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Cuba: ¿Estado totalitario o régimen en descomposición?

11J, cubano, Estados Unidos

LA HABANA, Cuba. — Este lunes me alegré de poder leer en este mismo diario digital un trabajo periodístico de quien es mi colega por partida doble —como hombre de leyes y como comunicador—, Alberto Méndez Castelló. Se trata de uno de los autores que suelo seguir, pero hacía exactamente un mes que no podía hacerlo, pues ese fue el tiempo que él estuvo sin publicar en estas páginas de CubaNet.

Las inacciones de ese tipo no dejan de resultar alarmantes, sobre todo en estos tiempos de represión exacerbada. Aunque lamentemos tener que decirlo, en estas últimas semanas nuestra patria ha sido el escenario donde han surgido informaciones deplorables: las de periodistas que han abandonado el ejercicio profesional como resultado de las amenazas y coacciones perpetradas por la policía política. ¡Qué vergüenza para el castrismo!

El interesantísimo artículo publicado el lunes por don Alberto (cuya lectura recomiendo a todos los seguidores de este diario) sirvió para tranquilizarme en ese sentido. Su largo silencio, que tuvo una duración de un mes, debe haber tenido otra causa. Tal vez la simple falta de inspiración (algo que —confieso— también sucede conmigo, pues prefiero sumirme en un relativo mutismo antes que escribir sobre cualquier cosa).

En definitiva, la espera ha resultado útil: el escrito de mi colega tunero llenó mis expectativas. Particularmente feliz me parece la larga oración en la cual, refiriéndose a sus compatriotas, el autor los supone “en busca de comida, un soplo de aire o un sendero por donde huir del comunismo, el hambre, la miseria y el terror de una vida sin un futuro promisorio”; ellos, dice con elocuencia, “se apelotonan cual ganado junto a la talanquera”.

Pero hay en ese trabajo periodístico un detalle que se repite una y otra vez y del cual discrepo. Desde el título hasta la frase final, en nueve ocasiones, para referirse al Estado o al régimen imperante en Cuba, se emplean el adjetivo “totalitario” o el sustantivo de la misma raíz. ¿Refleja ese término la realidad que impera hoy en nuestra sufrida Patria?

Considero que no. Y estimo, por añadidura, que el asunto presenta un interés no puramente teórico o especulativo. Todo lo contrario: la correcta valoración de la esencia del régimen que padecemos hoy en Cuba resulta harto importante. Sólo ese conocimiento certero nos permitirá orientarnos adecuadamente en las realidades de hoy en la Isla y aspirar a encontrar —¡por fin!— la salida a la calamitosa realidad actual.

Ubicados ya en ese contexto, creo que lo primero que corresponde señalar es que el régimen castrista tiene (y siempre ha tenido) una firme vocación totalitaria. Pero en la Cuba de hoy, cuando el régimen se encuentra ya en fase terminal, hay una buena distancia entre los deseos hipotéticos de los jefes y sus aspiraciones realistas.

Por supuesto que Raúl Castro y Díaz-Canel (y también su fiel servidor, el espía Gerardo Hernández Nordelo) quisieran tener a los simples ciudadanos del montón, embrutecidos por el sistema, realizando aquellas absurdas y humillantes guardias nocturnas que ordenaban los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la organización de chivatos y colaboradores que encabeza hoy el espía que —dicen ellos— engendró un hijo por control remoto.

Pero esos tiempos quedaron definitivamente atrás. También aquellos en que un cubano de a pie que aspirase a adquirir un artículo común y corriente (como podían serlo un refrigerador o un televisor) sólo tenía la opción de hacerlo a través del todopoderoso Estado (en el caso que nos ocupa, por intermedio del obediente sindicato único oficialista, que se encargaba de distribuir las opciones de compra de esos efectos electrodomésticos “por méritos laborales”).

O, si pasamos al terreno de las ideas y las conductas sociopolíticas, hoy nos parecen que pertenecen a la Prehistoria las posturas de quienes, para “no señalarse”, se desmarcaban de sus parientes cercanos residentes en el extranjero y cortaban cualquier vínculo con ellos para no “manchar” aquellas autobiografías conocidas como “cuéntame tu vida”, que resultaba imprescindible elaborar para poder aspirar a ocupar algún carguito de medio pelo.

Repito que la vocación totalitaria siempre ha estado presente en el seno de la jerarquía comunista. Incluso, en la época del fundador de la dinastía, cuando todavía el régimen castrista sí merecía el adjetivo que —pienso— ahora el colega Méndez Castelló le atribuye sin fundamento, las ansias de establecer un dominio aún mayor sobre sus súbditos llenaban de esperanzas al mandamás de turno.

Por ejemplo, al realizar su viaje a la Norcorea esclava, el señor Fidel Castro regresó entusiasmadísimo del desventurado país asiático. ¡El espectáculo de Pyongyang (único conglomerado más o menos digno del título de ciudad) volcada por entero en las calles para halagar al visitante y cumplir con las órdenes del Kim de turno dejó deslumbrado al “Comandante en Jefe”!

Al biranense le habría encantado que los cubanos fuésemos menos “libreteros”, más “disciplinados”, como los asiáticos. Pero las diferencias que en aquella época existían entre Cuba y Corea del Norte eran, en definitiva, de matices. Uno y otro país eran totalitarios. Sólo que, al igual que entre los distintos círculos del Infierno de Dante, había pequeñas disconformidades de grados entre uno y otro.

Y desde luego que la Cuba actual, con un régimen que conserva su vocación de control absoluto, pero que no puede materializar esas ansias por encontrarse ya en su fase terminal, no merece ser calificada como “totalitario”.

Mal puede serlo cuando la generalidad de los ciudadanos no se esconde para expresar su inconformidad con el bochornoso estado de cosas imperante; cuando los que, por conservadurismo, siguen perteneciendo a algunas de las “organizaciones de masas” no hacen nada en ellas. Cuando las perspectivas de emigrar (que decenios atrás sólo unos poquitos —los más osados— se atrevían a exteriorizar) ¡ahora son debatidas en público con absoluto desparpajo y por la mayoría de los ciudadanos!

Me parece evidente que no es posible seguir hablando de totalitarismo en Cuba después de una gran conmoción nacional como la del 11 de julio del pasado año, ¡que dejó bien en claro que nuestro pueblo está harto del comunismo!

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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