El régimen cubano cerró este sábado la puerta a cualquier negociación que implique abordar su sistema político interno con Washington, al tiempo que advirtió sobre la imposibilidad de avanzar en el diálogo bilateral debido al ritmo acelerado de nuevas sanciones aplicadas por la administración estadounidense.
En entrevista concedida al medio mexicano Milenio, el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, fijó la posición oficial de La Habana frente a la estrategia de presión ejercida por la administración del presidente Donald Trump durante 2026.
“Cuba no está dispuesta a discutir con el Gobierno de Estados Unidos, ni con ningún Gobierno, los asuntos políticos internos de Cuba”, afirmó el diplomático en declaraciones al periodista Horacio Besson.
Fernández de Cossío justificó la postura bajo un principio de reciprocidad soberana: “Nosotros no pretendemos interferir o hacer injerencia en los asuntos internos de Estados Unidos y por tanto no aceptamos que un gobierno extranjero, incluyendo el de Estados Unidos, se involucre en los de Cuba”.
Aunque el vicecanciller confirmó que ambos países mantienen canales diplomáticos abiertos y han registrado contactos puntuales entre altos funcionarios, descartó que esos acercamientos hayan generado resultados concretos. Según el funcionario, el flujo de castigos económicos impulsado por la Casa Blanca bloquea cualquier avance: “Estados Unidos cada 10 días, cada dos semanas, anuncia la implementación de nuevas medidas agresivas que penalizan a la población cubana en su conjunto”.
Asimismo, el diplomático se refirió al incremento de la retórica militar y las alusiones a una eventual intervención en la Isla, señalando que ignorar esas señales sería “ingenuo” e “irresponsable” a la luz del historial bilateral y el contexto geopolítico actual.
Entre contradicciones y señales
Las declaraciones del vicecanciller a Milenio muestran matices respecto a sus propios pronunciamientos de finales de septiembre. En una entrevista concedida a Bloomberg el pasado 25 de septiembre, Fernández de Cossío manifestó un tono más pragmático al asegurar: “Queremos llegar a una solución con Estados Unidos lo antes posible”, admitiendo además que la cúpula castrista no podía limitarse a esperar un giro político interno en Washington para aliviar la crisis.
En aquel momento, el alto funcionario sugirió que un eventual entendimiento mutuo requeriría concesiones bilaterales que podrían quedar “lejos” de las aspiraciones iniciales de ambas partes y resultar “menos de lo que algunas personas en Estados Unidos podrían esperar”.
Esa postura contrastó con la línea expresada apenas dos semanas antes por el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, quien negó categóricamente la existencia de negociaciones, acuerdos o una hoja de ruta formal entre Washington y La Habana.
Hasta la fecha, el régimen cubano no ha reconocido formalmente la apertura de una mesa de diálogo con la administración norteamericana.
El lenguaje usado por Cossío se acerca, al menos en el objetivo final de alcanzar un entendimiento, a las declaraciones realizadas durante los últimos días por el presidente estadounidense Donald Trump. Ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el 22 de septiembre, Trump afirmó que el secretario de Estado, Marco Rubio, estaba “metido de lleno en negociaciones con Cuba” y añadió: “Veamos qué pasa”.
La Habana reconoce contactos y reuniones previas, pero insiste en que estos no han producido avances concretos. Washington, por su parte, tampoco ha explicado públicamente qué negocia Rubio, con quién lo hace o qué propuestas se encuentran sobre la mesa.










