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Lunes, 26 de junio 2017

Hablar en reguetón

¿Involución o actualización del lenguaje?

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Cartel de un concierto de Los 4, una de las agrupación más populares en Cuba (Foto: Ernesto Pérez Chang)

LA HABANA, Cuba.- “Dentro de unos años estaremos hablando en reguetón”, es lo que escuché decir a una señora en la calle sobre los cambios en el habla de los cubanos. Recién acababa de discutir con el chofer de un taxi a causa de un malentendido: “No le entendía nada. Él pensaba que me estaba burlando pero en verdad no le entendí lo que me dijo”, explicaba la mujer que, como muchos hoy en día, se sienten desconectados del mundo en que viven porque “ya no se habla ni se piensa como antes”. Pero, ¿será justa esta comparación entre generaciones o, ciertamente han cambiado las cosas para peor o mejor a nivel de lenguaje y pensamiento?

Según algunos especialistas, no es correcto hablar de involución con respecto a una lengua viva debido a que los procesos de cambio son constantes y responden a fenómenos psicosociales, sin embargo, es posible identificar tendencias que son alarmantes sobre todo entre los más jóvenes.

“No se puede absolutizar. Son fenómenos que ocurren en diferentes niveles del habla cotidiana. Eso sí, entre los jóvenes existe una tendencia a lo que algunos llaman hablar en reguetón y que significa como una especie de lengua de clan”, es lo que opina Maridaisy Ortiz, filóloga y editora, para quien, además, no se trata de incorporación de palabras inventadas, neologismos, tampoco de un acto a conciencia sino de un reflejo del entorno social.

“Si les preguntas algo te responden con frases hechas, palabritas sacadas de la música que escuchan, con gesticulaciones propias de esa música, con ese pensamiento facilón, práctico, que trasmiten las canciones, por eso me gusta mucho eso de hablar en reguetón, porque define mejor lo que está pasando, que no es precisamente un empobrecimiento sino una actualización que refleja mejor el mundo donde les ha tocado vivir”, afirma Ortiz.

En cambio, para otros, el español que se habla actualmente en Cuba por algunos sectores de población muestra un retroceso y un empobrecimiento debido a factores sociales propios del país.

Fernando Benítez, bibliotecario independiente, es del criterio de que el constante proceso de ideologización a que han sido sometidos los cubanos durante años ha transformado el habla de manera negativa.

“Si les das consignas y más consignas y, además, premias al que más consignas repita, la gente te responde con consignas. Todo es ‘Pa’ lante’ y ‘Pa’ lo que sea’ y todas esas frases que te bombardean las 24 horas por la radio y la televisión. A la propaganda del Partido (Comunista) le debemos en parte ese deterioro no solo del lenguaje sino del pensamiento (…). Y está por otro lado la música de moda, con frases que no dicen nada y que solo son reflejo de la guapería, la pérdida de valores morales, la búsqueda del placer inmediato y la apología de lo material. Entre esas dos fuerzas han crecido varias generaciones y eso se refleja ahora en esa variante del español, cubana, que nadie comprende si no se vive aquí”, explica Benítez que, durante años, ejerció como profesor de humanidades en la enseñanza preuniversitaria.

Exceso de gesticulación, dicción deficiente, uso de frases vacías, construcciones ilógicas, comodines extraídos de la música popular y que funcionan en cualquier situación son algunos de los problemas que los especialistas señalan en el habla popular actual.

¿Se está deformando el idioma con el reguetón? (Foto: Ernesto Pérez Chang)

“No te terminan una frase si no es con gestos, onomatopeyas, estribillos de canciones. Todo el vocabulario se restringe a unas decenas de palabras donde no pueden faltar los deícticos, la ‘cosa’, y todo es ‘lindo’ o ‘feo’. (…) No te nombran nada, se limitan a señalar: esto, eso. Lo cual demuestra una pobreza de vocabulario extrema”, opina Zenaida Pérez, quien fuera especialista del Instituto de Literatura y Lingüística y profesora de la Universidad de La Habana.

Por su parte, Odette Peña, estudiante de filología, reconoce que existe un deterioro del habla no solo en aquellas zonas identificadas tradicionalmente con lo marginal.

“No me gustan las generalizaciones pero es, sin dudas, un fenómeno que tiende a la generalización. Hay estudiantes de Letras, casi a punto de graduarse, que no saben articular bien, que dejan las frases a medias, que no saben el uso de los tiempos verbales, que todo su repertorio de pensamiento se limita a reproducir frases hechas”, dice Odette.

“Médicos con faltas de ortografía. Escritores, con libros publicados, que no saben si una palabra lleva c, s, o z, que no saben las reglas de acentuación, eso es lo que uno encuentra a diario en el trabajo de edición”, dice Mercedes, editora del sistema de publicaciones del Ministerio de Educación.

“La gente está ocupada en salir adelante en un país donde hay mucho problema, mucho desconcierto, no tienen tiempo para leer, para preocuparse por si una palabra está bien escrita o no, tampoco no se tiene mucho tiempo para pensar con cabeza propia, ni se estimula que la gente piense con autonomía. Los discursos de los dirigentes son una maraña de retórica vacía”, considera.

La disminución de los hábitos de lectura entre los jóvenes casi hasta el cero absoluto, el relajamiento e ineficacia de las políticas culturales y educativas que debieran velar por el uso correcto de la lengua y por el aprendizaje de esta, el lugar que ocupa ese sector de la cultura, que no genera ganancias en medio de una situación de crisis económica, pudieran ser otros factores a tener en cuenta frente a esa sensación de que algo, más allá del mero acto de hablar y comunicar, en medio de la complejidad actual de la sociedad cubana, ha sido dañado, tal vez de manera irreparable.

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Acerca del Autor

Ernesto Pérez Chang
Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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