Escuelas privadas de automovilismo, las que mueven Cuba

Escuelas privadas de automovilismo, las que mueven Cuba

El sector por cuenta propia asume otra tarea que el Estado no alcanza a cubrir

Aula de clases de Ana y Víctor (Foto: Ernesto Aquino)

La Habana, Cuba.- La capacitación de choferes es otra de las actividades laborales que el sector privado está asumiendo con responsabilidad y profesionalismo, a pesar de las dificultades materiales y el poco reconocimiento estatal a su labor pedagógica.

Uno de los instructores entrevistados, de 37 años y 18 de experiencia como chofer, que prefirió no revelar su identidad, opina que “las escuelas privadas de automovilismo atienden más del 50 por ciento de la demanda de ciudadanos interesados en obtener su licencia de conducción”.

“Las escasas escuelas estatales no pueden absorber la creciente demanda de ciudadanos interesados en capacitarse para obtener su licencia de conducción y tienen que acudir a la enseñanza privada, que está demostrando mucha seriedad y profesionalismo”, añade.

“Profesionalismo y seriedad son virtudes imprescindibles” que caracterizan los cursos que imparte el instructor de automovilismo Alfredo Benítez Navarro, de 60 años y 35 de experiencia como chofer, quien además es licenciado en Educación Superior, en la especialidad de Física y Astronomía, y Máster en Administración de Negocios.

Benítez Navarro, con un promedio de 250 alumnos por año (20 mensuales), considera que “nuestra labor como instructores de Educación Vial y Conducción es, sobre todo, de prevención. Objetivamente, nosotros salvamos vidas. Porque nuestros cursos son también de concientización y responsabilidad humana. Ser responsable en la vía es el resultado de ser responsable en otras áreas del comportamiento”.

“Siempre se trata de comportamiento responsable cuando interactuamos con los demás. Por esa razón, los instructores de automovilismo consideramos que hemos logrado nuestro objetivo, aun cuando, a través del curso, el alumno descubre que no está preparado para asumir la responsabilidad de conducir un vehículo; porque esa actitud, cuando menos, lo convierte en un peatón responsable, lo que vale tanto como un chofer bien entrenado”, continúa Benítez Navarro.

Vehículo de instrucción (Foto: Ernesto Aquino)

Otros entrevistados, además de compartir lo expresado por el profesor, insistieron en señalar la falta de reconocimiento a su labor por parte de las autoridades de la Dirección de Tránsito y destacaron aspectos “más puntuales a la hora de hablar de responsabilidades en la ocurrencia de accidentes”.

Tal es el caso de los capacitadores Ana Ibis Galán García y su esposo Víctor Ibáñez Castro, quienes han logrado habilitar, “con las condiciones necesarias y mucho sacrificio”, su escuela de automovilismo ubicada en la avenida Acosta número 256 A, entre Juan Bruno Zayas y Cortina, en el municipio Diez de Octubre, La Habana.

Ana Ibis Galán, de 49 años y licenciada en Educación en la especialidad de Ciencias Sociales, Licenciada en Derecho y poseedora de un diplomado en Periodismo, se ocupa de “impartir la parte teórica, porque Víctor pasa mucho tiempo en la calle enseñando la parte práctica, aunque siempre trabajamos como un equipo, apoyándonos uno al otro”.

Para ella “es muy decepcionante que las autoridades del Gobierno nos vean sólo como unos cuentapropistas más, tratando de mejorar nuestra economía; sobre todo porque, posiblemente, somos los únicos privados que trabajan en estrecha relación con el Ministerio del Interior, a través de la Dirección Nacional de Tránsito”.

“Y somos muy disciplinados y celosos con el cumplimiento de las orientaciones que recibimos en los cursos metodológicos”, destacó Víctor Ibáñez, de 56 años, electricista automotriz que durante dos décadas se desempeñó como Instructor en la Escuela de Automovilismo TRAMOS, ubicada en Calzada e I, en el Vedado, municipio habanero de Plaza de la Revolución.

“Además, nuestro profesionalismo y rectitud moral están fuera de discusión. A través de nuestro trabajo no sólo creamos choferes más conscientes y capacitados, sino también mejores ciudadanos. Y no le pedimos nada al Estado. Todo nuestro trabajo lo realizamos con recursos propios”, añade.

Para exigir hay que cumplir

El sector laboral privado está constantemente sometido al acoso de las inspecciones estatales. La exigencia, en el cumplimiento de las normas establecidas, puede llegar hasta lo insoportable, sobre todo para los propietarios de negocios que no ceden al chantaje de no pocos inspectores corruptos.

Para los propietarios de escuelas privadas de automovilismo las cosas no son diferentes. Víctor Ibáñez, quien usa su propio vehículo (un Volkswagen Sedán) para las clases prácticas, ven en las inspecciones periódicas un problema porque “el auto tiene que estar en óptimas condiciones técnicas, y el Estado no provee ningún recurso, por lo que los mantenimientos se vuelven muy costosos. Sobre todo para un auto como el mío, que está en función del entrenamiento práctico”.

Sin embargo, la calidad de la infraestructura vial y las señales de tránsito, en la mayoría de las calles, brillan por su ausencia. Todos los entrevistados coincidieron en afirmar que “uno de los problemas neurálgicos que está afectando la disciplina de los conductores y los vehículos, es la falta y el deterioro de la infraestructura vial. El estado físico de las calles es bastante lamentable, por las roturas, irregularidades en su superficie, la falta de señalizaciones y el deterioro de las existentes”.

“En sentido general, el deterioro de las vías es significativo; pero lo inconcebible es el estado deplorable de las calles y las señalizaciones en las áreas donde se realizan los exámenes prácticos, sobre todo en el área de Luyanó, en el municipio Diez de Octubre y en el área de Guanabacoa”.

Ana preparando las computadoras para practicar el examen teórico (Foto: Ernesto Aquino)

“Es muy estresante para los aspirantes a obtener la licencia de conducción que se examinan, enfrentarse a su examen práctico conduciendo por calles que no reúnen las mínimas condiciones, y donde muchas veces hasta faltan las señalizaciones; eso, sin hablar del tiempo que los hacen esperar (a veces hasta 4 horas) para realizarle el examen”, dice por su parte Ana.

Queda mucha historia que contar sobre el tema de las dificultades que agravan el complejo y polémico problema del tránsito automovilístico y peatonal, y los esfuerzos, sacrificios y aciertos de los capacitadores privados.

Pero lo que se evidencia en la práctica, cada vez con menos dudas, es que si cada día hay mejores choferes y menos accidentes esto se debe, en buena medida, a la labor profesional y entrega humana de los profesores de escuelas privadas de automovilismo.

[fbcomments]