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Sábado, 24 de junio 2017

Parrilla y Mariela Castro, ¿pincel y brocha gorda?

Quienes pretendan establecer relaciones con La Habana, antes debían tomar nota del comportamiento intempestivo que suele caracterizar al castrismo

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LAS TUNAS, Cuba.- Trepados sobre andamios y a falta de toldos protegiéndose del sol con pedazos de cartón, el pasado martes media docena de pintores de brocha gorda daban otra capa de pintura a la fachada de la mansión de protocolo del Minrex (Ministerio de Relaciones Exteriores) en calle 7 y Avenida de los Presidentes.

“Están apurados, gente importante van a seguir llegando, ¿no leíste la noticia en Granma?”, me dijo un vecino de mis años habaneros en la para mí ahora irreconocible Habana.

Mi mujer y yo habíamos llegado a La Habana por razones de “puro trámite”, según decir leguleyo, y llegados al Vedado en camino de Miramar, la ocasión se prestaba para rememorar el pasado y poco me importaba la “noticia”.

“Vamos, para que veas donde viví aquí y la escuela donde estudió Albert”, había dicho a mi mujer. Pero la escuela en 23 y B donde mi primer hijo aprendió a leer y a escribir ya no era tal. Contraloría General, advertía una placa bronceada sobre el muro del enrejado.

“Bueno, dijimos que íbamos a convertir los cuarteles en escuela pero…”, trató de decir mi exvecino, pensando que quizás mi ensimismamiento se debiera a la frustración de encontrar agentes anticorrupción donde antes corretearon niños, entre ellos, mi hijo, haciéndolo preguntar: “¿Qué te pasa?”

“A mí… nada, pasa eso”, dije, señalando hacia un tractor-pala en pleno ajetreo calle abajo.

“Ah… ya te dije, están apurados y la mierda ya da a la nariz”, dijo mi exvecino.

Ciertamente hay tantos escombros y basuras acumulados en cualquier esquina de La Habana, que ya a los servicios comunales de la capital de Cuba no les es posible recogerlos en contenedores según practicas civilizadas; ahora suelen emplear cargadores frontales y camiones de volteo, como hacen en una mina para acarrear carbón o en una cantera para cargar piedras.

Pero cuando los tractores-palas arremeten contra los muy profusos basureros capitalinos, junto con los escombros cargan con trozos de aceras y de pavimento de no pocas calles habaneras.

“Hay prisa, mira la noticia, te apuesto que aprovechan al Rey como agente de influencia”,  dijo mi ex vecino dándome el periódico Granma de ese día, martes 18 de abril.

“El Rey de España Felipe VI recibió en el Palacio de la Zarzuela al ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez Parrilla.

“Durante el cordial encuentro dialogaron sobre los históricos lazos culturales y familiares que unen a ambos países y otros temas de interés común.

“Rodríguez Parrilla agradeció la acogida, y reiteró la gratitud del Gobierno cubano por la presencia del Rey Emérito Juan Carlos I en las honras fúnebres del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en La Habana”, leí, devolviendo el periódico a mi ex vecino, quién preguntó: “¿Qué te parece?

“Me parece bien”, dije, y señalando hacía donde trepados en sus andamios los obreros pintaban la casa de protocolo del Minrex añadí:

“En 58 años de dictadura comunista el castrismo ha hecho con La Habana lo que con bombas hicieron en unos minutos los nazis en Guernica; los visitantes pueden ver escenas habaneras cotidianas con el expresionismo de un cuadro de Picasso, incluso aquí cerca de la mansión de ceremonias para diplomáticos; así es que si quieren traer al Rey de España a Cuba y por carambola emplearlo como agente de influencia como tú quieres apostar, ¿qué de raro tiene emplear pintores de brochas gordas para hacer menos expresivo el desastre en La Habana mientras en Madrid Parrilla trabaja con pinceles retocando el cuadro en subasta…?

“Tienes razón. Un pintor de brocha gorda puede que sea un buen obrero. Pero si en arte decimos que un cuadro es de brocha gorda ya sabemos que no vale un comino, ¿no? Igual sucede con la palabra pincel, un pincel es un pintor o el modo de un artista pintar, ¿no?, entonces esos obreros trepados ahí y Parrilla dándole la mano al Rey en Madrid van arreados a un mismo fin, traer al mejor postor a esta subasta en que han convertido a Cuba; y en esta puja cuando pregunten ¿quién da más por este Guernica cubano?, sólo hay un nombre: Donald Trump, y quizás consigan meter a Donald en la subasta si dejan de meter brochas gordas donde sólo caben trazos de pincel, ¿no?”, dijo mi ex vecino despidiéndose.

Pero recién habíamos regresado mi mujer y yo a Puerto Padre, cuando recibí una nota enviada por mi ex vecino habanero en la que sólo decía: “¿Recuerdas lo que hablamos el martes?, pues el jueves la Brocha Gorda fue sobre el Pincel.”

Como en esta aldea global casi todo se sabe al instante, no me fue difícil descifrar el mensaje de mi viejo amigo.

Todavía estaría fresca la pintura en la fachada de la mansión de protocolo del Minrex en La Habana, cuando en Madrid, en el contexto del foro mundial sobre las violencias urbanas y educación para la convivencia y la paz, Mariela Castro Espín, hija del gobernante Raúl Castro, a la pregunta del periodista Guillermo Sánchez “¿qué tal por España?”, había contestado cual pintor de brocha gorda caído de su andamio: “No es asunto tuyo, chao.”

Aunque ordinaria la respuesta de Mariela Castro resulta un buen ejemplo del muy enraizado modo de comportarse de los castristas. Y quienes vengan a La Habana ya sean vendedores de pollo de Estados Unidos o el Rey de España, debían saber que tras las sonrisas de protocolo hay todo un obrar en que poco importan los intereses ajenos.

Cierto: una brocha gorda no tiene cabida en la paleta de un artista como no tiene significado la palabra convivencia en el léxico de una dictadura asentada en la negación de sus semejantes.

Y  si donde ciudadanos del mundo hablaban de educación para la convivencia y la paz alguien pregunta “¿qué tal por España?” y se responde con un “no es asunto tuyo”, ya esa respuesta no sólo dice de la calidad ética de la persona que así responde, sino que también retrata el grupo social de donde ese individuo procede.

Tarea incompleta la del Canciller cubano en su visita oficial a España y mal comienzo para los que en Cuba tratan de enmascarar viejas rozaduras con palabras huecas, sucesivas capas de pinturas sobre los descascarillados y acometidas de tractores-palas sobre pirámides de escombros.

A estas horas en los oídos del Rey Felipe VI, más que las frases diplomáticas del canciller Parrilla, debe resonar el exabrupto de la hija de su presunto anfitrión caribeño: “no es asunto tuyo”.

Pero este proceder de la Sra. Castro Espín en Madrid y de las personas que estuvieron a su lado ya me es conocido. El 15 de mayo de 2015 Mariela Castro había estado en Puerto Padre, donde se celebró un evento nacional contra la homofobia y en pro de la diversidad, y cuando trate de hacer una pregunta a la diputada a la Asamblea Nacional (Parlamento) Mariela Castro Espín, el mayor de la policía política Rogelio me dijo: “Méndez Castelló, no puedes hablar con ella.”

Al respecto de aquel suceso escribí en CubaNet: “Quienes pretenden establecer relaciones diplomáticas y comerciales con La Habana, debían tomar nota de cómo en Puerto Padre el régimen impuso el silencio hoy.”

A lo que hoy cabe añadir: quienes pretendan establecer relaciones diplomáticas y comerciales con La Habana, antes debían tomar nota del comportamiento intempestivo que suele caracterizar al castrismo, público y notorio esta vez en sólo cinco palabras de las muchas pronunciadas en Madrid por la Sra. Mariela Castro Espín, diputada del Parlamento cubano.

Acerca del Autor

Alberto Méndez Castelló
Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló (Puerto Padre, Oriente, Cuba 1956) Licenciado en Derecho y en Ciencias penales, graduado de nivel superior en Dirección Operativa. Aunque oficial del Ministerio del Interior desde muy joven, incongruencias profesionales con su pensamiento ético le hicieron abandonar por decisión propia esa institución en 1989 para dedicarse a la agricultura, la literatura y el periodismo. Nominado al Premio de Novela “Plaza Mayor 2003” en San Juan Puerto Rico, y al Internacional de Cuentos “ Max Aub 2006” en Valencia, España. Su novela "Bucaneros" puede encontrarse en Amazon.

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