Los amos de la prensa

Los amos de la prensa

Quienes los reverencian, por conservar su empleo y salvar el pellejo, son los propios periodistas y cuantos laboran en los medios de información

(AP)

LA HABANA, Cuba.- Nadie como un periodista cubano, sumido en la grisura textual y la obediencia ideológica, para revelar los niveles de tergiversación, silencio u omisiones de medios extranjeros sobre determinados temas. Ninguno más reacio, por temor o compromiso, a criticar los mismos males que se practican en las diversas plataformas informáticas de nuestro país.

En el farragoso artículo Periodismo: silencio cómplice, publicado en el oficialista Granma, su autor, Manuel Cabieses Donoso, se lamenta del comportamiento de la prensa latinoamericana ante el supuesto atentado terrorista cometido contra el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y aprovecha para desbarrar sobre diversos medios internacionales que según su condicionada opinión, hicieron silencio, omitieron datos o tergiversaron la tentativa de magnicidio.

De ahí en adelante, como todo periodista cubano que se irrespete por aprecio a su libertad y profesión, comenzó el obligado sermón político que los voceros del poder en Cuba dirigen en contra de “Los empresarios de la industria de la información que han convertido a los medios en instrumentos de la desinformación y la ignorancia que sufren nuestros pueblos”.

Entre los medios “prostituidos” por el dinero de los amos de la prensa capitalista, el bien informado Cabieses señaló a O Globo, de Brasil, El Mercurio, de Chile, La Nación, de Argentina y otros protegidos bajo el paraguas financiero de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), o convertidos en multimedias que controlan revistas, canales de tv, radio, periódicos electrónicos y cuanto sirva para manipular la opinión de la pobre ciudadanía.

Pero yo le pregunto, compañero Donoso ¿Acaso desconoce que la agencia noticiosa en la que usted milita, Prensa Latina, junto con la Agencia de Información Nacional (AIN),y las emisoras radiales, canales de televisión, prensa plana o digital, revistas, folletos y lo que sirva de soporte para difundir opiniones o datos sobre nuestra realidad, forman parte y se deben al conglomerado financiero-ideológico del comité central del Partido Comunista?

¿Son tan altos sus niveles de ingenuidad inducida o despiste real hasta el punto de creer que CubaVisión, los Canales Educativos 1 y 2, Tele Rebelde o Multivisión, llenan sus parrillas con programas fuera del control de los ideólogos del Comité Central del partido y el equipo de vigilantes, censores e informantes camuflajeados de camarógrafos, guionistas, técnicos de luces, sonido, asistentes y directores, asignados a cada medio de información en la isla?

Si usted leyera en otras fuentes, hurgara en el pasado reciente de la prensa en nuestro país, o estuviera autorizado a indagar y difundir sobre la nacionalización y el desmontaje de todos los medios de información cubanos, se daría cuenta que muy pocos gobiernos en el mundo ejercen tanto control y determina qué publicar o ver en los medios como el cubano.

Si usted señala con una leonina sagacidad que el fin de los medios bajo la dictadura mediática financiera es modelar conciencias y someterlas al pensamiento hegemónico capitalista; debió añadir que en Cuba es igual el objetivo, pero bajo una dictadura mediática ideológica, que pretende imponer como, único camino, un socialismo ineficiente y espurio.

No obstante, y para darle el margen de la duda a su desconocimiento de cómo se formó el conglomerado ideológico-financiero que rige los destinos de los medios de información en Cuba; le diré que la creación de la agencia noticiosa Prensa Latina (PL), el 8 de junio de 1959, fue el primer paso en la escalada para eliminar la libertad de prensa en la nación.

No por azar del destino, camarada Donoso, el 27 de diciembre del propio año 1959, se introducirían “Las Coletillas”, una especie de réplicas supuestamente escritas por los trabajadores gráficos, que aparecían al pie de los artículos adversos al gobierno revolucionario, clara demostración de la dictadura mediática-ideológica que vendría.

De ahí en adelante el cerco a los medios se fue estrechando, y ya el 19 de enero de 1960, el periódico Avances fue nacionalizado; un mes después, el 24 de febrero, le correspondería el turno a El País, y con poca diferencia de tiempo, el 9 de marzo, El Mundo también correría igual suerte. Ninguno fue compensado a sus dueños; todos cerraron por publicar su opinión.

Ya el 31 de marzo de 1960, fueron nacionalizadas las estaciones de radio y televisión CMQ, de los hermanos Abel y Goar Mestre, y para que no hubiera casualidad, ni quedaran vestigios de la libertad de prensa, todas las emisoras de la radio y la televisión fueron fusionadas bajo el paradójico nombre de: Frente Independiente de Emisoras Libres (FIEL).

Para su consumo personal, aunque puede compartirlo con sus colegas de redacción o los subalternos censores que controlan la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), y su alter ego propagandístico, el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT); entre mayo y junio del 60 también fueron nacionalizados el Diario de la Marina, el periódico más antiguo de Cuba, y Prensa Libre, así como las Revistas Bohemia, Vanidades y Carteles, como punto final.

Si estas confiscaciones y nacionalización de todos los medios de información nacional no convirtieron al poder político-ideológico del gobierno revolucionario cubano y a su democracia de ordeno y mando en amos de la prensa ¿sabe usted cuál otro calificativo se le podría dar a una monstruosidad así, señor Donoso, camarada Cabieses, hermano Manuel?

Por respeto a sí mismo espero no responda que FIEL, pues nadie puede ser libre e independiente cuando es forzado a unirse, escribir bajo un guion inapelable, o realizar programas que complazcan al amo, en nombre de un supuesto bienestar común. Nada puede justificar la imposición de una dictadura ideológica o financiera sobre los medios de información de un país, pues no sería otra cosa que un mismo perro con diferente collar.

De ahí que ante su conclusión; “Los amos de la prensa son temidos y reverenciados por los políticos y los gobiernos”, yo le responda, en Cuba no. Aquí los amos de la prensa son los políticos y los gobernantes, y quienes los reverencian, por conservar su empleo y salvar el pellejo, son los propios periodistas y cuantos laboran en los medios de información del país.

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