El panadero que fue campeón de dominó

El panadero que fue campeón de dominó

Se llama Henry Heredia, pero le dicen Maño

Juego de dominó (foto: laverdad.es)
Juego de dominó (foto: laverdad.es)

LA HABANA, Cuba.- Se llama Henry Heredia, pero le dicen Maño. Aunque ya pasó de los cincuenta, desde muy joven es el mejor jugador de dominó de Cuba. Vive en Beneficencia y el 5 Sur, en Guantánamo, en una casa de las peores del barrio. Viajó a España, al campeonato mundial de dominó, donde obtuvo el primer lugar, y cuenta detalles interesantes de su vida y el torneo donde impuso su fuerza creativa sobre medio centenar de parejas de jugadores de todas las latitudes.

Su padre era el reparador de cocinas de luz brillante del barrio, experto en limpiar el tubo por donde la candela sublima el líquido para convertirlo en gas, y en soldar salideros de los tanques. Por poco dinero devolvía la tranquilidad a las amas de casas desesperadas, que corrían en busca de su ayuda para terminar la comida.

Su madre era una mujer enferma, que apenas se levantaba de la cama. Las labores del hogar las realizaba su hermana, medio loca. Su otro hermano Noelito, resultó ser “El Plateado”, un misterioso asaltador de caminos notorio en las provincias orientales, quien purgaba una condena de treinta años en el Combinado de Guantánamo.

En ese contexto creció Maño, que al terminar la secundaria fue a trabajar a la panadería “La Crema”, con Cueto “el maestrazo”, que le enseñó todos los trucos del pan. De la empresa los buscaban a los dos de madrugada, cuando una masa se había echado a perder en una panadería y necesitaban “reconstruirla”.

Cuando terminaban el amase y construían los proyectos de panes, que debían permanecer dos horas en la estufa antes de entrar al horno, se sentaban a jugar al “pintintín”, un tipo de dominó que da mucha vista y cálculo al jugador. Esas madrugadas esperando con el maestro a que el pan creciera mientras jugaban, fueron el entrenamiento ideal para que Maño resultara después el mejor del planeta.

En la esquina de San Lino y el 5 Sur crearon una sociedad de dominó con los vecinos. Le llamaron “La Doble Blanca”. La componían además Valentín, Cueto, Papucho, Fernando George y media docena de vecinos más. El juego comenzaba a las nueve de la mañana y a la media noche todavía se escuchaba el seco sonido de las fichas contra la madera, y el barullo, manteniendo despierta a muchas vecinas que se quejaban al otro día del ruido de las fichas, el vocerío y la ausencia del marido en la cama.

Luego la sociedad se disolvió y Maño continúo jugando por ahí, hasta que un día  lo invitaron a un torneo nacional y fue de pareja con el legendario Eloy. Batieron a cuanto rival les se sentó enfrente, con combinaciones fuera de serie y cierres magistrales.

Resultaron campeones de Cuba y los invitaron al I Campeonato Mundial de Dominó en España, pero a Maño no lo dejaban viajar. En su lugar colocaron a un advenedizo “gracias a que los organizadores expidieron la carta de invitación a mi nombre y no querían a nadie más”.

“Viajar a España resultó un suplicio. Tal vez por los antecedentes penales de mi hermano, o  porque era hijo del arreglador de cocina, o porque era panadero con una hermana medio loca, no sé, pero me pusieron todo tipo de trabas. Mi pareja Eloy también se disgustó; tú sabes, el dominó es como el ajedrez, un arte”.

“Eloy y yo no necesitábamos señas. Con mirar como colocábamos las fichas nos comunicábamos. En cambio adivinábamos las señas de los rivales y eso nos servía para liquidarlos. Al final viajé y ganamos sin dificultad el campeonato. ¿La pareja más difícil? La dominicana. Jugaban como los de ‘La Doble Blanca’. Aunque cometían los mismos fallos que Valentín y Papucho. Me recordaban mi barrio. Estaba loco por regresar con mi gente”.

Cuando volvieron no hubo vítores. La prensa recogió la noticia del triunfo con una nota escueta entre decenas de informaciones baladíes. Hubo un reportaje corto en la televisión, pero solo salieron en la pantalla las manos de Maño, colocando una ficha, en una partida contra la pareja de la provincia Granma durante el campeonato nacional.

Retornó a la panadería y no ha querido participar más en torneos oficiales. A veces juega una partida, no más. Sus padres murieron, su hermana está rematada por la locura y Noelito continúa pudriéndose en la cárcel. “El único aliento que me queda es llevarme veinte panes al terminar el turno, vender diez y comerme el resto, y esperar la próxima madrugada para irme a ‘La Crema’, a conversar imaginariamente con el difunto Cueto, ‘el maestrazo’, el que me enseñó a hacer pan y a jugar el juego que me llevó a cruzar el Atlántico”.

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