El eterno mediador de la familia Castro (I)

El eterno mediador de la familia Castro (I)

Durante más de veinte años, ha sido una figura clave y a la vez polémica en el entramado más secreto de la economía y la política en la isla

Sandro Cristoforetti, en el Hotel Nacional de Cuba (foto cortesía del autor)

LA HABANA, Cuba.- El 19 de enero de 2018 una pequeña nota periodística ocupó las páginas económicas de los diarios españoles. El gobierno cubano, en la persona de Manuel Marrero Cruz, Ministro de Turismo, daba luz verde a un megaproyecto inmobiliario asociado a la Zona de Desarrollo de Mariel, al oeste de La Habana.

El Salado Resort S.L., de España, y Cuba Golf S.A., de Cuba, acordaron fundar una sociedad mixta que tendrá a su cargo lo que, según reporte de la agencia EFE, habría de ser  “el proyecto de golf más importante en la historia de la isla”, con 273 villas, 596 chalets y 3000 apartamentos, todos en venta, más tres hoteles de 5 y 4 estrellas, un campo de golf de 18 hoyos, centro de convenciones, área comercial, clubes nocturnos, restaurantes, bares y spa, todo con grandes ventajas fiscales y de importación únicas en Cuba.

No era de las noticias más importantes en comparación con otras sobre las tensas relaciones comerciales entre China y los Estados Unidos, o entre este país y Rusia, de modo que casi pasó inadvertida o, también pudiera ser que así lo quisieran algunos para no llamar demasiado la atención.

De hecho, ningún medio de prensa oficialista en la isla se interesó demasiado en el asunto, mientras que algunas páginas independientes se limitaron a reproducir la información, a pesar de que se hablaba de la mayor inversión inmobiliaria en la isla en los últimos sesenta años, con un costo cercano a los mil millones de dólares.

Tampoco a nadie llamó la atención la foto aparecida en el diario El Mundo, en su edición de ese viernes 19 de enero de 2018. Era demasiado pequeña y estaba casi al borde de la página y en una sección que muy pocos lectores fuera de España consultan. En la imagen aparecen, además del ministro cubano, otros tres personajes que estuvieron presentes en Madrid durante la firma del convenio de inversión.

La mujer es bien conocida por todos. Se trata de María José Hidalgo, directora general de Air Europa, principal responsable de la cadena Be Live ya con varios hoteles en Cuba e hija de Juan José Hidalgo, dueño de Globalia. En cuanto a los dos hombres que están a la izquierda de la empresaria, el más alejado es un italiano radicado en Islas Baleares, España, cuyo nombre es Alessandro Cristoforetti Villatoro.

Aunque sonríe, a Sandro ‒como le gusta presentarse ante los amigos‒ se le nota incómodo, como si supiera que comete un error al exponerse demasiado, como pensando que quizás debió declinar la invitación a posar para las cámaras, más cuando se trata de Cuba, un tema que lo ha mantenido en tensión durante años pero del cual no puede desentenderse, sobre todo si hay demasiados intereses personales en juego.

Sandro Cristoforetti, amigo de los Castro

Aunque, por la posición que ocupa en la imagen del diario español, pareciera un personaje secundario en el nuevo y primer gran proyecto inmobiliario aprobado por el gobierno cubano, “Sandro” Cristoforetti  en realidad ha sido el principal arquitecto no solo de esta “sociedad” que ha pasado a llamarse finalmente, entre muchos otros nombres anteriores, El Salado Resort S.L., sino además de gran parte de la estrategia de las inversiones extranjeras en Cuba, sirviendo de intermediario, en las sombras, entre las principales figuras del gobierno cubano y buena parte del empresariado europeo, sobre todo el español.

Durante más de veinte años, ha sido Alessandro “Sandro” Cristoforetti una figura clave y a la vez polémica en el entramado más secreto de la economía y la política en la isla, en tanto su amplio esquema de relaciones con empresarios, banqueros y políticos europeos, asiáticos y latinoamericanos, cultivado y ampliado en eventos sociales relacionados con el golf y la navegación deportiva, ha servido a la familia Castro tanto para esquivar obstáculos derivados del embargo económico de los Estados Unidos, como para ocultar, más bien enmascarar, disímiles operaciones financieras que dañarían la imagen de austeridad del régimen comunista.

Hijo de un empresario italiano, Cristoforetti, cuya familia se instaló definitivamente en Islas Baleares, luego de permanecer algunos años en Grecia y Suiza, mantuvo siempre un perfil bajo hasta que en noviembre del año 2002 su nombre, asociado al de su gran amigo Antonio Castro Soto del Valle, hijo de Fidel Castro, saliera a relucir en las vivencias personales que la joven Dashiell Torralba Hernández narrara en un programa de la televisora Univisión donde ofreció testimonios sobre su etapa de noviazgo con “Toni” Castro.

Procedente de una familia caída en desgracia luego que su tío Diocles Torralba, ministro de transporte durante los años 80, fuera destituido por el presunto delito de corrupción, la ex novia de Antonio Castro buscó refugio en los Estados Unidos después de haber logrado sacar de la isla imágenes sobre la vida privada de los Castro.

Entre las fotos mostradas hay una donde aparecen Cristoforetti y Antonio junto a autos deportivos, un hobbie que ambos comparten además de la pasión por el golf, los yates pero, sobre todo, por los negocios en común que habían comenzado desde los años 90, en pleno Período Especial, nombre con que fue bautizada la ruina económica que afectó la isla tras la caída del socialismo en Europa del Este.

Nota publicada a inicios de 2018 en El Mundo. En la imagen, a la derecha, Alessandro Cristoforetti (foto cortesía del autor)

Periodo Especial, periodo de buenos amigos

Los procesos judiciales conocidos como Causa No. 1 y Causa No. 2 que cerraron de manera sangrienta la década de los ochenta, al ser procesados y condenados por narcotráfico y corrupción decenas de militares y altos funcionarios del gobierno, fueron la mejor solución encontrada por Raúl Castro y su fiel aparato de Inteligencia para limpiar la imagen de Fidel Castro.

Como han señalado otros autores, con tal estrategia, a la vez que Raúl alejaba de su hermano cualquier sospecha sobre su responsabilidad en la articulación de redes financieras apoyadas en los cárteles del narcotráfico de la región, también aprovechaba el caos y la paranoia de Fidel para robarle a este posiciones claves en el poder, sustituyendo a los hombres de confianza del líder comunista por militares de su círculo más íntimo, la mayoría formados en el departamento económico de las Fuerzas Armadas (FAR), bajo la tutela del general Casas Regueiro, genio creador del grupo empresarial de las FAR, GAESA, y más tarde, en 2008, ministro de las FAR cuando Raul Castro pasó a ocupar el puesto de su hermano Fidel.

De modo que los años 90, además de comenzar con la pérdida de la protección soviética debido a la desintegración de la URSS, se tornaron mucho más complicados al venirse abajo buena parte de las tenebrosas redes financieras creadas por la más alta dirección del Ministerio del Interior.

El dinero que fluía desde Colombia y Panamá hasta los mismos edificios de gobierno en la Plaza de la Revolución desapareció de la noche a la mañana, obligando a la creación de nuevos esquemas financieros más ocultos, complicados y distantes geográficamente, para lo cual los Castro debieron acudir a la ampliación del círculo de “amigos”, así como a la activación de individuos “de interés”, simpatizantes con el régimen, sobre todo en los llamados “Grupos de Solidaridad con Cuba”, coordinados desde La Habana por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Tales sujetos servirían en su momento como testaferros en la creación de sociedades off-shore o como canales de diálogo con determinados sectores de la economía y la política mundiales.

Son los tiempos en que el gobierno cubano, apoyado en esta “red de solidarios”, crea la mayor cantidad de empresas off-shore de su historia, sobre todo en Panamá, Islas Vírgenes, Reino Unido, México e incluso en los Estados Unidos pero también es la época en que despierta el interés de Antonio Castro por el mundo del golf y de los deportes de “High Society”, comenzando a frecuentar las más prestigiosas instalaciones europeas donde “casualmente” hace amistad con Sandro Cristoforetti.

“No eran vacaciones, era más bien una misión. Tenía que lograr penetrar en los círculos más exclusivos, hacer amigos pero de modo muy discreto … Una situación que cualquier diplomático puede manejar porque ha sido formado pero en este caso hubo que darle cierta preparación …, aunque en esos lugares él (Antonio Castro) se sentía como pez en el agua”, comenta un exfuncionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba bajo condición de anonimato.

El equipo de inteligencia de la embajada de Cuba en España, desde finales de los años 80, había estado estudiando de cerca a varios ciudadanos españoles, extranjeros radicados en la península y hasta cubanos con residencia permanente.

“Se trataba de empresarios, ese tipo de gente …, el interés de Fidel estaba sobre todo en los dueños de cadenas de hoteles, negocios inmobiliarios, turismo pero cualquier oportunidad, por mínima, era aprovechable, esa fue la orden …, se enviaron a Cuba más de veinte expedientes con los perfiles, allí se detallaba todo, gustos, vicios, carácter, ambiciones, lo que pensaban y hasta lo que soñaban, todo, y así fue como se comenzó a trabajar con este hombre que no era un gran empresario pero que podía abrir algunas puertas …, fue de la mano de él que entraron en Cuba Iberostar y Globalia, en cuanto al turismo, pero también muchos empresarios holandeses, árabes, alemanes, franceses, sobre todo en lo que tiene que ver con el tabaco, el ron”, explica esta misma fuente del gobierno.

(Primera parte de un reportaje investigativo realizado por periodistas de CubaNet. Las otras partes aquí)

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