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Martes, 21 de noviembre 2017

“Me cierran a mí porque soy privado”

Más trabas a los emprendedores cubanos. El régimen estudia no renovar las licencias para fregadoras y alquileres con piscina

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“T-Fregaré” un establecimiento particular en 27 y 2, en el Vedado (cubaenmiami.com)

LA HABANA, Cuba.- A pesar de las lluvias intensas de las últimas semanas, los principales embalses del país aún no alcanzan niveles de almacenamiento que aseguren la estabilidad en el abasto de agua durante los meses venideros. Esto es lo que informa el Instituto de Recursos Hidráulicos de Cuba sobre la situación de intensa sequía que atraviesa la isla, donde las provincias centrales resultan las más afectadas.

Junto al anuncio se han barajado una serie de medidas por parte del gobierno para intentar mantener la situación bajo control, entre ellas, reforzar el sistema de regulación en aquellas empresas estatales, principalmente de los sectores productivos y del turismo, así como mantener las restricciones en el otorgamiento de licencias a negocios por cuenta propia, señalados como altos consumidores de agua potable.

Según Isabel Hernández, funcionaria de la Oficina Nacional de Administración Tributaria, desde principios del 2017 se ha venido estudiando la posibilidad de que, a partir del próximo mes de julio, no se renueven las licencias a labores relacionadas con el fregado de autos, así como a negocios de renta que tengan áreas de piscinas no declaradas antes del otorgamiento del permiso de alquiler.

“A aquellas personas que obtuvieron la licencia antes de haber construido la piscina, no se les renovará. De igual modo, ya no se otorgarán licencias a negocios de piscinas en aquellas zonas que han sido más afectadas por la sequía, o a aquellos que usan pozos excavados de manera ilegal. Igual se incrementará el costo por el consumo de agua en los casos de los cuentapropistas que conserven el permiso (…). Con el fregado de auto, ya no se otorgarán nuevas licencias y los negocios que aún existen es muy probable que desaparezcan ante la cantidad de requisitos que se les exigirá, sobre todo con respecto al tratamiento de las aguas, tanto potable como residuales”, afirma Hernández.

Mirta, dueña de una casa de alquiler con piscina en Habana del Este, ha sido advertida sobre la posibilidad de que su licencia no sea renovada, ya que la piscina fue construida meses después de iniciado su negocio de renta:

“Hay muchas personas en mi situación. Hicimos la piscina incluso con el permiso que hay que sacar, pero ahora nos dicen que tenemos que eliminarla si queremos que nos renueven la licencia. (…) Tenemos que taparla, porque ni siquiera nos permiten tenerla vacía, eso es lo que nos explicaron. Ya han venido varias veces (…). No entiendo cómo es que los hoteles y las casas de los dirigentes puedan tener piscinas, mucho más grandes, mientras yo tengo que clausurar la mía”, dice Mirta.

En una situación similar se encuentra Reinier, dueño de una fregadora de autos.

“Primero vinieron a decirme que debía reducir el gasto de agua. Eso fue como en marzo, entonces cambié del fregado automático al manual, que es mucho más costoso porque tengo que pagarle a más personal y el proceso se demora más (…), pero bueno, ahorramos más de la mitad del agua que gastábamos antes (…), ahora estamos sobre los ochocientos a mil litros diarios, que eso es nada si te pones a ver que atendemos más de veinte carros al día. (…) Ahora sí vinieron a darme el ultimátum, ahora es o cierras o te cerramos, sin más explicación”, manifiesta Reinier.

Las medidas de ahorro para enfrentar la prolongada sequía, aunque aún no se han hecho efectivas, provocan disgusto entre los afectados. Mientras unos están pensando en transformar lo que fuera el objetivo inicial del negocio, otros han comenzado a adaptarse a las circunstancias. No obstante, casi todos concuerdan en que ha habido un tratamiento injusto, desigual, con respecto a las instituciones estatales.

Yosiel, dueño de un negocio de fregado de autos en Arroyo Naranjo, es de los que advierte una actitud proteccionista por parte del Estado hacia su sistema de empresas:

“Me cierran a mí porque soy privado pero no cierran las fregadoras del Estado, y esas sí que gastan más. Lo justo sería que las cerraran todas. (…) Igual, si las piscinas gastan, que las cierren todas, que dejen de construir hoteles. ¿Por qué las medidas más severas son para el particular? Porque somos el lado más débil de la cuerda”, comenta Yosiel.

Piscina en casa de alquiler en Cuba (TheCubanHouses.com)

Según datos suministrados por la Oficina Nacional de Estadísticas y el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, entre los años 2010 y 2016 los negocios de renta de casas con piscinas superaron en más cinco veces los que ya existían antes del año 2000, lo cual ha representado un aumento de cerca del 200 por ciento de la demanda de agua, especialmente en las zonas más frecuentadas por los turistas, tanto nacionales como foráneos.

Igualmente, los servicios de fregado de autos han mostrado un crecimiento que va desde el cero absoluto, antes del año 2000, hasta unos 270 en todo el país, de los cuales cerca del 25 por ciento, ya sean legales o clandestinos, se concentran en La Habana, Mayabeque y Artemisa, con un gasto que supera los 400 mil litros diarios de agua, una cifra que ha alarmado a las autoridades de la isla.

No obstante, las inversiones estatales relacionadas con el alto consumo de agua potable, como la construcción de una veintena de campos de golf con el objetivo de atraer turismo de altos estándares, no han salido afectadas por las medidas de control y hasta se ha anunciado el interés de continuar desarrollando esta variante inversionista, incluso asociada a los negocios inmobiliarios.

Acerca del Autor

Ernesto Pérez Chang
Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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