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martes, 02 de septiembre 2014

Gran pérdida con la muerte de Oswaldo Payá

Con Oswaldo Payá y Laura Pollán, se pierden dos de las más firmes referencias de la disidencia

GIJÓN, España, julio, 173.203.82.38 -El fallecimiento en accidente de circulación del opositor al régimen castrista, Oswaldo José Payá Sardiñas, el pasado 22 de julio en La Gavina, cerca de Bayamo, ha causado un hondo pesar en todos sus seguidores cubanos, tanto residentes  en la isla como en el extranjero. La sospecha  de un posible complot gubernamental que podía haber provocado su muerte, apuntado por su familia,  no se ha confirmado. La falta de transparencia informativa en Cuba va a ocasionar muchas dificultades para aclarar este suceso que ha conmocionado a la sociedad cubana e internacional, y cuyas consecuencias  no son fáciles de preveer.

Oswaldo Payá había nacido en La Habana en 1952, en el barrio de El Cerro, donde vivió siempre y desde donde dirigía sus organizaciones políticas. Sus juegos infantiles se desarrollaron en el Parque Manila. Nieto de emigrantes españoles, que levantaron un pequeño negocio  trabajando, “no de sol a sol, sino de luna a luna”, se hizo ingeniero en la  especialidad de reparación de equipos médicos para la terapia intensiva, asesorando a doctores anestesistas.  En  2002 recibe el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia concedido por el  Parlamento Europeo. Fue candidato a Premio Nobel de la Paz durante varios años, incluido el pasado 2011.

En 1988 funda el Movimiento Cristiano de Liberación “inspirado en el humanismo cristiano con la participación de católicos, protestantes, masones y exmiembros del partido comunista entre otros”.

En 1998 crea el Proyecto Varela, que sustancia su función en la aportación de once mil firmas  en mayo de 2002 a la Asamblea Nacional del Poder Popular  para pedir un referéndum para el cambio constitucional, con el fin de que aquella garantice los derechos fundamentales. En octubre de 2003 presenta catorce mil firmas más  con el mismo objeto, que fueron rechazadas por el gobierno a pesar de que un artículo  de la Constitución dice  que la presentación  de diez mil firmas es suficiente  para que se conviertan en Proyecto de Ley.

En la Primavera  Negra de 2003 fueron  encarcelados 75 opositores, de los que más  de la mitad eran de sus movimientos reivindicativos. Él mismo estuvo esperando ser detenido, luego de enviar a su familia a otro domicilio. Según me confesó en uno de mis encuentros con él en su casa, había órdenes expresas desde lo más alto para acabar con su vida. Delante de su vivienda hay un piso vacío donde se apostan agentes de la Seguridad del Estado para ver quien entra y sale de ella durante las veinticuatro horas al día.

De todos los opositores cubanos, Oswaldo Payá era el más representativo. El que concitaba más respeto, el que proyectaba hacia el exterior  su pensamiento  libertario y sus denuncias. A él recurrían los medios internacionales recabando opinión cuando se producían hechos puntuales relacionados con la falta libertad de expresión o el menosprecio a los derechos humanos en la Isla. Y el  que emitía comunicados  que eran reflejados por todos los medios  más importantes del mundo.

Este suceso cogió de visita a España al Presidente de la Asamblea cubana, Ricardo Alarcón, que respondía a una de las preguntas del diario El País: “Todas las cosas fundamentales se consultan con el comandante en jefe”.   Como si Cuba fuera un gran a cuartel  en estado de guerra contra las libertades. De hecho, en el sepelio de Oswaldo Payá, oficiado por el Cardenal Jaime  Ortega, en la iglesia del Divino Salvador del Mundo, cercana a su casa, fueron detenidos  varios reconocidos disidentes,   como Guillermo Fariñas, Premio Sájarov 2010, entre otros, y como una forma de costumbrismo gubernamental que aplica en cuanto ve a varias personas juntas manifestando su oposición al régimen.

En este lamentable accidente falleció también el  opositor   Harold Cepero, y quedaron heridos el sueco Jens Aron y el español Ángel Carromero, de Nuevas Generaciones del Partido Popular, que conducía el vehículo.  El Partido Popular quiere que el  Gobierno español  repatríe  cuanto antes a este político  accidentado, que es el único que puede esclarecer este suceso, y que ya declaró que no vio una señal  que invitaba a reducir  la velocidad y se precipitó a un talud.

Visto el caso  como accidente  circulatorio sin más, asalta la sospecha de una cierta insensatez  por parte del conductor no avezado a conducir en un país como Cuba.  Y ahora su partido quiere que salga de él corriendo como un conejo  asustado sin dar cuenta detallada de lo que pasó. Y también parece que fue una imprudencia por parte del equipo de Payá, al poner su vida en manos de un extranjero, permitiéndole  llevar el vehículo por carreteras desconocidas para este, y con las peculiaridades propias de la conducción  y los trazados interurbanos de Cuba, nada que ver con España.

Si el Partido Popular pretendió congraciarse y dar respaldo político a las posturas políticas de Oswaldo Payá, flaco  y lamentable servicio le ha dado tras el suceso que nos ocupa. Pues si era esa su pretensión, no nos parece del más mínimo relieve la representación de un muchacho de las  Nuevas Generaciones como emisario. Cuyo resultado, por desgracia, no solo ha malogrado la  vida de dos personas, despojando a sendas familias de uno de sus miembros y ha malherido a otras dos personas,  sino que ha cumplido uno de los deseos del gobierno cubano, dejando un hueco importante en la disidencia interna cubana.

Con la desaparición de Oswaldo Payá  y la de Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, en octubre de 2011, se pierden dos de las más firmes referencias de la disidencia pacífica en Cuba.  Ambos  han dejado patente su arrojo a la hora de plantar cara a un sistema opresivo con las únicas  armas de la búsqueda de la liberta y el respeto a los derechos humanos.  Ahora la oposición segmentada tendrá que plantearse una voz común.

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