El cantinfleo de la FAO

El representante de la FAO se desdice al evaluar el estado actual de la agricultura cubana

LA HABANA, Cuba, junio, 173.203.82.38 -Parece una moda de los últimos tiempos el hecho de que ciertos organismos internacionales traten de congraciarse con las autoridades cubanas. Uno de ellos lo es la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), cuya  secretaria ejecutiva,  la señora Alicia Bárcenas, ha sido pródiga en elogios hacia la realidad cubana. Ahora parece tocarle el turno a la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En los primeros días de mayo, el señor José Graziano da Silva, director general de ese organismo, arribó a Cuba en visita de trabajo, con el objetivo fundamental de revisar el estado actual de la colaboración con nuestro país. El alto funcionario, de origen brasileño, fue recibido por Rodrigo Malmierca, ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, y también por Marino Murillo, vicepresidente del Consejo de Ministros, y pieza clave de los cambios económicos que tienen lugar en la isla. Y como constancia del buen estado de las relaciones entre Cuba y la FAO, el gobernante Raúl Castro tuvo la deferencia de recibir al señor da Silva antes de su partida.

El día 6 de mayo la prensa cubana daba a conocer una carta de José Graziano da Silva dirigida a Fidel Castro. La misiva era para felicitarlo “por haber cumplido anticipadamente la meta propuesta por la Cumbre Mundial sobre la alimentación celebrada en Roma en noviembre de 1996, y que proponía reducir a la mitad el número de personas desnutridas en cada país antes del año 2015”.

Y tal vez no satisfechos del todo por el acercamiento al gobierno cubano conseguido en el contexto de la visita de su Director General, los funcionarios de la FAO parecen haberle encomendado la siguiente tarea a su representante en Cuba, el señor Theodor Friedrich. En declaraciones ofrecidas al periódico Trabajadores (edición del lunes 27 de mayo), Friedrich afirma que Cuba es uno de los pocos países latinoamericanos que ha logrado un buen nivel de seguridad alimentaria.

Al preguntársele sobre los resultados de la agricultura urbana y suburbana en la isla, respondió: “La agricultura urbana y suburbana en Cuba definitivamente han demostrado resultados más favorables que la producción agrícola en general. Esto, en parte, es consecuencia de un apoyo específico a este sector de la producción. Sin embargo, no es una alternativa a la agricultura rural, sino es una forma complementaria”. Aquí emerge la primera incongruencia. Porque, ¿cómo es posible hablar de seguridad alimentaria en un país sin grandes recursos financieros para importar alimentos, y cuya producción agrícola rural, la única capaz de producir el grueso de los alimentos, se halla retrasada con respecto a los cultivos urbanos y suburbanos, que solo pueden ofertar verduras, hortalizas y alguna que otra fruta?

Más adelante el representante de la FAO añade otro criterio que contradice nuevamente la supuesta seguridad alimentaria que disfrutamos los cubanos. Ahondando en las características de la agricultura urbana y suburbana, declaró: “Aunque este sector se ha desarrollado favorablemente, todavía está lejos de producir suficiente para cubrir las necesidades de la población”. Si este sector, el de mejores resultados, aún no satisface necesidades, entonces, ¿qué dejaremos para el otro?

Le sugerimos al señor Theodor Friedrich que la próxima ocasión en que salga a escena, bien por iniciativa propia, o cumpliendo instrucciones de sus superiores, haga un esfuerzo por hilvanar su pensamiento. No hay peor que un artículo o entrevista donde las ideas se desdigan las unas a las otras.

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