El diálogo de la oposición debe ser con el pueblo

El diálogo de la oposición debe ser con el pueblo

La pequeña llama que nos conducirá al cambio no se logrará si nos aferramos a las autoridades equivocadas

SANTIAGO DE CUBA,  Cuba, junio, 173.203.82.38 -Mucha cobertura recibió el encuentro sostenido entre las Damas de Blanco y el cardenal Jaime Ortega el pasado 7 de junio en la sede del Arzobispado, en La Habana. Según Bertha Soler, líder y portavoz del grupo, el diálogo fue muy abierto y salieron contentas.

Se desprende que nuevamente las exigencias por la liberación de los presos políticos y el cese de la represión fueron los puntos culminantes del diálogo.

La muy criticada mediación de la Iglesia Católica con el régimen dejó sus frutos: excarcelaciones y un respiro en la represión contra las marchas de las Damas de Blanco en La Habana. Pero esta vez las condiciones son muy distintas: un régimen fortalecido a raíz de las nuevas medidas económicas, una situación internacional que aleja la posibilidad de una intervención y un resultado de la mediación favorable a sus intereses, que despejó el camino de opositores. Los desterrados que están en España se quejan del trato y las condiciones, y mientras todo eso sucede: ¿qué estamos haciendo las organizaciones opositoras en Cuba?

Ni la prensa extranjera ni la Iglesia Católica serán capaces de llevar el mensaje de libertad al pueblo cubano, y si lo hacen ese mensaje no calaría, precisamente porque se aleja de las misiones de una y otra. El Vaticano por ejemplo ha insistido siempre en que su misión es anunciar el Evangelio, y por otro lado la prensa extranjera se limita a reflejar realidades que ocurren en un determinado lugar. Sólo que sus “anuncios” van hacia fuera, el cubano de a pie pocas veces los recibe.

Entonces, ¿de quién es la misión de llevar el mensaje de la libertad?: solo la oposición cubana tiene en sus manos la posibilidad de lograr el fin de la dictadura, mediante el convencimiento del pueblo, hombre por hombre, para que se una a la resistencia. Ese contacto no puede ser suplido con otros métodos ya probados y en su mayoría inefectivos.

Se quiera o no reconocer, el caso de Cuba no es el mismo de Libia o Siria, aquí no hay miles de personas muriendo cada semana como consecuencia de una lucha armada. Por ende, la comunidad internacional no tendrá mayor interés en nuestra situación, y los intentos diplomáticos no pasarán del mantenimiento o reforzamiento de las mismas sanciones o regaños económicos que solo servirán para apuntalar el discurso de víctima del régimen comunista en cada foro internacional a que accede.

Sin desdeñar otros métodos tradicionales de lucha, la oposición hoy debe poner su mayor interés en el rescate del verbo, en aprovechar cada espacio público para dejar allí sus ideas y ganar adeptos a nuestra causa, que nos conduzcan a la libertad definitiva. Eso es lo que hace un político: hablar con la gente, mostrarles cuánto tiene por hacer y convencerles de que es capaz de implementar sus proyectos.

Tres horas de diálogo con cualquier autoridad pueden arrojar promesas, intercambios redundantes de ideas, pero una hora hablando directamente con el pueblo nos puede conducir al cambio, puede iniciar esa pequeña llama que Laura Pollán pensaba encender a través de su movimiento.

La pequeña llama que nos conducirá al cambio no se logrará si nos aferramos a las autoridades equivocadas. Recordemos que el régimen no nos considera como interlocutores sino como mercenarios. Es cierto que la causa de Dios es la causa del hombre, pero no se le puede pedir a un párroco que abra las puertas de un cuartel aunque éste se encuentre ya a media luz.

[fbcomments]