MIAMI, Estados Unidos ― Ben Rhodes, el exfuncionario de la Casa Blanca que negoció para Barack Obama la normalización de relaciones con La Habana, dijo que espera que la Administración de Donald Trump emprenda alguna acción contra el régimen cubano y sostuvo que lo que Washington persigue en la Isla son bienes raíces.
“Creo que sí. Harán algo, pero ahí no hay realmente nada que robar”, respondió cuando el comediante Hasan Minhaj le preguntó si Estados Unidos invadiría Cuba a continuación. Minhaj insistió —“¿Y qué van a robar? ¿La sanidad universal, o qué quieren quitarles?”— y Rhodes contestó con dos palabras: “Bienes raíces”.
El exfuncionario estadounidense respondió las preguntas de Minhaj en “Will Trump Start World War 3? With Ben Rhodes”, una entrevista publicada en el canal de YouTube del comediante el 26 de agosto, pero grabada el día 4 del mismo mes.
Rhodes, que fue asesor adjunto de Seguridad Nacional para Comunicaciones Estratégicas entre 2009 y 2017, aseguró: “Yo negocié la normalización. Pasé cientos y cientos de horas con Alejandro Castro [Espín], el hijo de Raúl [Castro Ruz]”, dijo, antes de recordar las noches largas y el ron Havana Club compartidos con el entonces gobernante.
Para el exfuncionario, el interés de EE.UU. por Cuba solo se explica por razones económicas y no ideológicas. “Venezuela tiene petróleo. Cuba tiene mucha propiedad frente al mar”, afirmó. También sostuvo que algunos de los mismos cubanoamericanos que invocan la democracia querían desarrollar los cayos de la costa cubana. Extendió el mismo razonamiento a los otros dos expedientes abiertos por la Casa Blanca: “Petróleo en Venezuela, bienes raíces en Cuba, minerales de tierras raras en Groenlandia; hay una bonanza en todas partes”.
Ese cálculo, según Rhodes, era conocido en La Habana antes de la primera presidencia de Trump. Contó que en 2016, cuando preguntaba a sus interlocutores cubanos si les preocupaba la llegada del empresario a la Casa Blanca, la respuesta que recibía era: “No, no, la Organización Trump mandó gente aquí. Quieren construir campos de golf aquí”.
El exfuncionario atribuyó al actual secretario de Estado la ambición política del expediente. “Creo que Marco Rubio quiere ser el tipo (…) que consiguió el cambio de régimen en Cuba. Creo que Donald Trump piensa: ‘Ahí hay muchos bienes raíces, ese es el petróleo’”, dijo.
Preguntado por si existe algún escenario en el que Rubio no termine invadiendo la Isla, como secretario de Estado o como futuro presidente, respondió que no.
Rhodes también sostuvo que el gobernante Miguel Díaz-Canel “en realidad no manda” y que es “una especie de funcionario que hace de cara visible del sistema”, de modo que detenerlo no diría nada al público estadounidense. La alternativa tampoco le parece practicable: “Entonces dicen: ‘Bueno, quizá detengamos a Raúl Castro. Raúl Castro tiene 93 años. Ir a detener a un hombre de 93 años con un montón de tipos de la Delta Force o de los Navy SEAL resulta… Así que no tienen una gran opción militar”.
Castro Ruz, quien realmente tiene 95 años, está imputado en Estados Unidos: la Fiscalía federal del Distrito Sur de Florida desveló el 20 de mayo una acusación que le atribuye conspiración para asesinar a nacionales estadounidenses, dos cargos de destrucción de aeronave y cuatro de asesinato por el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate en 1996.
El segundo bloque del segmento dedicado a Cuba en la entrevista atribuye a la política de Washington la crisis de la Isla. “El relato mediático sobre Cuba es siempre que Cuba es un lugar extremadamente pobre, extremadamente deprimente. Esa gente es pobre. Está sufriendo. Pero ¿cuánto de ese sufrimiento proviene de las propias acciones de Estados Unidos? Yo diría que la mayor parte”, planteó Rhodes, que enseguida cargó contra la explicación alternativa: “Al relato mediático no le gusta decir eso. Dicen: ‘Bueno, el Partido Comunista cubano gestiona mal la economía’”.
Su argumento es que el corte del acceso al dólar impide cualquier apertura. Puso como ejemplos la imposibilidad de renovar el parque automotor, el proyecto abandonado de un nuevo aeropuerto en La Habana que ningún contratista europeo aceptó ejecutar y el sector privado cubano que, dijo, Washington asegura querer y a la vez asfixia.
“El Partido Comunista abriría su economía mañana mismo si pudiera. Estudiaban a Vietnam cuando yo trataba con ellos. Querían ser Vietnam”, afirmó. “Apostaría, por cierto, a que no podrían mantener el control político, porque Vietnam no está a 90 millas de Florida. Pero es culpa nuestra”, agregó.
Más adelante, aseguró que EE.UU. estaba “matando de hambre a la gente” y describió el efecto de los apagones sobre los enfermos: aseguró haber hablado personalmente con cubanoamericanos cuyos familiares murieron cuando se apagó el ventilador que los mantenía con vida. “Los contribuyentes estamos sosteniendo una política que está matando a niños y ancianos cubanos porque a alguna gente de Florida le gustaría recuperar esa isla”, concluyó.
La atribución de “la mayor parte” del deterioro al embargo no es unánime ni siquiera entre los gobiernos que votan cada año contra él en la ONU. La Unión Europea, en calidad de observadora, reconoció el 7 de julio en la Asamblea General el impacto humanitario del bloqueo, pero subrayó que “la nefasta situación del pueblo cubano no se debe únicamente al embargo”. En esa misma sesión, el ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, cifró en 8.000 millones de dólares los daños del bloqueo entre marzo de 2025 y febrero de 2026, un 7% más que el ejercicio anterior.
Rhodes también respondió “no” cuando Minhaj le preguntó si le constaba que el Gobierno cubano patrocinara alguna organización terrorista, y situó la inclusión de la Isla en la lista estadounidense de patrocinadores del terrorismo “en algún momento después de la Guerra Fría”. La designación original es del 1 de marzo de 1982; Obama la retiró en mayo de 2015, Trump la restableció en enero de 2021 y, tras una revocación de Joe Biden el 14 de enero de 2025, volvió a imponerla seis días después, al tomar posesión.
La prensa oficial cubana difundió el fragmento sobre el sufrimiento a las 48 horas. Escambray, el diario oficial de Sancti Spíritus, lo publicó el 28 de agosto acreditando un reel de Instagram del programa, con las frases sobre el hambre, sobre Vietnam y sobre los contribuyentes estadounidenses. No reprodujo la previsión de Rhodes sobre una acción de Washington contra la Isla ni su explicación inmobiliaria.
La entrevista abre con un monólogo de Minhaj. “EE.UU. siempre ha visto Cuba como un bonito pedazo de tierra. El Puerto Rico que se escapó”, afirmó. El montaje encadena declaraciones del presidente sobre una “toma amistosa” de Cuba —que pronunció el 27 de febrero ante la Casa Blanca— y sobre el “honor de tomar Cuba”, que dijo el 17 de marzo en el Despacho Oval, en una comparecencia en la que describió a la Isla como “una nación fallida” sin dinero ni petróleo.
El monólogo cierra con el informe que el Departamento de Estado difundió el 20 de julio bajo el título “Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI”, donde sostiene que la Isla “ha desempeñado un papel decisivo en la configuración de la izquierda radical estadounidense desde los años sesenta hasta hoy” y que muchas de las mayores convulsiones políticas recientes del país —enumera los disturbios por George Floyd, el auge de Antifa y la explosión del activismo proterrorista en los campus universitarios— “pueden vincularse, de alguna manera, a la influencia cubana”.










