Regino Boti: la persistencia de un sambenito

Regino Boti: la persistencia de un sambenito

Sesenta años después de su muerte su obra  no ha sido difundida plenamente y  la conservación  de su archivo corre peligro

Autorretrato de Regino Boti (foto archivo)

GUANTÁNAMO.- Este cinco de agosto se cumplen sesenta años de la muerte de Regino Eladio Boti, el más significativo intelectual guantanamero.

Nació en Guantánamo el 18 de febrero de 1878. En 1895 fue  enviado por su padre a Barcelona para impedir que el joven se uniera a los mambises. Regresó cuando  la guerra había terminado, entonces realizó varios trabajos hasta que se graduó como maestro público en 1911 y  doctor en Derecho Civil en 1917, en la Universidad de La Habana.

Los cubanos conocen poco sobre la trayectoria literaria del guantanamero,  primer gran poeta cubano del siglo XX, pero  mucho menos sobre sus ideas políticas, lo cual ha favorecido que algunos  le hayan endilgado el calificativo de reaccionario.

¿Fue Boti un reaccionario?

Durante toda su vida Boti se mantuvo fiel a su patriotismo y enarboló sus altos valores cívicos frente al oportunismo político de los dirigentes de todos los partidos.

La primera etapa ideológica de Boti puede circunscribirse a su infancia, temprana juventud y  salida hacia Barcelona en 1898. En uno de los ensayos que conforman el libro “Las armas del hidalgo”, del escritor Risell Parra Fontanilles, el autor cita al historiador José Sánchez Guerra, quien asegura que en esa época Boti estuvo influenciado por varios maestros de honda proyección humanista y patriótica, pero también por una tradición familiar donde predominaban la ética, la disciplina y el nacionalismo catalán. Una consecuencia de esta formación fue la disposición de Boti para enrolarse en las fuerzas mambisas, intento cuyo fracaso lo marcó indeleblemente. El ensayo, titulado “Las gavetas de la patria”, ofrece algunos datos valiosos sobre  la segunda etapa que pudiéramos definir entre 1898 y 1913. En ese lapso trabajó en la Junta Municipal Electoral, militó en el Partido Conservador y en 1913 publicó  “Arabescos mentales”,  que unido a “El mar y la montaña” lo convirtió en ineludible referente poético, pero también fue evidente su rechazo a la intervención norteamericana y su pesimismo con respecto al futuro de Cuba,  ideas  congruentes con el espíritu de la época, reiteradas en sus cartas y en un texto imprescindible como “Harvardianas”, publicado en El Managüí, donde narró su experiencia en el viaje que hizo junto con otros maestros cubanos a los EE.UU. en el verano de 1900.

Entre  1913 y 1921 participó activamente en la vida política y se postuló  como representante, empeño en el que fracasó. Ello, unido al descubrimiento del lado oscuro de la política, provocó juicios muy críticos sobre la situación nacional, como éste que reproducimos a continuación, correspondiente a una carta dirigida a José Manuel Poveda: “No hay nada más asqueante que la política cubana y si sigo en el burro es porque ya estoy montado, José Miguel es un ladrón y Menocal un idiota. Zayas, un cero a la izquierda. (…)Le confieso una vez más que le tengo asco a mi país y a sus hombres públicos y a todos los organismos oficiales. Le huyo a tanta infección (…) Lo demás, de lo más alto a lo más bajo de nuestra capital me importa un pito”.

La última etapa ideológica de Boti está entre 1921 —año de su matrimonio— y 1958, el de su  muerte. Antes de casarse Boti  había renunciado a la política y  a la vida disoluta e hizo de la administración de los negocios de su familia,  su matrimonio y su obra,  el norte inconmovible de sus días, devorados por la noria pueblerina. Esta etapa fue una de las más fértiles de su vida. Acrecentó su prestigio como profesor, historiador, periodista, notario y poeta. Según el testimonio ofrecido en varias ocasiones  por su hija Florentina Regis Boti y León, se encerraba largas horas en su estudio todos los días. Allí escribía y se solazaba con la lectura de las novedades literarias  de España y América. La importancia de su proyección intelectual está demostrada por la  correspondencia que sostuvo con intelectuales de la talla de José Manuel Poveda, Agustín Acosta, Nicolás Guillén, Juan Marinello, Max Henríquez Ureña, Enrique Gay Calbó, Emilio Roig, José Santos Chocano, Hilarión Cabrisas y muchísimos más, donde fueron abordados  acuciantes temas literarios o políticos y no faltó la solicitud de consejos al guantanamero.

Se sospecha que fue alrededor de 1940 cuando algunos militantes del Partido Socialista Popular intentaron ganar a Boti para sus filas. Pero Boti, bien enterado de lo que  era el comunismo implantado por Stalin y defendido a capa y espada por  los “pesepistas”, nunca accedió. Quizás esa fue la razón por la cual el calificativo de “reaccionario” comenzó a ser disparado contra su persona.

La situación llegó al extremo de que en 1978 Nicolás Guillén se negó a asistir a la celebración del centenario del nacimiento del guantanamero, alegando —según escuché decir más de una vez a su hija— que no merecía esa celebración.

Hace algunos años un número de la Gaceta de Cuba, publicación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), reprodujo un artículo de Sidroc Ramos en el cual arremetió contra quien fue su maestro en Guantánamo. La dirección provincial de la UNEAC calló dócilmente, entonces varios intelectuales residentes acá suscribieron una carta dirigida a la  revista, refutando lo escrito y pidiendo que fuera publicada, lo cual nunca ocurrió, porque así funcionan la tolerancia y el respeto a las diferencias en la organización que se autoproclama como la vanguardia artística del país.

Sesenta años después de la muerte de Boti su obra  no ha sido difundida plenamente y  la conservación  de su archivo corre peligro debido al deplorable estado de su vivienda, pues aunque entre el 2005 y el 2017 el periódico Venceremos, órgano oficial de los comunistas de la provincia, ha anunciado en cinco ocasiones que va a ser reparada, nada se ha hecho.

Quizás algún día habrá presupuesto y voluntad política suficiente para que los investigadores puedan develar la riqueza de los archivos del poeta, esclarecer el equívoco y sepultarlo definitivamente.

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