¿Jungla o manicomio?

¿Jungla o manicomio?

El paraíso comunista que íbamos a construir resultó ser una jungla donde el instinto aventaja a la razón

LA HABANA, Cuba, julio (173.203.82.38) – Los esfuerzos por contrarrestar la vulgaridad y la violencia verbal son un propósito baldío.  En Cuba, cada nueva generación es más vulgar y violenta que la anterior. El proceso es inversamente proporcional a lo que nos dicen los medios de comunicación.

El orden, la mesura y los buenos modales son asignaturas pendientes; cualidades perdidas dentro de un mar de comportamientos irracionales. Las malas costumbres que predominan en barrios y ciudades de todo el país se explican, en buena medida, a partir de la desarticulación  de la familia como eslabón principal de la sociedad.

Bajo las banderas de la revolución socialista, el Estado impuso nuevas reglas que dispusieron la supeditación a un partido. En esta ecuación, se sustituyó el papel de la madre y el padre en la formación de sus hijos. También habría que agregar la influencia del discurso gubernamental que, para desterrar los llamados rezagos burgueses, impuso la proliferación de la vulgaridad y la chabacanería.

Para cualquier cubano ser aporreado por un torrente de groserías, en el agro mercado, el ómnibus o en la calle, es algo tan común como tomarse un  vaso de agua. Lo llamativo es que la causa para desencadenar el tropel de insultos y vulgaridades suele ser de una trivialidad tal que cualquier persona no familiarizada con estos escenarios, pensaría que somos un país de locos.

La perversión del lenguaje llega a niveles tan altos que parece imposible de erradicar. Ni profesionales, ni estudiantes universitarios escapan al hábito de hablar a gritos, con un lenguaje plagado de obscenidades. El que no asuma estas costumbres se expone al escarnio de la mayoría. La decencia es una actitud preterida; un pecado por el que podemos recibir burlas e improperios de los demás.

Ahora el Ministerio de Educación está inmerso en una campaña para cultivar el idioma como medio de interacción cultural, perfeccionar los conocimientos lingüísticos de la población y promover en la comunidad el debate sobre la necesidad de revertir la violencia verbal y la vulgaridad.

El paraíso comunista que íbamos a construir resultó ser una jungla donde el instinto aventaja a la razón. El “hombre nuevo” que puebla esa jungla, no tiene colmillos, ni garras, pero sí un arsenal de palabras soeces y gestos ordinarios que le permiten prevalecer.

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Acerca del Autor

Jorge Olivera Castillo

Jorge Olivera Castillo

Jorge Olivera Castillo. Ciudad de la Habana, 1961. Periodista, escritor, poeta y editor de televisión. Durante 10 años trabajó como editor en la televisión cubana (1983-1993). A partir de 1993 comienza su labor en las filas de la disidencia hasta hoy. De 1993 a 1995 como secretario de divulgación y propaganda del sindicato independiente Confederación de Trabajadores Democráticos de Cuba (CTDC). A partir de 1995 labora como periodista independiente. Fue director de la agencia de prensa independiente Habana Press, de 1999 hasta el 2003. El Instituto Lech Walesa publicó en 2010 su libro de poemas Cenizas alumbradas en edición bilingüe (polaco-español). También en el 2010 la editorial Galén, publica en edición bilingüe (francés y español), su libro de poemas En cuerpo y alma, editado en el 2008 por el Pen Club checo.

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