Una novela para derrumbar una casa

Una novela para derrumbar una casa

Las consecuencias de escribir libros inconvenientes al castrismo

Butaca junto a estiba de cemento paralizado: el trono y los súbditos del director de Planificación Física en Las Tunas (Archivo)

LAS TUNAS, Cuba.- “¡Ese hombre está loco! ¿Cómo se le ocurre decir que esto es de origen nulo? ¿Sabe quién firmó esto…?”

Lo sabía muy bien, pero en cambio dije: “No, no sé”.

“Oiga… lo firmó Erlán Díaz Barceló, ¡un incorruptible! Como pocos quedan. ¡Esto es una barbaridad!”, exclamó el proyectista, agitando como si fuera un abanico la “providencia” firmada por Norge Rojas Cruz, director provincial de Planificación Física en Las Tunas.

Ciertamente, mi licencia de obra, como otras tantas, está firmada por un “incorruptible”, a decir del proyectista. Pero la “providencia” del señor Norge Rojas Cruz no es tan… providencial.

El 17 de octubre, declarado por la ONU Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, la jefa de inspectores de Planificación Física en Puerto Padre Yaquelín Marrero Rodríguez había paralizado la construcción de mi casa sin notificar infracción alguna de la Ley, según publicó CubaNet.

Pero la pasada semana recién me enteré, casualmente el 16 de noviembre, Día Internacional para la Tolerancia, de que el director Rojas Cruz canceló mi Licencia de Obra porque “se considera de origen nulo”.

Como para no deshonrar el día, 28 de noviembre, Día Mundial de las Personas sin Hogar, me había dicho Marbeli Guerra Pupo, jefa de Trámites, que podía continuar la obra, que todo estaba bien. “Triunfó la justicia”, sentenció, sin poder de sentencia. ¿Sabía ella que iba contra su jefe? Evidentemente, no.

Olía todavía a Día de los Santos Inocentes cuando el 29 de diciembre el señor Rojas Cruz, director provincial de Planificación Física, llegó a nuestra casa en visita de inspección. Como ya informamos, a mediodía dijo que estábamos otra vez paralizados y a media tarde que podíamos proseguir.

Sorprendente es que, cuando sólo tiene cinco días para notificar una cancelación de licencia, la anulación del 16 de noviembre de 2016, el director la notificó el 6 de febrero de 2017.

Los motivos de la cancelación no merecen comentarios. “El director provincial se desdice diciendo”, argumentaría un abogado, y ya lo dijo el proyectista: “Ese hombre está loco”.

La cancelación de nuestra licencia de obra ahora recuerda los años 60 del pasado siglo, cuando, interventores castristas, pusieron fin a la propiedad privada en Cuba, llegando allá por 1968 a “nacionalizar” hasta los cajones de los limpiabotas.

Y este 6 de febrero el jefe provincial de Planificación Física en Las Tunas, en lo que a nuestra casa concierne, dice como dijeron los interventores: “Decretar la pérdida de lo construido”.

“Lo construido” ―más propiamente dicho, lo que mi familia y yo venimos construyendo desde 1981― es nuestra casa. En ella murieron mis padres, tuve hijos, planté árboles y escribí libros. Toda una vida entre esas paredes inconclusas, me hizo preguntar: “Decretar la pérdida de lo construido… ¿por qué?”

Un grupo de escritores extranjeros, veraneantes en la Feria del Libro de La Habana, me han dado la respuesta.

Juliette Combes Latour es la directora de la editorial francesa Le Temps des Cerises (El tiempo de las cerezas). Su padre fue el comunista francés Francis Combes, quien dirigiera la casa editora del Partido Comunista francés.

Juliette vino a la Feria del Libro de La Habana porque siente pasión por Cuba y “quiere contarle al mundo las bondades de un sistema político y social que ha demostrado con creces su justeza”, dijo a periodistas.

Y Juliette y gente como ella, llegadas a Cuba, me han recordado las “bondades” del castrismo con esta orquestación leguleya en que se ha convertido la construcción de nuestra casa, haciéndome preguntar: “¿Estará el jefe de Planificación Física en Las Tunas concluyendo el trabajo del oficial Echenique de la policía política?”

“La novela de la Causa Uno”, dijo el persecutor aquella vez, cuando desde esta casa fui llevado a la policía por haber escrito ese libro. Aprovecho la oportunidad para negarlo: Bucaneros no es la novela de la Causa Uno de 1989, sino que es ―o pretende ser― la novela de todas las causas donde los cubanos hemos sido desfavorecidos incluso por causas históricas y hasta genéticas.

Y ahora, mi novela Bucaneros parece ser la causa del derrumbe de nuestra casa por el huracán de un decreto castrista.

“Su libro Bucaneros está disponible para la venta en la Tienda Kindle”, me habían dicho de Kindle Direct Publishing el 30 de noviembre. Ciertamente, el libro estaría en Amazon para noviembre, pero desde inicios de octubre de 2016, acerca de su edición, un amigo de Nueva York solía preguntar: “Las palabras claves, por ahora no tengo nada”, respondiéndole yo: “Pueden ser dinero, drogas, pirata, cubano, sexo, amor, mujer, hambre, putas, conciencia, comunista, mar, Wingmaster, Magnum, bosque, Cuba. No sé. Mira tú”. Pero mi amigo no paraba, su interrogante número 12 decía:

“La descripción, 4000 letras máximo.”

Y reseñando mi novela dije a mi amigo: “Pon ahí: ‘Oficiales de los servicios secretos dedicados al tráfico de drogas, caza furtiva al estilo de los bucaneros para proveer el mercado negro de La Habana con carne de ganado silvestre, torneos sexuales donde de una prostituta se consigue una esposa fiel, ladrones patriotas y soldados internacionalistas frustrados, encontrará en esta novela, espejo de lo que no se dice de la sociedad cubana’”.

¡Qué coincidencia! Conforme describí la novela Bucaneros, describiendo nuestra casa el director provincial decretó el 16 de noviembre: “Pérdida de lo construido en la vivienda dúplex compuesta de portal, sala-comedor, cocina, cuarto de estar, dos dormitorios, un baño, terraza, estudio…”

“Estudio… esa es la trinchera donde escribe libros… ¡Fuera!”, debió ordenar alguien, ¿no?

El dedo en la llaga: Bucaneros navegando en el ciberespacio (Foto: Alberto Méndez)

Lo digo porque el periodismo de investigación se hace en la calle, con las botas puestas. Y escribiendo reportajes me han llevado a los calabozos, o a casas de secuestro en Santa Clara, Manicaragua, Las Tunas, Puerto Padre, Cuatro Caminos… Y me han destruido o confiscado grabadoras, cámaras, teléfonos, libretas de apuntes, bolígrafos… Pero nunca habían decretado la confiscación de mi casa, dejando a nuestra familia en peligro de quedar sin techo.

¿Casualidad…? Publicada Bucaneros, la novela que algún policía llamó “la novela de la Causa Uno”, el director provincial de Planificación Física en Las Tunas sancionó: “Visto que de origen la Licencia es omisa, se considera de origen nulo y sin valor el croquis para la construcción del inmueble. Extremo que obliga a cancelar la misma y decretar la pérdida de lo construido”.

Si esto no es un record constituye un buen average. 36 años después de yo haber pagado a Planificación Física por un plano de microlocalización para construir nuestra casa, Planificación Física dice que mi Licencia de Obra es de “origen nulo” y decreta “la pérdida de lo construido.”

Y si no luchamos por ella, podemos ser declarados ilegales en nuestra propia casa. Echados a la calle, llevados por la fuerza con el concurso de la policía, a donde un jefe, no un juez, decida. Esto es Cuba, donde sobre el imperio de la ley está el Poder del Imperio, y no yanqui, por cierto.

Aquí tiene Juliette Combes Latour, directora de la editorial francesa Le Temps des Cerises y cofradía, veraneantes en la Feria del Libro de La Habana, uno de tantos ejemplos de “las bondades de un sistema político y social que ha demostrado con creces su justeza”.

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