The Beatles: 50 años del ‘Álbum Blanco’

The Beatles: 50 años del ‘Álbum Blanco’

Mucho peor hubiese sido mi juventud en Cuba sin esa música

(YouTube)

LA HABANA.- 1968 fue el año en que empecé en la Secundaria Básica. Dos meses después de iniciado el curso, en noviembre, fui por primera vez a la escuela al campo: 45 días en que casi muero de hambre, picadas de mosquitos y ampollas en las manos, de tanta guataca, en un campamento llamado Moinelo, sin luz eléctrica, mugriento y apestoso, rodeado de platanales, en los confines de Alquízar.

Fue el año de las revueltas del mayo parisino, de los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy, de la intervención soviética en Checoslovaquia, de la ofensiva del Tet del Vietcong, de la masacre de los estudiantes de Tlatelolco, de los trasplantes de corazón del doctor Christian Barnard, del apogeo de las atrocidades de la Revolución Cultural maoista, y de la ofensiva revolucionaria con la que Fidel Castro, ensayando el comunismo, barrió con la propiedad privada y nos obligó a los cubanos a depender totalmente del Estado.

1968 fue el año del regreso con nuevos bríos de Elvis a la música, de Jimmi Hendrix, Cream, y del Álbum Blanco de los Beatles.

Este 30 de mayo se cumplen 50 años de que Lennon, McCartney, Harrison y Ringo, iniciaran en los estudios Abbey Road la grabación de aquel álbum doble de portada blanca. Sería su décimo disco y el primero publicado por su propio sello discográfico, Apple Records.

En realidad, el proceso de grabación del Álbum Blanco, que culminaría en octubre, había comenzado más de dos semanas antes del 30 de mayo, en la casa campestre de Harrison en Kinfanus, donde los cuatro beatles se reunieron para darle forma a las decenas de canciones que habían compuesto durante su retiro místico en Rishikesh, India.

No era un buen momento para los Beatles: había muerto Brian Epstein, su mánager, y las diferencias musicales y personales entre los miembros del grupo eran cada vez mayores. Las más que diferencias, querellas, se reflejaron en el disco. Las sesiones de grabación se hicieron arduas, colapsó la capacidad de trabajar en equipo y cada beatle empezó a coger por su lado, preludiando el principio del fin. Paradójicamente, fue para bien de la música que hicieron. Lo que pudo ser un caos resultó un deslumbrante derroche de genialidad.

Los Beatles, en ese momento, pese a todos los problemas, o precisamente espoleados por ellos, estaban en un pico de creatividad. El Álbum Blanco contenía 30 piezas, pero antes de completarlo, los Beatles habían compuesto quince canciones más, entre ellas Hey Jude. “Ni Schubert escribió a esa velocidad”, sentenció el periodista Tony Palmer en su memorable crítica del Álbum Blanco para The London Observer, en noviembre de 1968.

En el Álbum Blanco, los Beatles, que no aspiraban al virtuosismo, lucieron como muy competentes instrumentistas. Y las orquestaciones de George Martin fueron extraordinarias. En el álbum, una especie de collage de la música pop de la época, había rock and roll, heavy rock (en Helter Skelter, antecesora del heavy metal), country, blues, folk, music-hall, chachachá, reggae. Por momentos, se perciben guiños de Dylan, Chuck Berry, Donovan, Sinatra, The Beach Boys y Ravi Shankar.

Sin intelectualismos, los textos de las canciones, van de la nostalgia al sarcasmo, de la ternura a la ironía, del apasionamiento al cinismo, del júbilo a la melancolía.

Los Beatles consiguieron con el Álbum Blanco uno de sus mejores discos. “Siempre lo preferí por sobre todos los otros discos, incluyendo Sgt. Peppper; el mito de Pepper es más grande, pero la música del Álbum Blanco es muy superior”, dijo John Lennon.

Abbey Road es el disco de los Beatles preferido por mí, pero inmediatamente después, por encima del Sgt. Pepper, va el Álbum Blanco. Contiene, una tras otra, dos de las canciones que más me gustan de los Beatles: While my guitar gently weeps, con la inolvidable y casi clandestina colaboración de Eric Clapton, tocando un diluvio de notas en la Gibson Les Paul que le había regalado a su amigo Harrison, y Happiness is a warm gun. Para mi pesar, también contiene Revolution 9, la única pieza de los Beatles que detesto: invariablemente me la salto cada una de las muchas veces que escucho el Álbum Blanco.

Los lectores me disculparán si los aburro otra vez con los Beatles, pero más aburrida y desconsolada, peor, mucho peor, hubiese sido mi juventud de escuelas de rigores cuasi-militares, campamentos agrícolas, chivatos y sargentos despóticos, sin aquella música, prohibida y que siempre escuché arreglándomelas como pude. Por eso, por puro agradecimiento, que no disminuye con el paso del tiempo, no podía dejar pasar por alto el 50 cumpleaños del Álbum Blanco.

luicino2012@gmail.com

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