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Sábado, 18 de noviembre 2017

Fábula breve del socialismo en Cuba

Tiene algo de dinero, una casa, un auto, una mujer bonita y todo eso lo ha logrado con lo que le envía su familia en Miami

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“El socialismo le enseñó a conformarse con muy poco y que por eso no se quiere ir de Cuba” (foto Cubadebate)

“El socialismo le enseñó a conformarse con muy poco y que por eso no se quiere ir de Cuba” (foto Cubadebate)

LA HABANA, Cuba.- Ha ido dos veces a Moscú, de vacaciones con su esposa, y ahora planea comprar una visa para México porque ya Varadero o Cayo Santa María no le parecen de su nivel. Aunque no es millonario se percibe y se proyecta como tal y sueña con las playas de Cancún para codearse con gente exitosa como él.

Tiene algo de capital, una casa, un auto, una mujer bonita y todo eso lo ha logrado con el dinero que le envía su familia desde Miami. Allá todos trabajan como animales y, en las vacaciones, a duras penas logran visitar Cuba porque ni el salario ni el tiempo les alcanzan para pasear por Moscú, ni siquiera para bañarse en las peores playas de la Florida.

Los de Miami viven de cuidar ancianos y de revender autos de segunda mano; el “nuevo rico” de Cuba se divierte apostando, en peleas de perros y juegos de azar, ese poco dinero que le envían por la Western Union, que además le es suficiente para traficar con algunas cosas en el mercado negro, lo que le ha permitido incrementar considerablemente las ganancias.

Dice, jamás en broma, que “el socialismo le enseñó a conformarse con muy poco y que por eso no se quiere ir de Cuba”. Sabe que atesorar unos pocos miles de dólares en una isla tan pobre lo convierte en un “magnate” y que manejar un auto Lada, Moskovich o Polski de la era soviética o cargar en el maletero las compras que hace en el mercado de 3ra. y 70, de Miramar, lo hacen ver como un tipo “fuera de serie” en medio de ese otro barrio de Luyanó donde tiene su casa y donde la mayoría de las familias sobrevive con apenas 20 dólares al mes.

Su filosofía de vida es simple y consiste en sacar provecho de los ríos revueltos que constituyen las crisis perpetuas de las economías socialistas, eso lo convierte en ese prototipo de “chico listo” que no necesita ser culto ni estudiar en la universidad para comprender bien el contexto donde habita, donde se adapta de maravillas y donde busca asegurar que las condiciones políticas y económicas siempre sean propicias para él, es decir, un verdadero caos, un manantial de sinsentidos.

Sin embargo, no hay que sentir demasiado pesar por esa otra pobre gente de Miami que lo ayuda a sostenerse. Lo saben todo sobre el destino de sus “sangreadas” remesas y, porque algún día piensan regresar definitivamente, aprueban con aplausos esa imagen retorcida de sociedad socialista donde el éxito individual se mide en comparación con las tragedias y carencias que padecen las personas que nos rodean en ese micromundo del barrio.

Existe un sentido conformista “a la cubana” que alimenta el inmovilismo social y sirve de soporte ideológico a una buena parte de los males que nos afectan como nación.

Debiera ser causa de alarma esa cantidad de cubanos que hoy salen de la isla no con la idea de escapar de una sociedad restrictiva, que en principio algunos usan como pretexto aprovechando la bondad de la ley de ajuste cubano, sino con el sueño de hacer algo de dinero y regresar para perpetuar esa realidad económica y política en crisis que, lejos de ser un obstáculo, les permitirá desmarcarse del ciudadano común, a la vez que vivir de las mezquinas ventajas que le reporta aparentar que todo marcha bien dentro de Cuba.

Acerca del Autor

Ernesto Pérez Chang
Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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