen que, para permitirles sobrevivir, tenerlos de soplones o simplemente callados, obliga a los cubanos a “luchar”, un eufemismo heroico que enmascara robos, malversaciones y demás delitos contra la propiedad que ocurren cotidianamente a la vista de las autoridades?

En Cuba no hay igualdad, solidaridad ni bienestar. La prosperidad individual y colectiva es un sofisma atado a prohibiciones que mantienen las fuerzas productivas de la nación bajo un monopolio de Estado asfixiante. A 154 años del “Grito de Yara”, Cuba hoy está más sometida que cuando el Padre de la Patria libertó a sus esclavos.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Se cae, pero todavía no

Régimen cubano, Cuba, protesta

LA HABANA, Cuba. – Parece el comienzo del fin y sin dudas lo es, pero la mala noticia para algunos —y la buena para otros— es que el régimen cubano no se caerá por el momento. 

Lo digo no solo porque las protestas por apagones se han ido aplacando en la medida que retorna la electricidad —la gente ha aprendido a “resolver” las demás cosas que necesitan para sobrevivir—, sino por el hecho indiscutible de que nos gana la soberbia, la autocomplacencia, las estupideces, la mala memoria y, sobre todo, el precario conocimiento sobre cómo funciona esta bestia totalitaria en particular.

Estamos conscientes de cuál es, además del dinero fácil, su alimento favorito (nuestros miedos) y cómo lo consigue pero, cuando decidimos enfrentarla —aquí o desde allá— lo hacemos con los ojos cerrados, o cegados por la ira y demás pasiones oscuras, y así nos encontramos perdidos sobre a qué parte del cuerpo apuntarle para derribarla con acierto. Disparamos a las patas, a la cola, alguna que otra vez a la cabeza acorazada, pero jamás logramos colocar una bala bien cercana al corazón. 

Así, más de tanto alardear que de fallar, más de tanto cacarear que de actuar, no solo este animal ha aprendido a esquivar nuestros ataques sino que ha agregado a su amplio menú, casi haciéndolo su manjar favorito junto a los temores, nuestras continuas frustraciones, nuestra apasionada ceguera, incluso ha sabido usarlas en contra nuestra haciéndonos aún más ciegos y predecibles que antes.

Cada día creo más en que, de alcanzar el “desenlace fatal”, este no llegará de “afuera” en forma de acciones militares (olvidémonos de esa fantasía que aún es la razón de ser de algunos) ni de protestas circunstanciales por electricidad, agua o comida. 

Porque si bien es cierto que estas últimas junto con las presiones externas, diplomáticas y económicas, pudieran ser catalizadores de determinados cambios, estos igual serían circunstanciales —tal como lo han hecho durante 60 y tantos años en el poder— y quizás lo único permanente se pueda registrar a nivel discursivo —tanto en leyes como en promesas que jamás se cumplen— que es hasta donde siempre han llegado los “progresos” en una dictadura. 

Si no se llega desde adentro, únicamente desde adentro, al corazón de esta bestia blindada, bien poco se puede lograr desde afuera, por muy fuerte que sean los golpes. Mucho menos cuando los propinamos con guantes de seda, o cuando por cada puñetazo regalamos después cuatro caricias.

Un buen ejemplo de “implosión” lo tuvimos en ese imperio soviético que llegó a su fin cuando tuvo a la cabeza un reformista como Gorbachov que, vale decir, apenas hizo aquello a que le obligaron en los más profundos y oscuros pasillos del Kremlin esos que ya no se conformaban con ser llamados “camaradas” y dirigir una empresa estatal, un ejército, y recibir medallas y golpecitos en la espalda como único pago. 

Tanto en la Unión Soviética como aquí —tan afines en ideologías como en ambiciones de poder— la muerte del sistema no será sino solo por infarto, es decir, por el estallido interno —más bien silencioso, lento—, pero no de una masa popular descabezada sino de un núcleo que se agrieta de adentro hacia afuera porque ya le resulta incómodo a esos mismos que lo habitan y sostienen. 

Pero, en cuestiones de política, a diferencia de la biología, si revienta el corazón, no necesariamente el cuerpo se desvanece. Y esa realidad es la que quizás nos tocará vivir a los cubanos, sobre todo cuando el anónimo militar-empresario decida que ya es hora de ver su nombre en las listas de Forbes y no en el periódico Granma o la revista Verde Olivo.

Hoy en Cuba, como ayer en la meca del comunismo, hay quienes, con mucho grado de certeza —quizás en proporción con su grado militar—, aspiran a convertirse en más que un funcionario, en más que un administrador de algo que no les pertenece del todo pero que probablemente mañana sí, porque el éxito, para ellos, apenas es cuestión de “inspirar” (y “conspirar”) mientras los tontos dan la cara y hacen el trabajo sucio. 

En este punto donde hoy nos encontramos los cubanos, es prudente reconocer que no solo son los opositores quienes necesitan de un cambio para alcanzar sus propósitos, como tampoco son exclusivamente estos quienes lo estarían haciendo “todo” por lograrlo. 

Y esa parte del régimen que se resiste a morir, la más recalcitrante, está consciente de esas “traiciones”. De que la “unidad” siempre ha sido un mito pero que ahora se les hace difícil alimentarlo.

Hay demasiados celos por allá arriba y van sobrados de codicia. Ya ni siquiera se ocultan para decir públicamente que gastan más en sus negocios que en las situaciones de emergencia. Porque nunca las consecuencias por sus excesos van más allá del tímido regaño que llega de las otras orillas, y porque mantenerse por ahora fuera del sistema, en apariencias excluidos del mundo, les permite obrar casi a merced de sus antojos y ambiciones. 

Durante las recientes protestas fueron varias las señales que indicaron la debilidad del sistema por su quiebre interno más que por los estallidos callejeros, que apenas son una mínima expresión de lo que sucede bajo la superficie de nuestro entramado político-social. 

No solo se notó un desinterés general por lo que habría de ocurrir durante y tras el paso del huracán, reforzado por la desinformación en los medios, sino que “otro descuido más” —entre los tantos en estos últimos años— hizo colapsar el sistema eléctrico nacional en el momento justo. 

Una extraña coincidencia que se torna más “rara” en tanto la Policía se mantuvo al margen de las primeras protestas (hacia el segundo, tercero y cuarto día de apagón), y aunque las fuerzas represivas estuvieron presentes en los lugares optaron por no intervenir. ¿Obedeciendo a una orden de “no combate” o propiciando que las pequeñas revueltas en los barrios marginales escalaran a una gran rebelión en toda la ciudad?

Muy pocos, por el momento, pudieran decir con certeza qué sucedió, aunque ya hacia el quinto día de cacerolazos comenzaron a aparecer en las redes sociales extrañas advertencias, desde perfiles falsos, sobre los posibles escenarios de caos (destrucción controlada de recursos económicos y telecomunicaciones, eliminación de bases de datos, así como el colapso total del sistema bancario mediante borrado de cuentas) que pudiera acarrear un cambio político en la Isla por medio de un estallido social. Y fue precisamente ahí cuando comenzaron las golpizas contra los manifestantes pacíficos, la nueva “orden de combate”.

¿Pudiera un gobierno acorralado, sabiéndose perdido, acudir a este tipo de “venganza final”? ¿Pudiera escapar o inmolarse dejando atrás un país totalmente arrasado? Al menos alguien lo ha pensado y hasta no los ha dejado saber de manera anónima e indirecta en esos mensajes en internet que traducen desesperación pero que, además, son como una descripción terrorífica de lo que literalmente significa para el régimen la frase “patria o muerte” en oposición a ese canto de paz y libertad que es “patria y vida”. 

Hasta donde hemos podido ver y vivir, todo cuanto de malo imaginemos puede suceder en un país donde existimos de sobresalto en sobresalto. Y no desde ayer en la mañana sino desde aquellos días en que a Fidel Castro se le ocurrió instalar cohetes nucleares soviéticos apuntando a Estados Unidos. Porque a fin de cuentas nuestras vidas no importan para un animal que solo responde a sus instintos de conservación y por tanto, para él lo principal siempre será “salvar la Revolución y el socialismo al precio que sea necesario”.

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Razones para mantener a Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo

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MIAMI, Estados Unidos. — Los congresistas colombianos y CodePink están cometiendo un grave error cuando le piden a Estados Unidos que saque al régimen de Castro de la lista de estados patrocinadores del terrorismo.

La dictadura castrista tomó el poder en 1959 utilizando el terrorismo. Durante la década del 50, el Movimiento 26 de Julio de Castro llevó a cabo múltiples bombardeos aterrorizando y matando a civiles cubanos.

Raúl Castro, considerado como ‘el padre del skyjacking’, tramó varios. Un secuestro aéreo resultó en la muerte de 17 civiles en noviembre de 1958.

El castrismo ve el terrorismo como una táctica legítima para sus objetivos. La Habana publicó el Mini Manual del Guerrillero Urbano. Traducido a muchos idiomas, contiene un capítulo que dice: “El terrorismo es un arma que el revolucionario nunca puede abandonar”.

Cuba está vinculada al terrorismo en España. En 1964, militantes de ETA recibieron entrenamiento en Cuba sobre secuestros, subversión y sabotaje. En el 2000, durante la X Cumbre Iberoamericana en Panamá, Castro se resistía a respaldar una resolución de condena a ETA. El 30 de diciembre del 2006, una furgoneta bomba colocada por ETA explotó en el aparcamiento de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas en España, matando a dos personas e hiriendo a 52.

Castro creó una internacional terrorista. La Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana del 3 al 16 de enero de 1966 y la creación de la Organización para la Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAL) buscaron apoyar a los grupos terroristas a nivel mundial. “Castro dijo que ‘las balas, no las papeletas’ eran la forma de llegar al poder”. Sostuvo que “existían condiciones para una lucha armada revolucionaria”.

Ilich Ramírez Sánchez (17 años) asistió a la Conferencia. Luego pasó el verano en el Campamento Matanzas, una escuela de guerra de guerrillas dirigida por la DGI cubana. Después de varios ataques terroristas, eligió el alias “Carlos”. Francia expulsó a tres altos diplomáticos cubanos el 10 de julio de 1975 por ser “visitantes constantes” del escondite parisino de Carlos.

El grupo terrorista puertorriqueño Fuerzas Armadas de Liberación Nacional llevó a cabo más de 130 atentados. Es responsable de la explosión de 1975 en Fraunces Tavern, que mató a cuatro e hirió a otros 44; una ola de bombardeos en la ciudad de Nueva York en agosto de 1977 que mató a una persona, hirió a seis y obligó a evacuar a 100.000 trabajadores de oficina; y de la mutilación de cuatro policías.

FALN se inició a mediados de la década de 1960 y recibió capacitación avanzada en Cuba. Samuel T. Frances en su ensayo de 1979 Latin American Terrorism: The Cuban Connection, publicado por The Heritage Foundation, encontró que “casi todos los grupos terroristas latinoamericanos significativos de orientación izquierdista han tenido o tienen hoy vínculos con Cuba”.

Cuba fue incluida en la lista de estados patrocinadores del terrorismo el 1 de marzo de 1982. El Departamento de Estado de EE. UU. confirmó que La Habana estaba utilizando una red de narcóticos para canalizar armas y dinero en efectivo al grupo terrorista colombiano M-19. El 6 de noviembre de 1985, miembros del M-19 irrumpieron en el Palacio de Justicia de Colombia. Este ataque provocó la muerte de muchos rehenes, incluidos 11 de los 25 jueces de la Corte Suprema de Justicia de Colombia.

“En el mundo árabe se podrían encontrar unos 3 000 (asesores cubanos) en Libia y Argelia, entre otras cosas entrenando terroristas” en 1988. La Habana hoy colabora con Hamas y otros grupos terroristas del Medio Oriente.

La Habana llevó a cabo la Operación Escorpión, acto de terrorismo de Estado a través su red de espionaje en Estados Unidos que asesinó a cuatro personas en el espacio aéreo internacional el 24 de febrero de 1996. La Red Avispa apuntó hacia instalaciones militares estadounidenses, planeaba contrabandear armas y explosivos a los EE. UU., entre otras medidas activas.

Cuba fue eliminada de la lista de estados patrocinadores del terrorismo en 2015 en un esfuerzo de Estados Unidos por normalizar las relaciones con La Habana que finalmente fracasó.

En 2016, diplomáticos en La Habana informaron haber sufrido lesiones cerebrales. El 2 de enero de 2017, las tropas cubanas marcharon en un desfile, presidido por Raúl Castro, cantando que le dispararían repetidamente al presidente Barack Obama en la cabeza tantas veces que harían un “sombrero de plomos”.

En 2020, La Habana rechazó las solicitudes de Colombia para extraditar a diez líderes del ELN que viven en Cuba. El ELN se atribuyó la responsabilidad del atentado con bomba en enero de 2019 contra una academia de policía de Bogotá que mató a 22 personas e hirió a más de 87. Castro entrenó, armó y apoyó al grupo terrorista ELN desde 1964.

En su monografía de 2022 Involucramiento de Cuba en el terrorismo: 2020-2022, José Arias encontró que “en los últimos tres años, Cuba proporcionó en todo el mundo una red de inteligencia humana altamente efectiva que ha sido capaz de encontrar vulnerabilidades en la seguridad de muchos diferentes países.” Conocimiento que Cuba comparte con estados patrocinadores del terrorismo como Irán, Corea del Norte y Siria.

Cuba fue correctamente devuelta a la lista de patrocinadores del terrorismo en 2021 y debe permanecer allí hasta que cambie su comportamiento.

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