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Domingo, 22 de octubre 2017

Cuba, resistencia y activismo. Tres rostros en el límite

Difundir los rostros de la oposición cubana es un deber

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VALENCIA, España.- Cuba, aquella isla que transitó de la libertad a la dictadura, apenas genera titulares en los medios de prensa internacionales. Hasta los mercaderes de utopías fallidas evitan asociaciones con la corroída oligarquía de partido único que aún penaliza a la oposición pacífica e intenta sobrevivir en época de globalización y revolución tecnológica.

Cuba duele y cansa por la obstinación utópica del grupito de ancianos aferrados a viejas pesadillas para justificar el encierro de las voces críticas, ajenas a los espejismos de esa cotidianidad sin alternativas que estimula éxodos y fugas. La resistencia y el activismo cívico son dos opciones con rostros que trascienden los límites del absurdo. Difundirlos es un deber.

I.

Antonio E. González-Rodiles

Antonio E. González-Rodiles Fernández  es uno de los rostros más visibles y admirados de la disidencia en Cuba, respetable por su activismo cívico e ideas innovadoras para salir del pantano creado en seis décadas absolutismo. Antonio salió de la irrelevancia inducida en julio de 2010 con el proyecto Estado de Sats, un “espacio plural de participación y debate” recibido con descalificaciones por la maquinaria de propaganda y con detenciones y amenazas de la policía política de Castro.

En la ciudad del sol constante y policías fantasmales, Antonio y sus colegas de Estado de Sats agitaron el Corral de comedias de las instituciones estatales, cuya neolengua no digiere aún los artículos de la prensa independiente, los post de la blogger Yoani Sánchez ni las denuncias y propuestas de los pequeños partidos emergentes, todos reprimidos y lanzados al baúl de los “enemigos”.

No conocía a Antonio E. González-Rodiles cuando asistí y reseñé -el 3 de agosto del 2010- “Cultura viva en Casa Gaia”, sobre el programa inicial de Estado de Sats ofrecido en la institución habanera. Entonces Estado de Sats sorprendía por igual a los neófitos del debate y a los cachorros de la policía política. “¿Quiénes son estos atrevidos?”, preguntaban con agrado o desdén, anclados en la zona de confort del adoctrinamiento o distantes del ABC inoculado.

Antes de convertirse en un opositor visible y con programa Antonio representó a Cuba como nadador en los Juegos Panamericanos y obtuvo medallas de oro y plata en varios eventos internacionales. Se licenció en Física en la Universidad de La Habana y de Máster en el Instituto de Ciencias Nucleares de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de donde se trasladó a la Universidad Estatal de Florida y se graduó en el 2005 como Máster en Matemáticas, ejerciendo de Profesor auxiliar en ese centro y en el Tallahassee Community College.

Antonio E. González-Rodiles, casado con una mexicana y con una hija en el país azteca, dio un salto al vacío al regresar a Cuba, en cuya transformación democrática intenta concentrarse a pesar del murmullo, la inercia colectiva y las carencias que envilecen. Dejó de ser el académico bien pagado en un estado grande y próspero y puso su rostro frente a las cámaras del audiovisual temático de Estado de Sats, un espacio dentro del abarcador programa de Tertulias, Exposiciones, Seminarios y debates sobre Cuba y sus retos.

El impacto mediático de esos audiovisuales coincidió con las Marchas urbanas de las Damas de Blanco, la discreta difusión de revistas digitales como Convergencias, Voces Cubanas, el Semanario Primavera de Cuba, la plataforma blogger nucleada en torno a Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar y la circulación en la isla de Cubanet y otras páginas y soportes creados en La Habana, Santa Clara, Pinar del Río, Miami, New York, México y Madrid.

Recuerdo los memorables programas de González-Rodiles como moderador frente a los panelistas Manuel Cuesta Morúa, Julio Aleaga, Wilfredo Vallín y otras voces críticas de alto nivel profesional que desnudaron el vacío económico, la arrogancia política y la narrativa catatónica de la primitiva dictadura comunista en la isla del Caribe. La represión fue proporcional al deterioro de la imagen del régimen y sus representantes, aupados por el oleaje de aventureros populistas que tomaron el poder en Venezuela, Ecuador, Nicaragua y otros países del solar latinoamericano.

Antonio E. González-Rodiles fue acorralado en su residencia de Miramar y detenido varias veces antes de la sospechosa muerte del líder opositor Oswaldo Payá Sardiñas en julio del 2012. Recuerdo, por ejemplo, aquella noche del 24 de julio en la Estación policial del Cerro, donde las turbas organizadas por la policía acechaban a los activistas que exigíamos su liberación. En noviembre del mismo año Rodiles fue arrestado cuando se interesaba por la abogada independiente Yaremi Flores, detenida la víspera por agentes de la Seguridad del Estado. Fue liberado 19 días después.

Además de liderar Estado de Sats, González-Rodiles es uno de los Coordinadores generales del Foro por los Derechos y las Libertades, promotor de la iniciativa #TodosMarchamos por una Ley de Amnistía y el derecho a la manifestación pública en Cuba. En su Hoja de ruta, el Foro incluye la implementación de los Pactos de Derechos Humanos en las leyes cubanas, a fin de derogar los preceptos que violan o limitan los derechos y libertades de los ciudadanos. Concibe, por supuesto, nuevas leyes de Asociación, de Medios de comunicación y de Trabajo por cuenta propia, encauzados a celebrar elecciones libres y pluripartidistas, pues ya existen los partidos alternativos al monopolista Partido Comunista de Cuba.

Los siete puntos del Foro por los Derechos y las Libertades son, de hecho, una propuesta para el aterrizaje suave en la democracia, es decir, de la ley a nuevas leyes para la reconstrucción económica y social.

Hasta ahora el régimen se enrosca, embiste y no dialoga con los representantes de la sociedad civil. El intento por perpetuarse y hacer invisibles a los actores del cambio pone contra las cuerdas a Antonio E. G-R y a otras figuras de la oposición emergente,   acusados de resistencia y lanzados tras las rejas de manera selectiva y pendular, como antes en la antigua Unión Soviética y otros países de Europa del Este.

En los casos de González-Rodiles, el escritor Ángel Santiesteban y el grafitero Danilo Maldonado, intervino Amnistía Internacional y la dictadura cedió, aunque mantiene los  cargos y el acoso contra el líder de Estado de Sats y Coordinador de la Demanda Ciudadana por otra Cuba. En aquella isla, castigar es una forma de prevenir el activismo pacífico y sus variantes críticas, lo cual desgasta a los defensores de los Derechos humanos y los deja en el limbo jurídico y la opacidad diseñada en Palacio.

Cuba no es un teatro, pero Antonio E. González-Rodiles Fernández, nacido en La Habana el 21 de julio de 1972, sigue en el momento previo a la salida del actor a escena, es decir, con la energía concentrada o en Estado de Sats, como el programa audiovisual creado por él, Jorge Calaforra y Evelyn Quesada, cuya difusión en diversos soportes informáticos enfoca al escenario y a los actores del cambio, dentro y fuera de la isla.

II.

Guillermo Fariñas

Hasta en el humor es preciso un toque de tragedia y de tiempo pues la vida, como la comedia, avanza desde lo burdo hacia zonas sutiles: el dolor, la ternura, las frustraciones y la resistencia de quienes desafían lo absurdo con su propio cuerpo y, a veces, con una sonrisa o un chiste que apacigua lo trágico.

Quienes miramos a Cuba desde la memoria y la distancia notamos esa mezcla de tragedia con bufones desnudos aferrados al poder, retados por espectadores que saltaron del graderío y enfrentan al toro sin espada, traje ni capucha. El toro insular encarnado por un viejo dictador aún baila el danzón de su antecesor y aúlla contra quienes intentan cambiarle el ritmo, echarlo del ruedo sin cortarle el rabo ni las orejas, es decir, salir del burladero tropical por la vía pacífica.

Entre esos hombres sin máscaras que ponen su cuerpo como escudo de presión contra el despotismo figura Guillermo Fariñas Hernández, nacido en Guanabacoa en 1962 y residente en Santa Clara desde niño. A Fariñas le dicen el “Coco”, quizás por ser negro, alto, calvo, medio cojo y delgado, tan alto y delgado que se arquea sin dejar de mirar al frente y sonreír a sus amigos, colegas y vecinos; a veces se ríe de sí mismo y cuenta con desenfado porqué usa bastón y cómo perdió el pelo en la cárcel, mientras mira al socarrón que le pregunta por los tabacos que le apagaron en la cabeza en las celdas de castigo.

Como creció entre fusiles, discursos y profecías revolucionarias, fue matriculado por su padre -un guerrillero del Che Guevara en el Congo- en una de las escuelas militares del país; al graduarse de Cadete continuó en la Academia militar Tambov, en la antigua Unión Soviética. Luego integró la Brigada de tropas cubanas en la guerra de Angola donde fue herido en una pierna y en la espalda, lo cual puso fin a su aspiraciones bélicas y lo orientó a estudiar Psicología en la Universidad de las Villas, ejerciendo después como psicólogo en una clínica de Camajuaní y en los hospitales pediátricos de Sancti Spíritus y el “Pedro Borrás” de La Habana, donde denunció por corrupción a la directora quien lo expulsó por supuesta tenencia de armas de fuego. Ese primer encierro en 1995 representó una cura salvaje y el inicio de su activismo cívico contra la dictadura. Tras 11 meses de limbo legal en la prisión de “Valle Grande” fue condenado por “Convicción moral de los jueces”.

Con casi doce años de prisión y múltiples detenciones e interrogatorios, Fariñas cobró protagonismo mundial por su veintena de huelgas de hambre en protesta por las condiciones carcelarias y el respeto a la vida de reos y activistas de los Derechos Humanos. Entre el 24 de febrero y el 8 de julio del 2010 puso su cuerpo como escudo  ante la muerte por inanición del prisionero político Orlando Zapata Tamayo y por la liberación de 26 prisioneros políticos enfermos en las cárceles de la isla. Al borde de la muerte de Fariñas y bajo presión pública internacional Castro II excarceló y desterró a 116 prisioneros políticos, 12 de los cuales se negaron a marcharse.

La temeridad y supuesta “vocación suicida” de Fariñas no obedece a desequilibrios y ambiciones personales, como anotan los voceros del Politburó. Él asumió la libertad de expresión en circunstancias extremas que perduran. Si Cuba fuera un país medianamente democrático no hubiera ido a la guerra ni a la cárcel. Es un hombre que protesta, se planta y arriesga su vida a cambio de una apertura que normalice la existencia humana, pero  sabe que la dictadura apenas cede y hay que “moverle el piso”. Por eso combina el activismo político con el periodismo. Cuando lo conocí a mediados del 2005 en las teleconferencias de la Universidad Internacional de La Florida ya había fundado la pequeña agencia de noticias Cubanacán Press y escribía crónicas y artículos  con sabor antropológico y agudeza informativa, sobre todo en el manejo de los entresijos militares y los mecanismos de espionaje de la estructura castrense. No en vano fue galardonado el 21 de octubre del 2010 con el Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia por el Parlamento Europeo.

Cubanacán Press antecedió a la Revista Nacán, primer peldaño de Producciones Nacán, ligada después a la plataforma mediática de FANTU de la que es Coordinador General, aunque colaboró con el Semanario digital Primavera, editado en La Habana por Juan González Febles y Luis Cino; la Revista Voces Cubanas, creada por Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar y Orlando L. Pardo Lazo, escritores y periodistas independientes. Durante dos años ejerció como Portavoz de la Unión Patriótica de Cuba, fundada por el ex prisionero político José Daniel Ferrer, el líder más audaz y prestigioso de la zona oriental de la isla

Por sus incesantes denuncias en la prensa independiente, en Radio Martí y en algunos medios internacionales sobre las agresiones gubernamentales a los Derechos Humanos y el acoso y golpizas a su persona por la policía política, Fariñas ha sido distinguido por gobiernos e instituciones internacionales. En el 2005 protagonizó otra huelga de hambre para exigir el acceso a Internet sin restricciones en la isla, aún limitado y bajo censura, como en China. Al año siguiente la ciudad de Weimar le concedió el Premio de Derechos Humanos, cuyo importe económico donó al colectivo de presos políticos. Su visibilidad mediática creció con el Premio Ciberlibertad 2006 por reclamar el derecho de los cubanos a las nuevas tecnologías.

En medio siglo de vida Guillermo Fariñas transitó la ruta del soldado inducido al estudiante en Moscú, del Cadete en Angola al psicólogo que disiente y termina en prisión donde ofrece su cuerpo como escudo contra las sombras del horror. Tras las rejas se convirtió en activista cívico y en periodista. Es el típico reciliente que apuesta por cambiar la tragedia colectiva del país cautivo, salir del dolor sin victimismo ni ver al toro desde las barreras.

III.

José Daniel Ferrer

A José Daniel Ferrer, el rostro más visible y audaz de la oposición cívica en el interior de Cuba, lo vi por primera vez a mediados del 2005 en el Mural de los 75, al lado de la Sala  “Roosevelt” de la Embajada de los EE. UU en La Habana, donde accedía a Internet junto a los colegas que escribíamos para Cubanet. Aquel hombre alto, blanco, delgado y serio era un eco de rebeldía tras las rejas al igual que Biscet, Antúnez y otros opositores y periodistas independientes condenados en juicios sumarísimos en la primavera negra del 2003.

Siete años después del proceso kafkiano de la oligarquía caribeña, los rehenes de Castro fueron deportados a España, salvo José Daniel y otros once que retaron la decisión y continuaron su activismo en la isla. En un programa audiovisual conducido por Reinaldo Escobar resurgió el impetuoso y cálido José Daniel contando cómo reportaba por teléfono los horrores de la prisión. Luego, en mi primer encuentro con él, al preguntarle por su origen, me relató la historia del abuelo, un miliciano español que al final de la  Guerra Civil escapó en barco hacia Cuba con el pasaporte del guerrillero cubano caído junto a él a principios de 1939; se parecían tanto que nadie dudó de su “identidad” y cómo no podía registrarse en ningún Consulado de España, siguió con las señas del amigo muerto y creó familia en Cuba.

La anécdota y el historial de resistencia de José D. Ferrer “homologa” la estirpe y la leyenda personal de este guerrero sin fusil nacido en Palma Soriano en 1970. Fue educado para servir al poder pero renegó del destino borreguil diseñado por la dinastía verde oliva y asumió desafíos que lo llevaron a la cárcel (2003 al 2011), sobre todo por su labor en el Comité Ciudadano que gestionó el Proyecto Varela en Santiago de Cuba. Al salir del presidio creó la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), ese paraguas de pequeñas organizaciones disidentes que moviliza a cientos de personas en la región oriental de Cuba, baluarte de la “masa” como abstracción oficial para someter a individuos que despiertan y se integran a la red pacífica en busca de la concertación nacional opositora contra la dictadura.

José Daniel sigue en la línea de cambio iniciada por el Proyecto Varela, cuyo líder nacional -Oswaldo Payá Sardiñas- fue asesinado en julio del 2012. Su liderazgo ha crecido en proporción con la táctica de movilizar  a la “masa social” de forma no violenta para obligar al gobierno a dialogar de “igual a igual” y trabajar por la reconciliación nacional, lo cual parece quimérico pero no es imposible por el desgaste y la incapacidad de la dictadura para solucionar los problemas esenciales del país.

El Secretario Ejecutivo de la UNPACU no cree en quimeras, sabe los retos que afronta y conoce las grietas del viejo muro totalitario. Ha protagonizado huelgas de hambre en prisión y fuera de ella, ha resistido acoso y detenciones violentas por difundir las demandas y el programa de su organización dentro y fuera de la isla. En esa órbita ha girado también el célebre Guillermo Fariñas y otros defensores de los derechos humanos del centro y la zona oriental de la isla. Por su condición de ex prisionero de conciencia con licencia extrapenal a José Daniel le han negado algunos viajes al extranjero pese al apoyo de Amnistía Internacional, la Organización Mundial contra la Tortura y otras entidades que le otorgaron el XIII Premio Internacional de Derechos Humanos de la Fundación Hispano-Cubana y el Premio Democracia de la National Endowment for Democracy.

Considerado como símbolo de resistencia y activismo cívico, José D. Ferrer, como Guillermo Fariñas, Antonio González-Rodiles, Berta Soler y otros líderes de la oposición pacífica cubana, enfrentan aún el despotismo de un señorío tropical que se atrinchera y baraja el tiempo, mientras prepara a sus herederos dinásticos para perpetuar el absurdo. El reto sigue en pie y depende de circunstancias internas, presiones externas y de la propia actuación de esos rostros que rompen los límites.

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Acerca del Autor

Miguel Iturria Savón
Miguel Iturria Savón

Miguel Iturria, La Habana 1955. Licenciado en Historia, postgrados en arte, literatura, cine, periodismo y etnología. Ejerció como profesor de la enseñanza media y superior y como investigador y director de instituciones culturales en Ciudad de La Habana. Ha publicado dos libros de ensayo, dos antologías, dos poemarios y decenas de artículos y reseñas críticas en publicaciones periódicas de Cuba, España y los Estados Unidos. Colabora de forma sistemática con CubaNet, el semanario digital Primavera y otras páginas alternativas.

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