Cierra octubre sin leche para enfermos en Villa Clara

Cierra octubre sin leche para enfermos en Villa Clara

Escuelas, hospitales y asilos se encuentran entre los centros “afectados” por la ausencia e inestabilidad en la entrega del vital alimento

(Foto del autor)

VILLA CLARA, Cuba. – Con la mirada puesta en el cartel -¿informativo?- que cuelga del área reservada a los productos lácteos en su bodega, Maricela Ramos (83), viuda que nunca tuvo empleo porque el exmarido “no la dejó salir a la calle”, regresa a su casa como cada día de este mes —y “la vida entera dependiendo” de tan augusta pensión social—, y va bajándola hasta el suelo sin mostrar consuelo.

Cuando ha preguntado antes a la empleada que despacha “cuándo darán la dieta mía y de mi hija”, aquella dependienta, malévolamente, le ha respondido:

— ¡Ay mami!, estas son las cosas del Orinoco, no las sabes tú, ni yo tampoco —.

El carrero, que en ese momento salía por la puerta a punto de arrancar el camión-pipa maloliente y hundido en fango trepidante, le ripostó: “Mi vieja, en esta tienda ni en ninguna de esta provincia hay bastantes tanquetas pa’ dejarla a granel, y el nailon del envase en Placetas está perdido”.

En el “supermercado” donde debe nuestra protagonista comprar los 10 litros mensuales de leche natural que “garantiza” el estado, una dieta que “luchó” tras repetirse análisis fallidos —y “peligrosos”, atenida a la noticia escandalosa de gente contaminada vía intra-parenteral “con Hepatitis C y hasta incluso embarazadas”—, y que fueron indicados por la médico del Consultorio “para que se la dieran” justo cuando elevaron los parámetros para poder otorgarles a las dos el suplemento dietético que atenuaría la cronicidad de su diabetes y la hipercolesterolemia de la hija Anaisis (65), no saben siquiera “cómo resolverán los otros 12 litros que faltan por entregar antes del 31”.

La anciana relata que “hoy viene milagrosamente leche doble por yogurt” pero solo para niños.

Algunas Escuelas, Hospitales y Asilos de Ancianos, residencias conocidas como Hogares Maternos para gestantes con trastornos de peso, y la mayor parte de los establecimientos que elaboran de productos para el insumo y los hospedajes “no turísticos” —porque si cobran lo hacen en moneda nacional—, se encuentran entre los también “afectados” por la ausencia o inestabilidad del vital alimento que no solo desespera al sector poblacional más vulnerable por su imposibilidad real de interesar en el trasiego soterrado de la corrupción.

Porque todos los programas y cronogramas para la distribución de mercancías en el país “se han alterado” desde que estalló el anuncio de la crisis energética “en la televisión”.

Luego, la anciana se interroga ingenuamente, empleando palabras propias; “cómo es posible que sigan vendiendo helados y no falte el yogurt por divisas”, si todos son hechos en los combinados villaclareños, los mismos que visitó Díaz-Canel hace más o menos un año declarándolos “Vanguardias Nacionales” y que “ahora no haya leche para los viejos cañengos que hicimos esto”.

Pero casi enseguida se da cuenta de la pifia y la corrige: “Claro, los otros viejos que nos mintieron no saben ni papa de lo que una pasa”.

En medio de tan lacónica “situación coyuntural”, la que ha despertado la mar de ironías a través de un tsunami arrasador con memes originalísimos, elaborados por usuarios de la impagable y polémica internet, algunos “combatientes” —a patria y a muerte—, presentes en otra cola, junto a presuntos oficialistas aventajados, traen como sin querer bajo la jaba y sueltan allí la bola de “que pronto se acabará el ‘féisbú’ ese”, porque “el gobierno no va a permitir que sigan burlándose” de su demostrada inoperancia.

Regresa entonces Maricela a su encierro de miseria, desprovista de todo excepto el diario e incomible pan.

Pero antes ha insistido en saber más y preguntado —casi con pena— “si ya vino la cuota del aceite de noviembre”, a la persona “que le apunta los mandados en la libreta” la cual sobrevive independientemente de los anuncios públicos de cualquier racionamiento, mientras aquella se encoge de hombros, cejijunta, repitiendo la exacta postura de la cercana compañera despachadora de la ausente leche, pero sin emitir nueva guasa.

Y resulta hasta la misma pose del carrero que, soltando pestes ya se ha ido, llevándose la vacuna emulsión consigo.

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