Patriotismo 36-77: Fantasmas rojos en la Escuela de Circo

Patriotismo 36-77: Fantasmas rojos en la Escuela de Circo

Estreno de la pieza Patriotismo 36-77 de Teatro Kairós

Catálogo Patriotismo 36-77. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- “Silencio de los enfermos, silencio de los ancianos, silencio del hambre, silencio de la cárcel, silencio del miedo… ¡Silencio! ¡Silencio!” Se escucha ya al final de Patriotismo 36-77, la pieza de Teatro Kairós y Casa Galería El Círculo, estrenada exitosamente, con dramaturgia y dirección de Lynn Cruz, también intérprete junto a Juliana Rabelo y Luis Trápaga.

“Estrenada exitosamente” significa que no tuvo éxito la política cultural de impedir, mediante la policía política, el estreno de una obra tachable de “contrarrevolucionaria”, como otras producciones de estos dos proyectos independientes asediados y reprimidos varias veces por las autoridades.

En 2012, Lynn Cruz concibió Teatro Kairós como un proyecto para sobrevivir artísticamente fuera de las instituciones. Cualquier lugar sirve de escenario para devolverle al arte dramático “su sentido de tribuna, su poder de confrontación y su libertad no solo de forma, sino de contenido”. El riesgo estético y el riesgo ciudadano en un explosivo acto de libertad, en suma.

El intento de exhibición de Nadie que vivió junto al director Miguel Coyula, bloqueada la vivienda por el aparataje policial, marcó el camino de Cruz y fue el punto de partida de Patriotismo… Y Nadie es precisamente un documental dedicado al poeta Rafael Alcides en sus últimos meses de vida, luego de decenios al margen de la cultura oficialista por el pecado de abandonar el coro intelectual.

Luego, Los enemigos del pueblo, monólogo teatral dirigido por Coyula, sobre una idea de Adonis Milán e interpretado por Cruz, resultó según ellos “una oportuna visión de la sociedad cubana sometida a una dictadura”: Carlota Corday, la asesina de Marat, aparece ante el lecho en que agoniza Fidel Castro para recordarle a las víctimas del Remolcador 13 de Marzo.

Esta vez el estreno ocurrió en El Círculo, pero protagonizaron el evento la Seguridad del Estado y la policía, encarnando el título del monólogo como vivientes enemigos del pueblo para impedir que el público entrara en otra vivienda particular, pues, sin haberla leído, acusaban de contrarrevolucionaria aquella obra inédita.

Patriotismo 36-77 es, en el camino de Teatro Kairós, otro logro que empezó como el proceso entre tres artistas ciudadanos que descifran experiencias infligidas por la represión estatal, continuó con el crowdfunding a través de internet y siguió, por ahora, con el estreno exitoso, a pesar de que uno de los autos que debía conducir al —obligadamente exiguo— público nunca llegó a su destino.

No hay mejor escenario para tan intensa exploración dramática de la ruina que el elegido por azar. La impresionante construcción aún conservada de la Escuela de Circo, que fuera brevemente también Escuela de Ballet, al fondo del Instituto Superior de Arte. Un sistema de pasillos, escaleras, teatros, túneles y bóvedas catalanas, solitario desde hace muchos años, actualmente ni cercado ni custodiado, y sin letreros que prohíban la entrada.

Parece la ciudadela de una ciudad futurista, el ateneo de una Utopía cuyos moradores desaparecieron trágicamente, las ruinas de un orden social geométrico que terminó contrariando la esencia humana. Y esa Escuela de Circo fue, en la realidad, parte del fascinante proyecto arquitectónico encargado a varios arquitectos emprendedores por el gobierno de Fidel Castro, que al final ordenó suspenderlo.

En los túneles y recintos color ladrillo resuenan pasos, voces y ecos que parecen llegar desde un mundo antiguo, pero es el ahora mismo de Cuba. “Estoy harta de que me digan cómo debo pensar”, dice Juliana Rabelo. Luis Trápaga recuerda cómo allanaron su casa: “No me quería comportar como un militar siempre en alerta, en una ciudad donde me empeñaba en sentirme libre”.

En esta especie de —también— viaje a la Gran Basura, el trío protagónico bucea como “buzo urbano” de contenedores, en las tensiones entre la conciencia propia y el ciego poder aferrado a sí mismo. Los Reclusos I, II y III se desdoblan en sus fantasmas, sus sombras, los Espectros I, II y III: la Basura “productiva”, el Pantano “honrado”, el Escombro “constructivo”: tres prisioneros de conciencia enfrentados a sus miedos.

“¿Todavía queda un patriota o siquiera un patriotero convencido?”, se pregunta Juliana Rabelo: “¿Alguien muere «por» (a saber, si designa la causa o el efecto) la Patria hoy?” Desde el texto del catálogo nos advierte que “la propuesta anima esta búsqueda desde el lenguaje del teatro posdramático, a la vez experimental y crítico, sobre la producción de la realidad”, pues son objetores de conciencia en una jaula social que no admite disidencias culturales o políticas.

Basura y ruina marcan esta última frontera de la decadencia, esta crónica de la disolución de Estado, familia e individuo en un vertiginoso bucle de la historia, insoportable en plena era de la posverdad, donde el tiempo se desanuda y el espacio se torna tan poroso que vivimos inseguros de si estamos en territorio del poder o en una habitación familiar. El túnel paranoico del esbirro y su víctima.

Patriotismo 36-77 también lanza preguntas muy directas hacia el futuro, preguntas-espejo para intentar una visión de estos años desde un allá por venir, cuando acaso creeremos que todo esto fue la caricatura de una pesadilla peor, una balada de sombras chinescas, un carnaval de muñecas rusas que nunca terminan. ¿Cómo nos veremos desde nuestros nietos?

Más allá del impulso que puede haber significado para Cruz el relato Patriotismo, del japonés Yukio Mishima, o ciertos personajes de Antología de Spoon River, del norteamericano Edgar Lee Masters, esta pieza está impregnada de algo que, mejor que “profundo sentimiento de patriotismo”, pudiéramos llamar una honda seguridad en la incumbencia.

Este espacio geográfico y sociocultural es, obviamente, un asunto nuestro, “no estamos tirados en un establo esperando que nos digan qué hacer: nosotros somos lo que hay que hacer. Somos el trabajo, la causa y el efecto. Lejos de cualquier nacionalismo ideológico y “cubanerías” simplonas, hay un patriotismo auténtico que da calor y color al borroso ciudadano. Cuba es de mi incumbencia”.

30 de octubre de 2018

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