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sábado, 25 de octubre 2014

Cuando se muera Fidel

Una trompetilla universal retumbará en el sainete fúnebre, como colofón a tanta afrenta acumulada

BELEM, Brasil, octubre, 173.203.82.38 -La dictadura castrista ha cubierto con una cortina de humo –la mal llamada “reforma migratoria”– la situación precaria de salud por la que objetivamente pasa el aciano dictador cubano. Un rumor que se agigantó con al triunfo de Hugo Chávez en Venezuela y el extraño silencio de la verborrea fidelista, siempre presta a elogiar al caudillo venezolano, indicador indiscutible de que algo sucede en el nido de la víbora.

Cuando se muera Fidel, en el momento que el régimen de Raúl decida darlo a conocer públicamente, una pequeña isla del Caribe estará más cerca de eliminar medio siglo de atrocidades cometidas en nombre de la justicia social, y sus ciudadanos estarán finalmente más cerca de dejar de vagar por el mundo cual parias apestados en busca de las oportunidades perdidas en su bello y acogedor rincón natal y comenzarán tarde o temprano el retorno en tropel para abrazar a sus seres queridos, hoy rehenes de la pobreza, el maltrato y la ignominia.

Cuando se muera Fidel, aquellos que antaño festejaron hasta el amanecer la muerte del dictador chileno Augusto Pinochet en Santiago de Chile, Ciudad México, París y Moscú, se “rasgarán las vestiduras” por las fiestas que escenificarán los exiliados cubanos en Miami, Río de Janeiro, Madrid y Bogotá, argumentando que “toda muerte debe ser respetada”, aunque ni Castro ni Pinochet respetaron los miles de asesinatos de sus regímenes sangrientos y de oprobio.

Cuando se muera Fidel, y los Estados Unidos ya haya enviado recados conciliadores a los generales de Raúl, los cubanos enfrentaremos la segunda etapa de nuestro trauma nacional, con una espera innecesaria para nuestra liberación asociada a la certeza existente en la potencia del Norte, respecto a la necesidad de un régimen militar y de control social como el de Raúl Castro en la isla, sin el cual recibiría millones de inmigrantes desesperados que huyen del hambre, la desesperanza y el desasosiego.

Cuando se muera Fidel, y los inversionistas españoles tiemblen al ver la geopolítica actuante por parte de los norteamericanos, sabremos verdaderamente las intenciones “democráticas” de España con la isla, momentos en que probablemente elevará su voz (ausente durante todo el período dictatorial) hablando de garantías para sus inversiones, estado de derecho y otras “perlas” por el estilo, sólo para preservar sus discriminatorias inversiones, cómplices hoy de una dictadura de 15 dólares por mes.

Cuando se muera Fidel, y la Latinoamérica beligerante de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, junto a la izquierda moderada de Lula da Silva, Michelle Bachelet y Cristina Fernández de Kirchner, se junten para despedir en la isla a su admirado “dictador de los otros”, una trompetilla universal retumbará en el sainete fúnebre, como colofón a tanta afrenta acumulada en Sudamérica con un hombre que dedicó su vida toda literalmente a acabar con su propio país y a discriminar a sus compatriotas.

Cuando se muera Fidel, y lo peor del mundo “intelectual” se sienta como una ‘viuda inconsolable’ para siempre, no habrá más viajes fáciles a la isla a prostituir cubanitas jóvenes por un par de zapatos, un vestidito para su hijita, o el simple derecho a comer como Dios manda, porque la dignidad que no ha tenido la parte del pueblo sojuzgado que se ha prostituido, se levantará con más fuerza contra tanta ignominia, en una Nación inerme en manos de un grupo de canallas.

Cuando se muera Fidel, y la hipocresía corra a raudales en los sistemas informativos de la prensa radial y escrita de la dictadura, llorando cual plañideras confusas con su futuro incierto a la muerte del capataz, quizá sea el momento de los cansados hombres y mujeres cubanos de la isla darle un basta a tanta hipocresía acumulada en 50 años de ignominia, opresión, discriminación y falta de derechos, resurgiendo el espíritu rebelde de Martí, Maceo y Céspedes.

Cuando se muera Fidel, y el corazón del exilio cubano palpite junto al corazón de los hombres y mujeres aprisionados dentro de la isla por el verdugo que desaparece, se creará esa fuerza mística que guiará al pueblo cubano en la consecución de sus objetivos más nobles asociados a la libertad, la dignidad y el honor perdido en más de 50 años de ‘afrentas y oprobios’.

Cuando se muera Fidel, y los cubanos nos sintamos finalmente “con patria pero sin amo”, encomendaremos la Nación recuperada a la Santa Madre Virgen de la Caridad del Cobre, para que bendiga a todos sus hijos perdidos dentro de la isla y a aquellos desperdigados por el mundo para un abrazo definitivo y purificador, y así gritar unidos: ¡Dictadura nunca más!

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