Crisis en Cuba: Éxodo, oposición y futuro

Crisis en Cuba: Éxodo, oposición y futuro

Cifrar esperanzas en que el régimen caerá por si solo es una falacia muy dañina. O trabajamos en serio o habrá castrismo para rato

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Esperando a que pase un taxi (toma de pantalla)

LA HABANA, Cuba. – El régimen está manejando un nuevo éxodo. Ha escogido a su viejo aliado Daniel Ortega como puente para lanzar caravanas de cubanos hacia la frontera de México con los Estados Unidos, ante la imposibilidad de alentar a miles a cruzar el estrecho de la Florida.

La crisis venezolana se agudizará y los recursos de los que dispone el totalitarismo en la Isla se harán más escasos, incluso aún sin caer el chavismo. La élite militar es consciente de que el aumento de la tensión social, puede desembocar en un escenario impredecible. El éxodo, método al que siempre recurren para aligerar esa tensión, lo están administrando de forma anticipada.

El castrismo ya no dispone de su maléfico creador para orquestar el show en tiempos de tormenta. La crisis que se avizora aterrizará en pleno paso del batón a los herederos, marcado por el visible vacío de liderazgo dentro de sus filas y el enfrentamiento a una administración muy diferente a la de Jimmy Carter o William Clinton.

Otro factor fundamental es la existencia de una palpable frustración en diversos sectores sociales que, aunque no llegan a la acción, comienzan a expresar más abiertamente su descontento, en un ambiente general más complejo al vivido durante la década de los 90. La sociedad cubana no es la misma de hace 25 años.

No hay dudas de que el terreno que más preocupa al castrismo es el interno, sus maniobras para evitar cualquier crisis social y política así lo dictan. Con otros escollos se muestran algo más confiados. Siempre tendrán aliados dispuestos a pesar de sus atrocidades, y hoy Venezuela es prueba de ello.

Dentro de este tablero, con una mayor presencia que en crisis anteriores, juega su papel la oposición interna, que, a pesar de resistir la agresividad e impunidad del régimen, ha visto, en los últimos tiempos desplazarse el foco del tema cubano hacia actores y proyectos fuera de la Isla.

El régimen ha aprovechado esta circunstancia para disminuir sistemáticamente a los grupos de activismo y oposición. Conscientes del potencial problema que representamos, nos hace blanco de su sostenido control y represión quirúrgica.

Observamos con preocupación la falta de apoyo al interior de la Isla, incluyendo nuestro papel como actores políticos en el escenario internacional. En la agenda colateral a la presentación de la nueva alianza hemisférica, en Chile, nuestra ausencia fue notable. Los puntos que nos apremian como la liberación de los presos políticos, el cese inmediato de la represión, el reconocimiento de la oposición como actor político por parte de las sedes diplomáticas dentro de la Isla, no fueron presentados a los nuevos gobiernos de la región. Situación similar experimentamos el pasado año en la cumbre de Perú, donde las escasas voces de la oposición interna que logramos llegar apenas tuvimos la posibilidad de manifestar nuestro mensaje.

La crisis económica está a las puertas, la social y política deberá ser impulsada en gran parte por nosotros. El régimen ya está enfocado en su profilaxis. Sin una oposición interna vigorosa, con protagonismo y activismo intenso será muy difícil acabar con el castrismo. Es imprescindible un apoyo resuelto para lograr que nuestro trabajo muestre el músculo y alcance necesarios.

Las expectativas no deberían descansar únicamente en factores externos. Cifrar esperanzas en que el régimen caerá por si solo es una falacia muy dañina. O trabajamos en serio o habrá castrismo para rato.

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