Francisco I, el Papa nuevo

Al menos cuatro votaciones y dos fumatas negras precedieron el anuncio del jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, como nuevo Pontífice tras la renuncia de Ratzinger

MIAMI, Florida, 13 de marzo de 2013, Redacción, 173.203.82.38.- El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, jesuita de 76 años, ocupará el cargo papal con el nombre de Francisco I. Es arzobispo de Buenos Aires. Es el primer latinoamericano y el primer miembro de la compañía de Jesús que dirige la Iglesia católica, informa El País.

Tras al menos cuatro votaciones y dos fumatas negras, los 115 cardenales electores, con la ayuda siempre invocada del Espíritu Santo, inclinaron la votación a favor de Bergoglio. La fumata blanca se alzó sobre el cielo de Roma a las 19.08 (hora italiana).

Sustituyendo a Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), quien presentó su renuncia inesperadamente, Bergoglio asumirá este influyente puesto a partir de hoy.

Bergoglio es un jesuita ortodoxo en cuestiones dogmáticas, pero flexible en materia de ética sexual. Desde el balcón y vestido de blanco, ha dado las gracias y ha pedido una oración por su antecesor, el pontífice emérito. El argentino ha bromeado diciendo que los cardenales han ido a buscar al nuevo Papa «al fin del mundo».

Difícil misión

Benedicto XVI apostó a lo largo de ocho años por la ortodoxia. Pero no funcionó. Su pontificado estuvo repleto de escándalos: apañamientos de pedofilia, corrupción en la Banca Vaticana, terrorismo islámico, filtraciones de informaciones clasificadas.

El Banco Vaticano, que maneja $7.000 millones, necesita transparencia. La mayor publicación religiosa italiana, Famiglia Cristiana, exige que salga del sistema financiero internacional y se transforme en un «banco ético».

La Iglesia católica enfrenta una crisis en una sociedad cada vez más laica y liberal. Los católicos relativizan la gravedad, afirmando que el cristianismo sobrevivió a peores crisis.

Pero el nuevo Papa deberá encontrar solución a los pocos sacerdotes que se ordenan, a la fuga de católicos hacia otras religiones, a la crisis económica en el mundo occidental, a los inconformes, a los movimientos políticos de tinte marxista, a la extensión del fundamentalismo islámico, a los que exigen el fin del celibato sacerdotal.

Una semana antes del cónclave, el cardenal sudafricano Wilfrid Napier dijo en una entrevista que el nuevo papa «deberá interrogarse sobre lo que de verdad sirve al bien de los hombres».

La modernización más esperada es la de la curia cardenalicia. La curia no debe ser un órgano de gobierno», dijo a la AFP Andrea Tornielli, vaticanista de La Stampa. Expertos sugieren que «para evitar los problemas de los últimos años» se podría introducir un «organismo colegial» en el gobierno de la Iglesia.
La colegialidad era una de las grandes metas del Concilio Vaticano II (1963-1965) que intentó modernizar el Catolicismo, algo que los progresistas consideran  incumplido.

Para el Papa Francis no será una tarea fácil.

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