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Sábado, 20 de enero 2018

Caibarién, zona de peligro

El municipio villaclareño respira actualmente el hedor del delito creciente

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Caibarién, Cuba (Flickr)

Caibarién, Cuba (Flickr)

VILLA CLARA, Cuba.- En la tarde del pasado domingo 4 de septiembre fue asesinado, en una plaza pública de Caibarién, el psicólogo de 26 años de edad Asiel Martínez, quien padecía un síndrome nervioso derivado de la misión cumplida en África, donde combatió el ébola como parte de la brigada médica cubana el pasado año. No obstante, preparaba y festejaba el irse pronto a Venezuela en nueva aventura.

Apenas recién graduado, el galeno fue incluido en el primer contingente que partió a aquellas. Pero ya retornado y dado al alcohol, resultó blanco de burlas y apuestas callejeras. En su último día, un borracho al que pisó sin querer le propinó, sin más, tubazos en la cabeza y el par de puñaladas que acabaron con su vida.

Con la suya, Caibarién suma ya al menos nueve muertes violentas en lo que va de año. Una de las más horripilantes le ocurrió hace poco un jubilado de nombre Bárbaro Mirabal, de 63 años, quien terminó con el cráneo asaetado por un arpón neumático propiedad de un miembro del Comité de Vigilancia de su cuadra, irritado con la bulla proveniente de una partida de dominó.

En 2015, el Observatorio Crítico Cubano reportó el asesinato a martillazos del tapicero Roberto Medina (58 años) a manos de dos adolescentes enfermos de odio, proceso que terminó este 2016 con la práctica absolución de los homicidas al aplicárseles condena mínima, tras manifestar el trinomio fiscal-instructor-abogado que ambos sujetos fueron seducidos por el occiso cuando todavía eran menores de edad.

Se manejó el expediente como otro “crimen pasional”, de los que la justicia revolucionaria reserva para estos casos delicados, a pesar del ensañamiento, la alevosía y el hurto comprobados. Vergüenza extra para la familia de Roberto, que relata estas noticias a quien desee saber, fue el hecho de no poder probar que los victimarios siquiera lo conocían.

En la madrugada del pasado lunes, un “mirahuecos” alborotó el barrio al ser sorprendido y lanzado desde el tercer piso del edificio donde se ponía a mirar. También en vísperas del nuevo curso escolar, el mayor supermercado del reparto más poblado, conocido como «Van Troi» fue saqueado, y muchos menores de edad se fueron a clase sin desayunar porque no permitieron los administrativos descargar la leche. La policía arribó a esos predios a las 9:00 a.m.

Dar alguna impunidad a embriones de matones y ladrones por desidia, anulará las causas y abundará en consecuencias.

Pasado el mediodía de este miércoles, un despechado profesor de educación física llamdo Yoan, de 27 años de edad, que había tenido problemas de conducta en el curso anterior y fue cesanteado, acuchilló siete veces a Amaury H. Mesa, de 49 años, director de la escuela primaria Nguyen Van Troi, del mismo reparto donde se suceden casi todas las desgracias actuales.

Los alumnos presentes en el acto no han cesado de gritar, aterrorizados. Algunos precisaron de asistencia médica. La secretaria del fallecido sufrió un infarto inmediato y se encuentra muy grave.

No es relevante el dato porque parece no contener nexos, pero el exdirector, persona afable y querida en su colectivo y que había de algún modo ayudado al asesino porque su padre también es plantilla de la escuela, era homosexual.

A horas de lo ocurrido, en el barrio La Picadora un cochero de alquiler nombrado Arturo B. Gómez (42 años) fue víctima de la ira de otro miembro del gremio, convertido en adversario de última hora, quien le aplastó la mollera con una piocha.

A finales del 2015 e inicios del presente año, una ola de atracos al sector estatal despojó de casi todas las computadoras a la Notaría, el Registro Civil, las oficinas del MINED y la ONAT, entre otros latrocinios escandalosos que incluyeron al sector privado.

Hasta hoy se desconoce el resultado de las pesquisas relacionadas, ni si las hubo. El delegado territorial del MININT ofreció estadísticas desde el Telecentro local en una insólita alocución, pero más allá no se ha anunciado nada nuevo.

Caibarién ha tenido durante el semestre la visita de una brigada de Tropas Especiales de la provincia en un despliegue de seguridad, pero fueron retirados antes de cumplir cabalmente con su misión por problemas surgidos en áreas del malecón donde trataban de evitar cada noche salidas ilegales hacia los EE.UU.

Algunos integrantes de la brigada terminaron confrontando serios problemas personales con los residentes. La bahía tiene largo historial de fugas hacia el norte, y el secuestro de embarcaciones o el tráfico de personas están a la orden del día.

La PNR, que pocas veces acude a tiempo al reclamo público por carecer de medios, se halla inmersa en la tramitación de las denuncias que hay que archivar por irresolutas, sin otra variante que no sea el cumplimiento en ese “orden”. Vale decir: el que impongan las prioridades.

Cuando advierten por teléfono de que algo siniestro sucede o está por suceder en el entorno, el oficial de guardia en la estación policial suele conminar a que “actúe, adelante, compañero, reduzca al delincuente hasta que lleguen los combatientes, que los carro-patrulla-jeep-perseguidora van para allá enseguida”.

Otras crudas realidades

Un transexual al que, por seguridad, identificaremos como J.C., tiene 19 años de edad y “hace las calles” habitualmente en áreas del monumento ubicado a la entrada del pueblo. Como muchos otros jóvenes desempleados y “diferentes”, resultó atacado con varias botellas en noche de sábado reciente por trabajadores que construyen hoteles en el cayerío cercano.

Resulta paradójica la seguridad extrema en esas pequeñas islas. Donde crece la industria turística conste hay inexpugnable sistema de vigilancia y control.

Del lado de los cubanos, los bicitaxistas que tienen como base de operaciones el Servicupet andan todos, por lo pronto, “ensillados”: armados con instrumentos cortantes, cabillas afiladas y cadenas, para defenderse de asaltos o si les alquilan tramposos a deshora. También para pelearse entre ellos mismos tras disputar cliente próspero.

Meses atrás, en ese mismo parqueo, un exrecluso que tomó la justicia por su mano, mediando arma blanca en el ajuste de cuentas, quitó la vida al exjefe de la constructora militar donde ambos laboraban y de la que fue expulsado.

Salir a la calle de noche, en un poblado antaño apacible, ahora significa jugarse la vida. Las familias rezan, ponen vasos de agua con imágenes, encienden velas y hacen votos de sacrificio cuando sus jóvenes anuncian que van a “divertirse” el fin de semana. Nadie duerme en casa hasta verlos regresar.

El municipio de 50 mil habitantes que ayer destacaba por mantener la “tranquilidad ciudadana”, además de haber perdido ya el atractivo económico que le convirtió en sitio próspero, apacible y envidiable, respira actualmente el hedor del delito creciente, y desborda impotencia frente a quienes debieran coartarlo.

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Acerca del Autor

Pedro Manuel González Reinoso
Pedro Manuel González Reinoso

(Caibarién, Las Villas, Cuba) Actor, escritor y activista social.

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