El patriotismo y la sangre de cerdo en Cuba

El patriotismo y la sangre de cerdo en Cuba

La profanación de bustos del Apóstol José Martí no debe ser motivo de discusiones entre cubanos

Cuba, Clandestinos,
(Foto: Captura de pantalla/Facebook/Clandestinos)

LA HABANA, Cuba. – En días recientes han ocupado un lugar constante en los medios noticiosos las informaciones y comentarios derivados del proceder de unos supuestos anticastristas que se hacen llamar “Clandestinos”. Ellos habrían profanado con sangre porcina (que algunos prefieren llamar “pintura roja”) bustos de Martí. Como es lógico, esos actos han concitado el interés de la opinión pública.

¿Se trata de una actividad real? ¿O estaríamos en presencia de una vulgar mascarada? En uno de los más recientes trabajos consagrados al tema, la colega Miriam Celaya, para describir los hipotéticos hechos, emplea una aguda frase que nos alerta: “Lo que hasta el día de hoy sigue siendo una fabulación cibernética”.

Pese a ese posible elemento fantasioso, los castristas han anunciado la detención de dos ciudadanos que serían los autores de los hechos. Pero, desde su página de Facebook, “Clandestinos” negó que esos individuos formaran parte de su organización. ¿Qué debemos pensar de todo esto? Aquí viene al caso una digresión.

En los tiempos en que aún los castristas no me habían prohibido ejercer mi profesión de abogado, en el foro habanero llamó la atención cierta sentencia. En una cárcel, un recluso derramó sobre un compañero un pote con orina y excrementos. Días más tarde, el segundo agredió al primero, apuñalándolo hasta la muerte.

Hasta ahí, nada inusual. Lo que llamó la atención es la frase que el magistrado ponente, con el presumible propósito de no “ponérsela fácil” a la defensa del acusado, empleó para calificar lo hecho por quien resultara occiso: “acción que, al parecer, es considerada por algunos como una ofensa”.

O sea: que el imaginativo y despistado juez provincial, con sus palabras, no excluía la posibilidad de darle a ese acto vil una connotación neutral. O —¿quién sabe? — ¡tal vez que valorásemos la lluvia de deyecciones como un halago o una fina deferencia hacia su destinatario!

Pero volvamos a la actualidad. El experimentado colega Luis Cino comienza su trabajo “Sin patria y con amos” de manera apabullante: “El año no pudo empezar peor. Por si no fueran suficientes la miseria, las escaseces, la desesperanza del pueblo y la arrogancia, egoísmo y demagogia de los mandamases (…), los primeros días de enero nos han traído el triste espectáculo de los bustos ultrajados de José Martí”.

Pero no todos coinciden con esa valoración. En estas mismas páginas de CubaNet, Ernesto Pérez Chang afirma: “El gran pecado de Clandestinos fue un acierto”. Y Orlando Freire Santana, partiendo de la innegable manipulación de la figura del Apóstol hecha por los actuales gobernantes cubanos, endilga a éstos “cualquier acción que se cometa contra la efigie de los padres fundadores de nuestra nación”.

Otros especulan: ¿Tal vez se trate de una operación de falsa bandera? ¿Una acción encubierta del propio régimen castrista para extrapolar después la profanación hacia todos los que nos enfrentamos al sistema? De ese modo se “sustanciarían” las acusaciones de “vendepatrias” que desde siempre nos han hecho. Es lo que apunta Primavera Digital en su más reciente editorial.

Esa hipótesis no me parece probable. Y no porque los provocadores del castrismo no sean capaces de actuar así. Cosas mucho peores han hecho. Pero este sistema se funda en el mito del control absoluto sobre la sociedad, y cualquier acto que haga dudar de esa fábula entraña para el régimen peligros que éste desea evitar a cualquier costo.

Aunque me acusen de ser un “administrador de toda acción opositora”, deseo dejar bien en claro mi total y más decidido rechazo a las acciones infames que, como si se tratase de actos heroicos, reivindica “Clandestinos” contra efigies martianas.

Confieso que no me asaltan dudas sobre si considerar los referidos hechos como “una protesta, un gesto simbólico acertado o fallido, una afrenta, un grito de desesperación, una ingenuidad o un mero vandalismo”. Para mí, el pote de mierda (o de sangre porcina, que para el caso es lo mismo) sólo puede ser una tremenda ofensa.

En base a un nuevo acto realizado ahora en Santiago, Diario de Cuba afirma que “Clandestinos opera a nivel nacional”. Según una radioemisora castrista, ese nuevo suceso habría tenido lugar contra “un busto martiano y un mural con la imagen destacada del líder eterno de la Revolución cubana”.

Con esa simultaneidad, ahora todo queda más claro. Si el hecho de verter sangre de cerdo sobre una efigie de Fidel Castro debemos conceptuarlo como una clara condena a este personaje y al funesto sistema que él impuso en Cuba (una suposición que me parece absolutamente razonable), ¡entonces cómo calificaremos la misma acción, pero realizada contra José Martí? ¿De manera diferente! ¿Cómo el mero “grito de desesperación” ya mencionado! No sería serio.

Hay sólo dos posibilidades: O “Clandestinos” se ha tragado la manipulación hecha por los castristas de la figura del Apóstol, y entonces se trataría de analfabetos políticos. O, aun sabiendo la verdadera significación de Martí como referente moral de la Nación, no han vacilado en agredirlo con tal de lograr un impacto mediático. En este caso, habrían tenido éxito en llamar la atención; pero a costa de ser considerados, con toda justicia, unos fulleros carentes de principios éticos.

En cualquiera de ambos casos habría razones de sobra para no seguirlos. Y conste que, como es lógico, hablo a título personal, y que no critico el enmascaramiento que los caracteriza.  No preconizo esa actuación clandestina, pero no tengo por qué condenarla. Lo hago porque, a mis 76 años, sólo estoy dispuesto a seguir banderas que estén orientadas de manera clara e indubitada hacia la libertad, la democracia y el patriotismo.

La colega Celaya, que califica con agudeza el nuevo fenómeno como “un prodigio intangible del que nadie conoce ni la forma ni el contenido”, constata que, pese a ello, “ha logrado concitar un extraordinario capital de fe, especialmente entre ciertos grupos de emigrados”.

No hay nada nuevo bajo el sol. ¿Acaso se han olvidado ya los llamados a fulminantes “huelgas generales” que no hace tanto tiempo formulaba un conciudadano que no poseía ni el mínimo poder de convocatoria para ello! ¿No recuerdan el delirante entusiasmo que despertaban esas proclamas en ciertas personas!

Los aplausos que algunos brindan ahora a “Clandestinos” tendrán el mismo destino que los delirios ilusorios sembrados por aquellas otras convocatorias fantasmagóricas.

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