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“Canciller” puede ser mucho y nada

canciller Cuba Bruno Rodríguez

LA HABANA, Cuba.- Entre los platos que no falta en ningún restaurante que se aprecie está el filete de pescado canciller, una receta que al parecer nació en la provincia de Cienfuegos y no es un plato bastante frecuente en la mesa del cubano de a pie, como lo son el arroz y los frijoles.

Además de que el pescado no es un producto que se ve en el mercado, a pesar de que Cuba es una isla, la receta lleva implícito rellenarlo con jamón y queso, dos ingredientes de los que la mayoría del pueblo ni se acuerda. Después se pasa por huevo y harina de trigo —también difíciles—, y algo que ni se ve es el limón para adobarlo, a pesar de que según Díaz-Canel es la base de todo.

­Sin embargo, otro canciller —que no es pescado— se refiere a un cargo político de alto rango que tiene distintos significados en diferentes países del mundo. En Cuba, el ministro de Relaciones Exteriores es el señor Bruno Eduardo Rodríguez Parrilla, que ocupa el puesto desde el 2 de marzo de 2009, cuando sustituyó a Felipe Pérez Roque, bajo el mando de Raúl Castro.

Bruno caminó de la mano del defenestrado Roberto Rodríguez Robaina, que lo hizo embajador de Cuba ante la ONU en 2002. Fue ascendido a miembro del Buró Político del Comité Central del Partido a finales del año 2012, lo que implica que ha tenido una carrera bastante rápida para alcanzar la cima.

EL canciller Bruno Rodríguez ha sido, por mucho tiempo —23 años—, una de las figuras más desagradables del régimen, tanto por la forma de expresar su pensamiento, como por el físico, ya que llegó a alcanzar las dimensiones de cuello y de barriga que caracterizan a todos los dirigentes de la dictadura. Pero hay que decir que, en estos momentos, ha perdido ese “glamour” y se ve delgado, pálido y envejecido, como si fuera una persona enferma, aunque nada se ha dicho de esta delgadez repentina.

Él no es de las figuras más viejas del actual régimen, tiene 64 años. Bruno Rodríguez nació en México, aunque es ciudadano cubano, con el “pedigrí” (valga la comparación) de ser hijo de José María Rodríguez Padilla, un dirigente de la Revolución que ocupó varios cargos, entre ellos el de director de la Oficina de la Propiedad Industrial y representante de Cuba ante la OMPI. Puede decirse que Bruno en su época juvenil fue un “hijo de papá”.

A pesar de lo que parece, o sea una persona enferma, el canciller sostuvo una reunión el pasado día 16 de marzo con los participantes al Coloquio Internacional Patria, que sesionó en La Habana, en la Casa de las Américas, el lunes 14 de marzo, al que asistieron personas provenientes de 8 países.

El principal objetivo de esa reunión fue debatir sobre la “manipulación” de las opiniones en redes sociales por parte de los medios “hegemónicos”, y la necesidad de crear plataformas digitales con el fin de defender las “causas dignas del mundo”, como por ejemplo la guerra de Rusia en Ucrania.

El canciller encontró un gran placer en compartir con comunicadores comprometidos con las luchas emancipadoras de América Latina y el Caribe. Explicó bien claro el objetivo del encuentro: “Tenemos el deber de construir redes contra la hegemonía de los grandes medios”.

En el evento, calificado de Coloquio, participaron más de 100 invitados, de los que se dijo eran periodistas, influencers y expertos en comunicaciones.

Por su parte, en su encuentro con ellos en el Palacio de la Revolución, el gobernante designado, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, les agradeció su trabajo en defensa de la verdad y de Cuba.

De todo lo anterior se puede sacar como conclusión el miedo que le tiene la dictadura al mundo virtual, y como trata de aunar esfuerzos con la izquierda para modificar la realidad que se expresa en contra del odio y la falta de humanidad con los cuales trata el régimen al pueblo de Cuba.

Decidieron utilizar a los que en el mundo tienen presencia en las redes, para combatir la realidad que es expresada por los cubanos de dentro y fuera de la Isla, quienes cuentan todas las vicisitudes que se viven en el país sin echarle la culpa al imperialismo.

Por mucho que han querido utilizar —en diferentes sitios de internet— a las “ciberclarias”, en particular las que salen de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), no han tenido éxito. El lenguaje cocinado desde hace tanto tiempo ya no inspira nada a nadie. Los internautas reconocen de inmediato a los enviados de la dictadura que siembran la discordia entre los que opinan diferente al régimen.

Si bien han querido darle nivel al antes mencionado Coloquio, con dirigentes de “alto octanaje” recibiendo a los participantes, el mensaje que han enviado está relacionado con el miedo que le tienen a la libertad de expresión.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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