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lunes, 01 de septiembre 2014

Una Mesa Redonda con saldo poco convincente

Seguramente, la pregunta de Fernando Ravsberg, corresponsal de BBC, era esperada con ansiedad por la cúpula castrista

LA HABANA, Cuba, agosto, 173.203.82.38 -Los televidentes cubanos estábamos convocados, el pasado lunes 30 de julio, a presenciar una Mesa Redonda netamente deportiva, pues los panelistas de ese programa televisivo se iban a referir a los resultados de los tres primeros días de competencias en las olimpiadas de Londres, y en particular a la actuación de los atletas cubanos.

Sin embargo, poco antes del inicio de ese espacio, los medios de difusión daban a conocer que la Mesa Redonda tendría una ligera variación. Tal vez al  tomarse en cuenta que la hora y media de duración del programa sería más que suficiente para analizar la, hasta ahora, discreta faena de nuestros deportistas; o considerando que otro acontecimiento ameritaba la atención de la opinión pública, lo cierto fue que la última parte de la Mesa fue dedicada al accidente automovilístico del pasado 22 de julio, en el que fallecieron los cubanos Oswaldo Payá y Harold Cepero Escalante, y resultaron heridos dos ciudadanos extranjeros.

Se trató de una conferencia de prensa, o mejor dicho, de un resumen de ella, ofrecida por uno de los lesionados, el ciudadano sueco Jens Aron Modig. Y he ahí, precisamente, el primer indicio de la falta de transparencia, y que lleva a que nos formulemos más de una interrogante: ¿Escaseaba el tiempo para ofrecer íntegramente la conferencia de prensa en la televisión? ¿Existía temor ante la posibilidad de que los televidentes escucharan determinadas preguntas de los corresponsales presentes en la cita?, ¿o hay verdades relacionadas con ese hecho que el aparato de poder pretende ocultar?

Por supuesto que nos inclinamos por las dos últimas consideraciones. Cualquier observador medianamente informado de la realidad cubana desecha de inmediato la primera hipótesis. No es creíble que a unos gobernantes que ejercen un control totalitario sobre la sociedad, que quitan y ponen a su antojo, les vaya a resultar difícil ajustar la programación de un canal de la televisión.

Con respecto a las preguntas — claro, las que pudimos ver– formuladas al señor Aron destacaron, quizás por ubicarse en los extremos opuestos, las de Andrea Rodríguez, corresponsal de AP, y Fernando Ravsberg de la BBC. La primera mencionó una posibilidad que todos contemplamos, sobre todo al rememorar el historial del castrismo cada vez que ha hecho comparecer públicamente a sus adversarios: que estos hayan sido intimidados previamente, y por tanto sus declaraciones y respuestas no reflejen lo que en realidad quisieran expresar. En cuanto al reportero de la BBC, ignoramos si de un modo intencional, o sin percatarse de que le hacía el juego al gobierno cubano, su pregunta acerca del dinero que les habían entregado a los opositores, era la que esperaba con ansiedad la cúpula castrista, deseosa de insistir en sus diatribas contra todo el que se le oponga.

Y este asunto de la ayuda foránea a la oposición cubana, no por ser llovizna que cae sobre lo mojado, debe de quedar sin un análisis. Es preciso no olvidar que Cuba no es un país normal en lo referido a la coexistencia de las distintas agrupaciones políticas de signo diferente. Aquí ser opositor declarado significa, por lo general, no tener empleo, a lo que se unen las conocidas limitaciones a los derechos de reunión, asociación y libre emisión del pensamiento. Ello explica, por ejemplo, que a un líder como Payá, que gozaba de gran reconocimiento internacional, y un apreciable poder de convocatoria interno, le resultase complejo realizar un recorrido por el interior de la isla. En esas condiciones, y siempre que no se vean comprometidos los principios, cualquier ayuda es bienvenida.

Se anuncian nuevas Mesas Redondas que traten sobre las olimpiadas, en las que puedan comentarse los esperados éxitos de los cubanos. Claro, no en el espíritu de fraternidad que enarboló el barón Pierre de Coubertain, sino como un medio de tratar de demostrar la superioridad del sistema político imperante en la isla. Tal vez esas Mesas sean menos subrepticias que esta que acabamos de presenciar.

Acerca del Autor

Orlando Freire Santana
Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

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