George H. W. Bush: “Terminemos con elegancia”

George H. W. Bush: “Terminemos con elegancia”

“Castro es como un ancla fijada en lo hondo mientras el Hemisferio occidental se mueve hacia la democracia. Él (Fidel Castro) está en contra de todo eso…”, dijo el expresidente estadounidense

George H.W. Bush
Presidente George H.W. Bush y Mijail Gorbachov en conferencia de prensa el 31 de julio de 1991 en Moscú. Goto Getty Imagenes

LAS TUNAS, Cuba.- Bush padre, 41.º presidente de los Estados Unidos, falleció este viernes a los 94 años de edad. Fue, sin dudas, uno de los presidentes estadounidenses de más grato recuerdo entre los cubanos amantes de la libertad.

Desde Eisenhower, todos los presidentes estadounidenses reprocharon el totalitarismo castrista, pero fue George H. W. Bush el primer presidente de los Estados Unidos que exigió, como condición indispensable para mejorar las relaciones con Cuba, que el castrismo se abriera a la democracia.

En el 89 aniversario de la independencia de Cuba, el 20 de mayo de 1991, en Message on Cuban Independence Day, dirigiéndose a Fidel Castro, el presidente George H. W. Bush dijo:

“Nuestros objetivos para la nación cubana, compartidos por los cubanos en todas partes, son simples y claros: libertad y democracia señor Castro, no más tarde, no algún día, sino ahora. Si Cuba celebra elecciones libres y justas bajo supervisión internacional, respeta los derechos humanos y deja de subvertir a sus vecinos, entonces las relaciones entre nuestros dos países mejoraran de manera significativa”.

Consta en el Archivo de la Fundación Gorbachov en Moscú el intento fallido de Fidel Castro de acercarse al presidente George H. W. Bush.

“Para nosotros es políticamente muy importante que trates de influir en Bush”, dijo Fidel Castro a Mijaíl Gorbachov el 5 de abril de 1989, al despedir al mandatario de la URSS luego de su estancia en La Habana. Y precisamente este 2 de diciembre se cumplen 29 años de la Cumbre de Malta, cuando Gorbachov, a solicitud de Fidel Castro, infructuosamente pretendió “influir en Bush”.

Encontrándose a bordo del crucero Maxim Gorky, el líder soviético dijo al presidente estadounidense: “Castro (Fidel) solicitó nuestro apoyo en la normalización de las relaciones (de Cuba) con los Estados Unidos”.

“Pongamos las cartas sobre la mesa en lo que se refiere a Castro. Castro es como un ancla fijada en lo hondo mientras el Hemisferio occidental se mueve hacia la democracia. Él (Fidel Castro) está en contra de todo eso…

“Hemos recibido gente enviada por él para tantear el terreno, pero nunca han traído consigo indicios de que haya una voluntad de cambios…

“Castro los avergüenza (a los soviéticos). Menoscaba su credibilidad, viola todo lo que ustedes representan…

“Tiene que entender, señor, (Gorbachov) que los Estados Unidos no pueden aceptar su apoyo a La Habana y Managua”, dicen memorándums soviéticos y estadounidenses de esas conversaciones, ocurridas hace 29 años, pero, en lo que atañe al totalitarismo castrista y a la Nicaragua de Daniel Ortega, es como si Bush padre estuviera hablando ahora mismo.

El presidente Bush en aquella oportunidad dijo a Gorbachov que la URSS debía cortar su apoyo a Cuba “a fin de que no nos hallemos en bandos opuestos”.

“El señor Bush reaccionó con gran frialdad a mi propuesta (de conversaciones con Fidel Castro). Indicó que los Estados Unidos no estaban dispuestos a transigir en este asunto”, dice Gorbachov en sus memorias.

James Baker, secretario de Estado de la administración Bush, se reunió con Gorbachov en septiembre de 1991 en Moscú; concluida esa reunión, concedieron una conferencia de prensa donde Gorbachov anunció que las tropas soviéticas serían retiradas de Cuba.

En La Habana, Fidel y Raúl Castro se enteraron de la retirada de las tropas soviéticas por los reportes de los periodistas que, en Moscú, participaron en la rueda de prensa de James Baker y Mijaíl Gorbachov.

Las tropas soviéticas permanecían en Cuba desde 1962, llegaron formando parte de la Operación Anadir, (instalación de una base nuclear soviética en Cuba) y luego de la Crisis de los Misiles, habían permanecido en la Isla según los acuerdos Kennedy-Jruschov.

Como mismo se habían llevado los misiles, sin participación del régimen cubano en los acuerdos soviético-estadounidense, también se iban los últimos soldados, que habían representado para los castristas el símbolo de la protección soviética.

“¿Cuál será ahora el lugar de Cuba en este mundo?”, refiere Yuri Pavlov, especialista en temas latinoamericanos, que preguntó Fidel Castro.

El lugar de Cuba no, el lugar de los castristas que traicionando ideales de compañeros suyos se vendieron al oro de Moscú, al paraguas soviético, en lugar de juntar a los cubanos todos, y no sólo a los comunistas. Hace tiempo está dicho en un apotegma clásico: “Roma no paga traidores”.

Traigo estas reseñas históricas porque es bueno que los cubanos que no conocieron bien a George H. W. Bush, un hombre valiente amigo de Cuba, lo conozcan, no sólo en la victoria, sino también en la adversidad; y precisamente, quizás el mejor retrato de Bush padre, sea una frase que dijo a James Baker el día que perdió las elecciones con Bill Clinton.

Era la noche del martes 3 de noviembre de 1992, o quizás ya fuera pasada la media noche, no recuerdo, y mi mujer y yo, en nuestra cabaña en lo hondo del campo cubano, escuchábamos a través de la Voz de América (VOA) las noticias de las elecciones en Estados Unidos.

Recuerdo que, conocida su derrota, Ross Perot prosiguió como de fiesta; que el vencedor, Bill Clinton, y la alegría demócrata trascendían allende los océanos y, no puedo olvidar en los republicanos, pese lo intangible del éter, la aflicción.

Pero la congoja dio un vuelco, llevándola a la dignidad del que pierde con honor, cuando escuchamos al locutor narrar lo que estaba sucediendo en ese momento.

Harto conocidas son, trascendidas como un compendio de caballerosidad, las palabras que Bush envió a Bill Clinton, su vencedor poco después.

Pero quizás la génesis de esas palabras sea la concisa frase que conocimos gracias a la narración del locutor de la VOA. Volviéndose a James Baker, amigo íntimo, ex secretario de Estado y jefe de la frustrada campaña electoral, George H. W. Bush dijo: “Terminemos con elegancia”.

“Oíste eso”, dije a mi esposa. “Lo oí”, dijo ella. Después de ese día, en la adversidad, en los momentos más amargos de nuestras vidas, mi mujer y yo solemos decir: “Terminemos con elegancia”. No siempre lo conseguimos, tanta es la suciedad, en ocasiones llegada de sitios inesperados.

Ojalá en esta ardua tarea de conseguir “libertad y democracia” para los cubanos, como usted exigió para que existan buenas relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, nos acompañen mujeres y hombres de honor, no importa de cuál o tal cual credo. Basta el honor para que “terminemos con elegancia” nuestra tarea. Descanse en paz, Bush padre, 41.º presidente de los Estados Unidos, amigo de Cuba.

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