Siete años de plegarias, y de sordera institucional

Siete años de plegarias, y de sordera institucional

‘Ya ni sé por qué sigo mendigando ayuda al Estado’

GRANMA, Cuba.- Casi un centenar de solicitudes y reclamaciones median entre Maidelín Romero Cedeño y las autoridades locales. Su casa, a punto de colapsar, más que reparación necesita ser demolida, pero ella sencillamente carece de recursos.

A primera vista, las ruinas parecen deshabitadas. Siete años han pasado desde que se derrumbó el techo de tejas cerámicas acanaladas y solo gruesas y quebradas paredes marcan los límites de la propiedad ubicada en la esquina de las calles 2 y 5 del reparto bayamés de Manopla. Allí vive Maidelín con su hija de 12 años.

Solo un cuarto de 2,5 por 3 metros conserva aún el techo, gracias a un improvisado apuntalamiento. Un trozo de nailon sirve para dirigir el agua lluvia que chorrea, filtrándose por la podrida estructura. “No admite otro tipo de arreglo, porque las paredes están tan desbaratadas que, apenas comience, se van a caer en pedazos”, dice, intentando justificar el cielorraso.

El reducido espacio sirve simultáneamente de sala, cocina, comedor, baño y dormitorio.

El piso de la casa está por debajo del nivel de la calle, con una zanja al frente y una fosa séptica al fondo. Cada aguacero copioso mezcla todo e inunda la casa, obligándoles a achicar y deshacerse del fango asentado. Por varios años, ese mismo piso cumplió además la función de cama.

“Ahí tirábamos los colchones y rezábamos para que no lloviera…, cuando llovía de noche, tenía que acostar la niña en la mesa, tapada con un nailon, y dormitar sentada a su lado, velando que no se cayera”.

A las miserables condiciones de vivienda se suman la carencia de trabajo, alimentos y recursos, de Maidelín; las enfermedades de su hija y la sordera institucional ante sus desesperadas gestiones.

En su batallar de reclamaciones, ha acudido en vano a diferentes instancias municipales y provinciales de Vivienda, Gobierno, Poder Popular, Fiscalía, Órgano de Trabajo, Atención social e instituciones de Salud Pública, incluyendo cartas al Consejo de Estado.

En un caedizo anexado al cuarto fue entrevistada por CubaNet, que le sorprendió escribiendo una nueva solicitud de ayuda al Gobierno. La mesa estaba cubierta completamente de solicitudes anteriores.

“Y estas no son todas. Más de la mitad se las he dejado en las oficinas”, aclara.

“Yo solo reclamo para mejorar nuestras condiciones de vida. Me han prometido trabajo, seminternado, subsidios, materiales de construcción, un solar, ayuda social, dietas, tratamiento especializado… pero nadie hace nada. Mi caso es solo un expediente pasivo sin solución”, dice.

“Esa gente (funcionarios) sin sentimientos no entiende que esto se está al caer. Ya ni sé por qué sigo mendigando ayuda al Estado”.

“Un día que llovió, un vecino me grabó un video para acompañar mis reclamaciones, pero le hicieron la vida un yogur”, describe, aludiendo a que el hombre fue víctima de amenazas por parte de las autoridades. “Hasta enemigos se buscó. Ahora pasó a ser una persona ‘indeseable’ y no lo quieren ver ni en las reuniones. Tremendo lío se buscó por ayudarme”.

Un peritaje médico y el no encontrar quien cuide la hija le impiden trabajar. El costo mensual de las medicinas para sus tratamientos, generalmente supera su pensión mensual de 158 pesos. Muchas tiene que comprarlas en el mercado negro.

Cuenta Maidelín que ella es asmática y diabética, y que su hija necesita cuidados constantes. La menor padece retraso mental moderado, diabetes, síndrome depresivo y colonitis. La relajación del esfínter anal, no le permite retener los excrementos y debe usar pañales constantemente, pero la ayuda estatal que recibe es insignificante y las medicinas que le deben dar gratis son las más baratas y casi nunca le son suministradas.

Maidelín muestra una veintena de recetas mientras dice: “Todos los meses me las dan por gusto, al final tengo que devolverlas porque nunca hay. Tenemos tarjetas de venta priorizada para cuatro medicinas, pero llevo dos años sin poder comprar la metformina, la gliburida solo la he encontrado dos veces y salbutamol no tengo desde octubre pasado”.

“A veces lloro de impotencia por tanto desamparo… No he tomado una decisión más drástica porque estaría condenando a la niña a sufrir las consecuencias”, confiesa.

Una ejecutiva de Vivienda Municipal, entrevistada al respecto y que solicitó no ser identificada, dijo al ver algunas fotografías de la casa: “Sobre este caso específico no estaba enterada, pero es lastimoso e incomprensible que la propietaria no haya recibido ayuda, o al menos un subsidio”.

También mencionó que casi la mitad de las viviendas de Bayamo se catalogan entre regulares y malas y que existen cientos de casos similares en el territorio, a los que, por diversas razones, tampoco se ha podido dar solución, a pesar de las reiteradas reclamaciones.

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