Hoy es Eddy Ceballos, pero mañana puede ser cualquiera

El caso de Eddy Ceballos reúne todas las condiciones para indignar y preocupar, no solo por él, sino porque pudiera sucedernos a cualquiera de nosotros en cualquier momento.
Eddy Ceballos
Eddy Ceballos (Captura de video: Despingovery Channel)

LA HABANA.- Me llama la atención la relativamente escasa solidaridad que está teniendo Eddy Ceballos Pérez, el creador del canal de Youtube de contenido satírico Despingovery Channel. A Eddy lo tienen preso hace casi un mes porque el régimen lo acusa arbitrariamente y pretende juzgar por espionaje.

Y asombra doblemente el silencio y la inacción de sus colegas humoristas, que, en vista de la paranoia y el furor represivo del régimen, pudieran afrontar riesgos similares en el futuro. Hasta ahora, solo a unos pocos he visto pronunciarse: Ulises Toirac y Jorge Bacallao entre ellos.

¿Qué pasa con los demás humoristas? ¿Por qué esa falta de empatía? ¿Se van a limitar los más osados y contestatarios a seguir haciendo chistes sobre los apagones, los precios, las guaguas, los baches y la burocracia?

La anunciada reforma económica de parchecitos y colorete, la demacración de Díaz-Canel, el atuendo de Lis Cuesta, los chistes sobre el imaginario marine Cuco Mendieta, las payasadas de Sandro Castro y cualquier chisme o tiradera de la farándula repartera y reguetonera provocan un aluvión de memes y exaltados comentarios en las redes sociales. No así el caso de Eddy Ceballos, del que muchos ni se han enterado, parece.

La frivolidad y el choteo característicos del cubano, que tanto daño nos han hecho y siguen haciéndonos; esa manía de no conceder seriedad a lo que realmente la merece, aunque no lo parezca, favorecen al régimen al estupidizar y aturdir a la población para que ande por las ramas y no repare en los hechos verdaderamente serios y con implicaciones graves.

El caso de Eddy Ceballos reúne todas las condiciones para indignar y preocupar, no solo por él, sino porque pudiera sucedernos a cualquiera de nosotros en cualquier momento.

Al humorista lo acusan de espionaje por haber entrado en un derruido y abandonado enclave militar y haber grabado, para su canal, la chatarra bélica de la época soviética dispersa por el lugar.

Tal “delito”, en un país normal, acarrearía una multa, si acaso. ¿Qué secreto estratégico podría haber en aquel basurero? Pero Ceballos será juzgado sumariamente por un tribunal militar que le pide 30 años de prisión.

Según explicó su madre, Marieta Pérez Alfaro: “Están argumentando que él estaba filmando armamento que, entre paréntesis, estaba obsoleto y descontinuado. Él va a ser juzgado por un tribunal militar, aunque sea civil, y lo tienen incluso como un caso de delito común”. En estos momentos el joven está separado de su familia, en una cárcel con presos comunes, un lugar al que no pertenece.

De la maldad de la dictadura no dudo nada. Los mandamases, asustados y prácticamente en estado de guerra ante la posibilidad de un ataque norteamericano, están considerando a Ceballos como un «espía», y pudieran condenarlo a cadena perpetua o incluso a la pena capital, por solo filmar un poco de chatarra oxidada.

¿Serán capaces? No lo dudo. No olvidemos la manía de este régimen de recurrir a escarmientos ejemplarizantes.

Ahora mismo Eddy Ceballos precisa de la solidaridad no solo de quienes estamos por la libertad y la justicia, sino de todos los cubanos que tengan un ápice de decencia. Que se escuchen nuestras voces. Que el mundo sepa de este abuso. Que, por nuestra apatía, indiferencia y cobardía, no recaiga sobre nuestras conciencias otro crimen más al que pudimos oponernos. Seamos justos. Seamos dignos.

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