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Lunes, 16 de octubre 2017

¿Cuántos ‘homeless’ caben en Línea y A?

El célebre cuartel de la Stasi cubana hoy tiene aspecto de cochambre

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Edificio de Línea y A, custodiado por efectivos del Minint (Flickr)

LA HABANA, Cuba.- El edificio de catorce plantas situado justo en la intercepción de las calles Línea y A en El Vedado, La Habana, ahora tiene apariencia de cochambre.

La nutrida guarnición militar sigue de ronda allí con las cadenas en la acera advirtiendo a los caminantes el espacio prohibido, pero las paredes despintadas y los espacios vacíos donde antes funcionaron acondicionadores de aire, confieren imagen de abandono al otrora célebre edificio.

Bien sabía la respuesta que me iban a dar, pero por el puro gusto de escuchar brotar de labios ajenos lo bien sabido, hice que la semana pasada, señalando al edificio del frente, dijera a un anciano que podaba un arbusto en la calle A: “Busco a una persona por aquí, ¿esos apartamentos son viviendas o son oficinas?”

“Que yo sepa la planta baja es del Minint (Ministerio del Interior) pero no sé si en los apartamentos de arriba viven personas”, dijo el viejo, y volviéndose a un afrocubano que pasaba junto a nosotros le preguntó, apuntando al frente: “Oye, ¿ahí también hay apartamentos de viviendas?

El aludido nos miró con un gesto de asombro antes de decir al anciano como si se dirigiera a un extraterrestre: “¡Viejo… eso es la Gestapo, eso es Línea y A!”

Línea y A, otrora DGI (Dirección General de Inteligencia) la Stasi cubana, más que cuartel de espías, la escuela de histriones fundada en los años 60 por Barbarroja Piñeiro para hacer desde Santiago de Chile hasta Johannesburgo una gigantesca sala de teatro cual moderno circo romano.

Escuché al coronel Quero, que había sido ayudante de Barbarroja en los años 60 y allá por los 80 fue jefe del Departamento Nacional de Investigaciones Criminales, decir a sus subordinados: “Nuestro trabajo es clandestino y un oficial operativo tiene que tener aptitudes histriónicas”.

Y para colmo de histrionismo, los hombres que habían llevado al Che Guevara a la derrota en el Congo y a la muerte en Bolivia, frente a su cuartel general tenían al Teatro Mella y a sus espaldas, a la Compañía Teatral Hubert de Blanck.

“El juez empezó pidiendo al testigo Wolf que dijera su nombre, su dirección y su edad y luego su profesión: Soy autor, dijo Wolf, y la sala se llenó de risas contenidas, e incluso el juez no pudo reprimir una sonrisa”, dice Timothy Garton Ash, en su libro Historia del presente, de Markus Wolf, ex jefe de la Stasi y maestro de los chicos de Línea y A.

“Podía pasar por médico, abogado, ingeniero, maestro, albañil, cerrajero, carpintero, plomero, mecánico, marino, o, lo que las circunstancias exigieran; menos, eso sí, lo que verdaderamente era: hacedor de intrigas, desenredador de misterios, fabulador llevando inquietudes o esperanzas, forjador de ilusiones, apuntalador de políticos y gobiernos (…) de saco, corbata y portafolio diplomático o con uniforme de camuflaje y botas de paracaidista, recorrió siete países de África y tres de Centro y Sur América (…) pero al caminar por los pasillos del edificio en la calle Línea y A, ya no sería el ídolo de los más jóvenes”, dice la novela Bucaneros del protagonista, discípulo del “autor” Mischa Wolf.

Ahora con Cuba en ruinas uno no puede sino preguntarse: ¿Para qué tanto histrionismo político desde Berlín hasta La Habana?

Una de cada cinco personas tenía relación directa como oficial o como soplón de la policía secreta en la Alemania comunista, archivos policíacos hoy abiertos al público, y el edificio de la Stasi, convertido en museo.

Llegado el momento también en Cuba deberán abrirse al público los archivos de la policía política como se hizo en Alemania, para que se conozca los “delitos” por los que tantos cubanos hemos sido llevados a los calabozos.

Pero La Habana es una ciudad destrozada, y no podremos transformar el edificio de Línea y A con sus catorce pisos en un museo como hicieron los alemanes con el edificio que ocupó la Stasi, porque alguien se habrá preguntado… ¿cuántos habaneros homeless caben en Línea y A?

Ojalá más temprano que tarde, no veamos cadenas ni militares de uniforme montando guardia para que otros militares vestidos de civil, vayan por el mundo haciendo espionaje enmascarados tras sus dotes de actores. Ojalá  veamos niños de las manos de sus padres donde hoy hay carceleros internacionales buscando amordazar el pensamiento libre.

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Acerca del Autor

Alberto Méndez Castelló
Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló (Puerto Padre, Oriente, Cuba 1956) Licenciado en Derecho y en Ciencias penales, graduado de nivel superior en Dirección Operativa. Aunque oficial del Ministerio del Interior desde muy joven, incongruencias profesionales con su pensamiento ético le hicieron abandonar por decisión propia esa institución en 1989 para dedicarse a la agricultura, la literatura y el periodismo. Nominado al Premio de Novela “Plaza Mayor 2003” en San Juan Puerto Rico, y al Internacional de Cuentos “ Max Aub 2006” en Valencia, España. Su novela "Bucaneros" puede encontrarse en Amazon.

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